Dentro de poco. Unos meses, año y pico, a lo sumo. La familia Hepfer-Martín prosigue con su tarea constructiva y educativa con nuestra sobrinieta.
Se está observando cómo Anita tiene ya conciencia de que 'hace' sus necesidades.
En un principio la ven, andando por el pasillo y, súbitamente, parece esconderse tras una puerta. Si la ven, sin que ella se de cuenta, notan los esfuerzos normales de "defecación" (palabra culta que se utiliza, ¿verdad Ana Atucha? en los alrededores de la familia Flores).
Pues bien, en un momento determinado se "sienta" a Anita en un 'retrete' adecuado a su tamaño
Se pasa así un rato. Micciona (otro rollo culto, claro) y se levanta.
A las dos semanas la ven cómo parece ocultarse. Por la hora, se sabe que hay una alta probabilidad de que vaya a ocurrir el gran suceso evacuatorio. Se la invita a sentarse en su 'retrete' y la chiquilla comienza a entender.
Aprieta y, de pronto, con una cara de pánico muy expresiva, grita "que se me cae, que se me cae".
Y, ¿cómo le explicas que 'eso' tiene que caerse?. Nada, la chiquilla se levanta y, rápidamente se le pone su pañal. Defeca.
Otra ocasión perdida. ¡Y lo que se pierde!. Con el gustazo que da cuando las cosas.... se caen.
Esto ocurrió realmente -y, digamos, escandalosamente- con Alicilla.
La sentábamos en su orinal, le decíamos "aprieta"... apretaba y, cuando iba a tener éxito gritaba "que se cae, que se cae".... y se levantaba.
lunes, 14 de diciembre de 2015
domingo, 6 de diciembre de 2015
Los boquerones y la lavadora
Año 2020. Verano. La familia Hepfer-Martín ha venido a pasar unos días de vacaciones. Aprovechando la cuestión, el "holding Martín" ha decidido cenar juntos en una terraza del Albayzin. Hay diversidad de opiniones, pero alguien empieza a hablar de boquerones fritos. Se encargan un par de raciones de esta delicia y contestan, desde la cocina, con que "no hay". Bueno, no es tan importante.... pero ocurre una cosa importante, novedosa en la gran panda Martín: nuestra sobrinieta quiere boquerones. Se le dice que no hay y, ya está.
Pero la chica está algo desconcertada y sigue con su petición. Los padres insisten en que "no hay boquerones" y, Anita, que para eso es chica, pasa por alto la observación .... y quiere boquerones.
De pronto, al tío Rafa se le ocurre una idea. Coge a la chica en su regazo y le anuncia que va a comer boquerones. En las servilletas normales, al uso en los bares, empieza a dibujar... boquerones... y se los va dando a la chica que, sin inmutarse, empieza a comérselos. Uno, tres, ocho, diez van hacia dentro. La familia mira a la sobrinieta con incredulidad. Se come los papeles sin parecer extrañada en ningún momento.
Hay risas, como es lógico, pero seguimos las charlas normales como si no pasara nada.... hasta que la enana enseña una servilleta de las normales y le dice al tío Rafa: "está sucia"... y ya que estamos, no es cuestión de cambiarla por otra, sino lavarla.
Pinta una lavadora y, con el propio bolígrafo corta el ojo de la puerta. Introduce la servilleta sucia en la lavadora y agita el dibujo como haría una lavadora normal. Rafa-hijo, que se ha dado cuenta del tema, ha cogido desde detrás del dibujo, la servilleta sucia y, al cabo de unos momentos, presenta para que salga por el agujero una servilleta (nueva), limpia.
Anita está encantada: ha comido pescado y le han lavado una servilleta de papel...
Desde luego, esta familia es magnífica.
Esto es auténtico, tal y como lo cuento. Cuando Eloy, el de Nacho y Carmen, quiso comer pescado e insistió en ello, le pinté pescaitos en servilletas de papel. Se los comía como si fueran auténticos y, al final, como ahí digo, le lavamos la servilleta de papel.
O sea, que somos magníficos.
Pero la chica está algo desconcertada y sigue con su petición. Los padres insisten en que "no hay boquerones" y, Anita, que para eso es chica, pasa por alto la observación .... y quiere boquerones.
De pronto, al tío Rafa se le ocurre una idea. Coge a la chica en su regazo y le anuncia que va a comer boquerones. En las servilletas normales, al uso en los bares, empieza a dibujar... boquerones... y se los va dando a la chica que, sin inmutarse, empieza a comérselos. Uno, tres, ocho, diez van hacia dentro. La familia mira a la sobrinieta con incredulidad. Se come los papeles sin parecer extrañada en ningún momento.
Hay risas, como es lógico, pero seguimos las charlas normales como si no pasara nada.... hasta que la enana enseña una servilleta de las normales y le dice al tío Rafa: "está sucia"... y ya que estamos, no es cuestión de cambiarla por otra, sino lavarla.
