sábado, 19 de agosto de 2023

La excursión en tren

 En casa siempre ha habido una "pelea" entre programar e improvisar. Normalmente se programa y, después se improvisa. Pero es tan usual esto que se me ha ocurrido inventar un término nuevo y que se ajuste a la realidad. Lo llamaré "provisar", y entenderé que quiere decir que algo a hacer se piensa se empieza, dentro de un cierto plan y, a partir de ahí se hace lo que se puede.

Pues esto es un caso de "provisación". A saber, el día 18 de Agosto, viernes, hicimos un plan precioso. Ir a comer a Almería, pero... en tren.

Buscamos horarios, llamé a Renfe para que fuéramos realmente en tren y vi que había dos trayectos que se ajustaban al "plan". Salir de Granada a las 11,10 y volver a las 18,04. Perfecto, unas cinco horas en Almeria, más fresco que en nuestra Graná, comer y volver.

Pero se nos ocurrió otra provisión: invitar a Fernando y Ana para que fuéramos juntos.

Convenido, nos vemos en la estación -¡del tren, por favor!- y, ale, a Almería.

Las horas vinieron en nuestra contra y, por si fuera poco, el señor que expide los billetes bastante lento. 

Total, que en un momento determinado nos dice. Ya es tarde, no se pueden sacar.

Salimos corriendo porque Fernando, por aquello de ser eficaz ya se había subido al tren y estaba.... sujetándolo.

Recuperado el cuñado vamos hacia el coche sin saber si seguir o no. 

Conduce Alicia y salimos a carretera. Algunas vacilaciones sobre las rotondas y por la A-92 en dirección ¿a Almería?.

Fernando y yo, detrás, las dos cuñás, delante. Para poder hablar. Todo marcha hasta que, en los llanos del Marquesado, Alicia se sale de la carretera, dirección La Calahorra. 

Pues nada, paseo por el pueblo. El Castillo está cerrado así que hay que ver.... casas. Y eso hicimos. Como muestra el plano de callejeo.

 

 Paramos un ratito delante del casoplón que le gusta a Alicia y, seguimos viaje. 


 Pero claro, cuando se improvisa se improvisa y damos un viajecito de ida y vuelta hasta la autopista porque Ali sigue inventando un camino "a Almeria"....por el puerto de la Ragua.

Le hacemos un homenaje a Josemi, a quien subimos por aquí en un coche sucio y que se calentaba un montón. Claro, para ser precisos había que parar en la fuente de lo alto del puerto y allá que fuimos.

El Pilar de las Yeguas no estaba como se ve en la foto. Allí hay una peregrinación de gentes a llenar sus bidones. El agua está buenísima y sirve para radiadores recalentados, doy fe.


 A partir de ahí, todo es provisado, pero marcado por una necesidad previsible. Hay que comer y ya es más de la 1,30. Nos hemos perdido el aperitivo y tememos ponernos hipoglucémicos. O sea, agresivos.

A bajar, bajar, curvas y más curvas, obedientes, por supuesto a lo que marca el asfalto. Ahora no es cuestión de tomar atajos. Entre el barranco y la montaña lo propio es lo que diga Alicia, al volante, claro.

Ali mira a la carretera, creemos. Ana, Fernando y yo, a los carteles donde diga algo así como "comida" o algún sinónimo que lo recuerde. Pero no hay ná. 

Pasamos por pueblos que, sabemos, existen porque los hemos visto, pero de su existencia no teníamos ni la más remota idea, ¿os suena "Picena"?, pues lo hemos visto, está, pero sin restaurante ni nada.

 

  Vamos camino de ¿Almería?. No.

Vamos camino de donde sea que haya cerveza y algo de yantar. A eso que llegamos a una carretera por la que vinimos una vez, no hace demasiado tiempo, a una concentración de Lotus, con Josemi y Alicilla, claro, y con terreno ya conocido, damos vueltas a las rotondas para buscar la salida adecuada.

¡Un nombre que suena algo! "Berja". Que, sabemos, es un pueblo que dicen que está... en Almería y que, al parecer, tiene cierta entidad.

Pues eso, llegamos a la rotonda primera del pueblo, damos la vuelta -entera- y a los 365º pone "centro" y para allá que vamos. Preguntamos a algún peatón y nos 'conduce', pero es inútil porque no retuvimos lo que dijo. Seguimos provisando y ¡de pronto, cuando era inesperable, Fernando ve un letrero -de lejos- que dice "Restaurante"!.

