Vivimos donde nos toca.
Es decir, que un día cualquiera de cualquiera de nosotros vemos a nuestro alrededor y pasada la primera percepción de los pocos metros cuadrados de la cama, el cuarto, la mesa, la cocina... el piso, a fin de cuentas, tomas conciencia de lo que hay detrás de la puerta de la calle.
Es decir, del mundo que te rodea.
Has bajado miles de veces la escalera, la calle -Manuel de Falla, claro-, Pedro Antonio, Alhamar, Barrio Fígares, Recogidas, lo que sea abriéndote mundo y existencia.
Después, creo, vienen las personas, sus tipos, vestimenta, caras, tamaños, usos y costumbres y, en alguna de esas observaciones desde lo pequeño a lo grande y extenso aparece una zona media.
Los vecinos.
Y en ellos algo peculiar. El silencio.
Son figuras que no llegan a emitir, y recibir más que un saludo o, menos, parte de un saludo.
Y nada más.
Y así por tiempo y tiempo.
La madre, más observadora y explicadora, puede contarte que tienen una tienda en la calle tal, que parece que el padre enviudó hace años, pero muy poco más.
El silencio, los saludos, el silencio.
Hasta que una noche, cuando nadie se lo espera, una ventana se abre de golpe, las x de la madrugada y un golpe fortísimo allá en el patio de abajo. Se ha ROTO algo, algo duro, que suena fuerte.
Unos gritos incomprensibles, y otro golpe, ahora parece que es un martillo contra algo cerámico porque suena como a vidrios rotos. Nuevo objeto sobre el patio. Tremendo.
Voces, que, de lo poco que se entiende dice algo así como "ese señor elegante"... o algo parecido. Más golpes de martillo.
Más porrazos fuertes en el patio. Más voces, ahora parece que hay una voz femenina, no demasiado fuerte "papá, papá"...
Estamos asustadísimas, ¿qué se hace en esos casos?. Esto no nos lo han explicado las Teresianas, ni la familia. ¿es una película de esa de "mayores"?.
Y, ¡lo que faltaba!, se abre la puerta del cuarto y aparece Rafa en pijama.
Tranquilas, que soy yo. ¿Qué pasa?. Dice él.
No sabemos, Hemos encendido la luz, la oscuridad se ha diluido en los ruidos. Y Rafa sale para avisar a los padres.
Vuelve al instante. Papá ha salido de su cuarto y, pensamos irá a avisar a, a ¿quién?.
Los ruidos desaparecen. No quedan lavabos ni wáteres que romper, todos han ido por la ventana. Mañana los veremos en el patio.
No recuerdo si dormí, dormísteis o durmieron, pero apareció la mañana, el desayuno y las clases.
Una aventura familiar. Histórica, ya, sin ruido.