Pinta una lavadora y, con el propio bolígrafo corta el ojo de la puerta. Introduce la servilleta sucia en la lavadora y agita el dibujo como haría una lavadora normal. Rafa-hijo, que se ha dado cuenta del tema, ha cogido desde detrás del dibujo, la servilleta sucia y, al cabo de unos momentos, presenta para que salga por el agujero una servilleta (nueva), limpia.
Anita está encantada: ha comido pescado y le han lavado una servilleta de papel...
Desde luego, esta familia es magnífica.
Esto es auténtico, tal y como lo cuento. Cuando Eloy, el de Nacho y Carmen, quiso comer pescado e insistió en ello, le pinté pescaitos en servilletas de papel. Se los comía como si fueran auténticos y, al final, como ahí digo, le lavamos la servilleta de papel.
O sea, que somos magníficos.
jueves, 3 de diciembre de 2015
el comienzo del habla....
Nuestra sobrinieta ya habla y, cada dia, aumenta su vocabulario. Se nota que disfruta con cada nuevo uso, con cada nuevo término, con la capacidad de aprender. "Va para mayor", diríamos cualquiera... y la miraríamos con una sonrisa de oreja a oreja.
Un día cualquiera viene la familia Hepfer-Martín desde el centro de la ciudad a recogerse en su hogar.
Al pasar por las "rotondas" (rond points) que hay en la carretera 1a, ven con asombro cómo, en cada una de ellas, están apareciendo unas figuras de difícil catalogación. ¿Son fuentes?¿Son esculturas?¿Son monumentos conmemorativos?.
Cada vez que pasan por uno de ellos hay un diálogo entre Flo y Patri: "¿Qué es eso?"...."a mi me parece una fuente"...."pues yo creo que es una escultura".... Y así.
Anita, sentada en su sillita, también mira por la ventana y, al disminuir la velocidad para pasar por una de las rotondas, mira con atención. En cierta forma parece esperar los comentarios de sus padres. Ambos miran a la figura que aparece...., pero hay un silencio.
De pronto, Anita rompe con entusiasmo el desconcierto de sus padres y dice "....¡es un objeto!"....
Años 1993 o por ahí. Todos los días pasamos por Cúllar-Vega, camino de casa. Un día aparecen unas obras en la "plaza del pueblo" que hay junto a la iglesia.
Las obras van despacio, lo que hace que, durante varios días, nos preguntemos qué querrán hacer....
Cuando ya parece que aquello va tomando forma, pasamos por ahí algo más despacio que los demás días. Alicia y yo decimos: "¡pero si es una fuente!".... y nos vemos interrumpidos por una voz tremenda de Fernandillo que, desde su asiento dice: "No, ¡es un objeto!".
Un día cualquiera viene la familia Hepfer-Martín desde el centro de la ciudad a recogerse en su hogar.
Al pasar por las "rotondas" (rond points) que hay en la carretera 1a, ven con asombro cómo, en cada una de ellas, están apareciendo unas figuras de difícil catalogación. ¿Son fuentes?¿Son esculturas?¿Son monumentos conmemorativos?.
Cada vez que pasan por uno de ellos hay un diálogo entre Flo y Patri: "¿Qué es eso?"...."a mi me parece una fuente"...."pues yo creo que es una escultura".... Y así.
Anita, sentada en su sillita, también mira por la ventana y, al disminuir la velocidad para pasar por una de las rotondas, mira con atención. En cierta forma parece esperar los comentarios de sus padres. Ambos miran a la figura que aparece...., pero hay un silencio.
De pronto, Anita rompe con entusiasmo el desconcierto de sus padres y dice "....¡es un objeto!"....
Años 1993 o por ahí. Todos los días pasamos por Cúllar-Vega, camino de casa. Un día aparecen unas obras en la "plaza del pueblo" que hay junto a la iglesia.
Las obras van despacio, lo que hace que, durante varios días, nos preguntemos qué querrán hacer....
Cuando ya parece que aquello va tomando forma, pasamos por ahí algo más despacio que los demás días. Alicia y yo decimos: "¡pero si es una fuente!".... y nos vemos interrumpidos por una voz tremenda de Fernandillo que, desde su asiento dice: "No, ¡es un objeto!".
martes, 1 de diciembre de 2015
la ducha de rafalillo
Año 2018. Supermercado en Maastricht, compra de fin de semana. Carro lleno empujado por Flo, Anita hace como que empuja al carro. Patrica se ha quedado atrasada y, cuando están llegando a la caja, aparece con un extraño objeto. Parece una alfombrilla. Flo, "¿Qué es eso?".
"¿Esto?", dice Patricia. "una alfombrilla anti-resbaladiza para la ducha de la chica, ¿no sabes que ha pedido ducharse, ella sola, y me ha pedido que le compre esto".