Vamos para allá. Está cerrado, pero hay una gasolinera al lado y sabemos que el coche, al menos, comerá. Preguntamos aquí y allá y en el barito de al lado comemos algo informal rico, pero desordenado y mezcla entre boquerones, pulpo con no sé qué y algo más... y cerveza, gracias a Dios.

Al salida, cumplido el depósito, tiramos para... Almeria, pero era un error porque ya no íbamos para allá. Íbamos para Graná, pero por otro sitio. Media vuelta y, en eso, despistados. Volvemos a atravesar el pueblo de parte a parte. mismas calles, distintos cruces y, al final, al final, salida. 

Dos rotondas nuevas -creo que sobraban las dos- cumplidas y, al final, un destino que sabemos de costa "Adra". 

Al pasar un altozano se divisa el mar. ¡Estamos en el mapa!¡Ahí hay agua y ya no podemos seguir más al sur!. O vamos a la izquierda, a Almería, o a la derecha, a Graná.

 


 

De allí hasta aquí sin problema. 

Menos mal que había helados en casa de los cuñados, si no, nos deshidratamos.

 ¡Ah! y una pequeña coña más.

Estando con el helado caímos en que la provisación podría haber salido fatal, porque... menos mal que el de la ventanilla de renfe era superlento, si llega a ser un poco menos, nos saca dos billetes y ¿qué hubieramos provisado?¿dos en el coche y dos en el tren?.

O sea, que seguiremos provisando.


 

 


 


 



jueves, 20 de julio de 2023

¡Lavin qué ostia!

 

1979, éramos "penenes" y "coñoñas" y, claro, habíamos estado en "contra" de las oposiciones como medio selectivo para definir quiénes y quiénas teníamos, tenían, que ser profes y profas....Pues bien, estamos en eso, casi en estas fechas -dos semanas antes- domingo a mediodía esperando la semana en que nos tocaba el tercer ejercicio. Llaman a la puerta de mi piso de Mesones 57,4ºizda, los vecinos de enfrente, cara asustadísima de la vecina: "mañana me toca". Es decir, que le han adelantado el ejercicio porque, al parecer, han renunciado seis o siete que iban antes de ella. Hay que estar en madrid, mañana, lunes, a las 7 de la mañana.

Entran, hacemos café y pensamos -que no es poco nada de ello-. Nada, no hay más remedio, avión. Ella tiene pánico pánico pánico a volar y, le decimos que la terapia la va a tener por cojones

Salimos para el aeropuerto y, 'suerte, un familiar nuestro va en el avión. Se encarga de que la vecina esté a su lado.

Después nos contó el espectáculo. La vecina se ha sentado en el borde del asiento, rígida como una tabla, rígida como dos tablas. Mirada perdida al frente y, el avión se pone en marcha, sube y, al cabo de un rato, el altoparlante dice: "buenasssss tardessss, les saluda el capitan Glez y anuncia que volaremos a 940 km/h y a 9000 metros de altura...". La vecina, que hasta ese momento ha estado catatónica dice con un vozarrón de tres pares de c....."¡Lavin qué ostia!".

96 carcajadas hacen una carcajada general. Al llegar a madrid, la vecina es acogida con 96 sonrisas. Sacó las oposiciones. Claro.

sábado, 15 de abril de 2023

El final del sofá familiar

 

Este es -ha sido o fue- el final de un objeto querido. Creo sinceramente que no ha podido ser de otra forma y celebro haberlo hecho con respeto y, casi, unción. No podía ser banal sino llamativo, casi escandaloso....y lo fue, vaya si lo fue.
Parto del hecho que os debe ser conocido. En casa de mis padres hubo siempre un sofá. Un sofá que admitiría poesías y trovos varios, vamos, casi como el ripio de Quevedo, pero más grande... No hay nariz que se parezca a un sofá y, por eso.
 

 
SONETO A UNA SOFÁ
Érase una familia a un sofá pegada,
érase una sofá superlativo,
érase un alambique medio vivo
érase una balleno mal barbado;
era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase un sofá sayón y
escriba,
un Ovidio Nasón mal
tapizado
Érase el espolón de una
galera,
érase una pirámide de
Egipto,
los doce tribus de muebles
era;
érase un mueble infinito,
frisón pesado, inmanejable
asustador de pesos, para dejarnos
morados y fritos.....
Y, le llegó su momento, vaciada -o casi- la casa familiar, nos quedaban tres objetos de similar servicio. El "sofón" y dos "sillonazos".
Ante nuestra sorpresa, desmontado un poquito de los sillones, cupieron en el ascensor, los puse en mi remolque y para casa que fueron.
Pero el sofá, el sofá tenía historia -siempre la tuvo-.
Pablo, Nico y yo, mirándolo, con aprensión, con acojono, con debilidad, con sensibilidad, con un qué hacer, con una lástima con un antifrenesí.
Y, así, pasaban los días. Hasta que Nico, el más joven y entusiasta, diseñó su futuro.
"Esto tiene que ir bien para montar u n sofá de intemperie, de esos que tienen una estructura de madera y se le pone encima cualquier cosa.
Pero pesaba, pesaba, pesaba y nos pesaba, nos pesaba, nos pesaba.
Total, decisiones, le hicimos una raja a la tapicería. Había que ver qué tenía por dentro. Se trataba de ir hacia la idea de Nico pero, si era posible, desarmarlo en casa, para no bajarlo entero.
La raja no dijo ná. Raja y oscuridad, y pelos, y gomaespuma y gutapercha y brillos mates de hierros misteriosos. Y.... ná.
Pues no sé cómo me las arreglé para que me tocara el evento a mí solo.
Bueno, sólo, no, me llevé a Mullido, marido de Asusa, la amiga que cuidó a mis hijos en Tetuán y que tenemos por Granada desde hace más de treinta años.
Pero Mullido, en realidad Abdelmjid, no habla español y yo, 24,3 palabras en dariya, o sea, que vamos a hacer un trabajo en conjunto indicándonos las acciones por signos y sobreentendimientos.
Así, pues, subimos a la casa.
Una sierra "de sable", de las de podar, con una hoja nueva, recien comprada.
Los dos frente al sofá. "Laaaa bas?" (Mllido), yo: "amdoulilah, Anaia, el sofá". Mllido: Velati, velati (y lo pone boca abajo), se asoma por la raja que habíamos hecho y, con un cuter la hace más grande y más profunda.
"Chof, Chofía" (mira, mira aquí), Miro. Cuerdas, tela, muelles y tela de saco, todo recio y bien agarrado.
Me señala la sierra y, dándole vueltas tratamos de discutir por ensayo incomunicado y error conseguido, por dónde estarían las tablas principales.
Empiezo a cortar, la sierra llega a término bajo ruidos de chocar contra hierro, lo que nos sorprende.
En el otro lado, igual.
Y, ya tendría que estar. No, no está. Y no lo está porque nos ponemos a tirar de las estructuras de los brazos que, "teóricamente", tenían que estar cortadas y no se separan.
Cortamos de nuevo, volvemos a tirar. Y, en u n momento, pequeño éxito, una de los laterales se desprende y acabamos Mllido debajo de la ventana, sentado en el suelo y yo un culazo contra la puerta.
Nos recomponemos. Bebemos "elma" fresquita porque estábamos sudando. Y volvemos 'a la carga'.
Ya tenemos dos pedazos. Un apoyo lateral, y el espaldar, y, en el otro 'lado' el fondo y unos maderos del otro lado.
Nuevo cortes, nuevos velati, velati (espera, espera), algunos "malek", (cuidado), ielelen ielelen (demasiado), o exageraciones" Bissaaf". O sea, que la obra es algo así como será el túnel del estrecho.
A las dos horas hay un mamotretillo formado por el lateral izquierdo, otro similar, más deshilachado que es el derecho, Un espaldar del que se asoman los muelles que está expeliendo crin de caballo, cretonas, tachuelas y hilos de tela de saco y, por debajo, un paralelepípedo (bueno, más o menos) que es el asiento.
Los bajamos al remolque. Ya está lejos la posibilidad de que de ahí Nico saque el sofá de intemperie que quería, que, por cierto se podría haber intentado, pero no dijo nada más.
Al llegar a casa, comienzo de invierno, empiezo a romper todo el tejido para quemarlo -no sirve para otra cosa- y desmonto.
Mil doscientas tachuelas, horquillas de hierro par sujetar los muelles, tela de saco superresistente, y dos mil metros de nudos de cuerda magníficamente hechos para sujetar los muelles -85, dobles cónicos en asiento, espaldar y brazos.
Con todo eso, qué cabía hacer.
Un entierro vikingo, aún sin balsa.
El fuego consumió todo lo que hubiera podido haber contado.