Flo sigue adelante, pagan y, a casa.
Domingo por la mañana, hora normal de levantarse. La chica ya se levantó hace rato, desayunó y subió a su cuarto de baño.
Oyen, desde abajo, unas risas estentóreas. Anita ríe a carcajadas, un silencio, después, nueva cascada de carcajadas....¿qué hace?
Suben los padres la escalera y se apresuran hacia el cuarto de baño.
Abren la puerta y ven cómo hay un objeto que aparece -y desaparece- detrás de la mampara. La parte esmeriladamente púdica de la misma impide ver a la chica y de qué es lo que se trata....
Abren la puerta y se encuentran a la no ya tan enana, muerta de risa que, con las manos mojadas coge una pastilla de jabón, la aprieta con las manos muy mojadas y salta hacia arriba. Cae, la vuelve a coger y así, una y otra vez. A cada subida y bajada le acompaña la risa correspondiente. Menos mal que la alfombrilla impide que la enana se caiga....
No podíamos ni imaginarnos que la chica tuviera un diseño tan elaborado para su "parque temático". Ni tal capacidad de prestar atención a la "seguridad e higiene" reglamentaria. Esta chiquilla promete....
Situación histórica:
En Mérida, Yucatán, teníamos una ducha en el propio dormitorio. La puerta que la aislaba era de las que empiezan altas por abajo y no llegan a cubrir el marco. Nos pareció extraño pero.... bueno, ahí estaba.
Dejamos a Rafalillo que se duchara solo. Y, aprovechando que la habitación tenía un balcón grande sobre el patio del hotel, estábamos charlando asomados a la baranda.
Oímos las risas de Rafa, absolutamente despendoladas.
Nos asomamos a la habitación y vimos lo que arriba se cuenta. Por encima de la altura de la puerta se veía un objeto subir e, inmediatamente, claro, bajaba. Risas. Otra vez. Otra vez.... Nos asomamos a la ducha y estaba Rafa mojado, enjabonado por todas partes y... apretando la pastilla para que volara.
Lo pasamos muy bien.
"¿Esto?", dice Patricia. "una alfombrilla anti-resbaladiza para la ducha de la chica, ¿no sabes que ha pedido ducharse, ella sola, y me ha pedido que le compre esto".
Flo sigue adelante, pagan y, a casa.
Domingo por la mañana, hora normal de levantarse. La chica ya se levantó hace rato, desayunó y subió a su cuarto de baño.
Oyen, desde abajo, unas risas estentóreas. Anita ríe a carcajadas, un silencio, después, nueva cascada de carcajadas....¿qué hace?
Suben los padres la escalera y se apresuran hacia el cuarto de baño.
Abren la puerta y ven cómo hay un objeto que aparece -y desaparece- detrás de la mampara. La parte esmeriladamente púdica de la misma impide ver a la chica y de qué es lo que se trata....
Abren la puerta y se encuentran a la no ya tan enana, muerta de risa que, con las manos mojadas coge una pastilla de jabón, la aprieta con las manos muy mojadas y salta hacia arriba. Cae, la vuelve a coger y así, una y otra vez. A cada subida y bajada le acompaña la risa correspondiente. Menos mal que la alfombrilla impide que la enana se caiga....
No podíamos ni imaginarnos que la chica tuviera un diseño tan elaborado para su "parque temático". Ni tal capacidad de prestar atención a la "seguridad e higiene" reglamentaria. Esta chiquilla promete....
Situación histórica:
En Mérida, Yucatán, teníamos una ducha en el propio dormitorio. La puerta que la aislaba era de las que empiezan altas por abajo y no llegan a cubrir el marco. Nos pareció extraño pero.... bueno, ahí estaba.
Dejamos a Rafalillo que se duchara solo. Y, aprovechando que la habitación tenía un balcón grande sobre el patio del hotel, estábamos charlando asomados a la baranda.
Oímos las risas de Rafa, absolutamente despendoladas.
Nos asomamos a la habitación y vimos lo que arriba se cuenta. Por encima de la altura de la puerta se veía un objeto subir e, inmediatamente, claro, bajaba. Risas. Otra vez. Otra vez.... Nos asomamos a la ducha y estaba Rafa mojado, enjabonado por todas partes y... apretando la pastilla para que volara.
Lo pasamos muy bien.
domingo, 22 de noviembre de 2015
el/los remolque/s
La aficción a los coches, nació conmigo y, también desde un principio me plantee el "realismo" de los mismos. No me gustaban más que los coches que se parecieran, realmente, a los "grandes". Así, tenían que tener ruedas que giraran, puertas practicables y en el mejor de los casos, que no tuvieran conductor. Podrían ser de madera antes que los de chapa pintaday..esto era preferible porque,en estos, ponían un conductor pintado sobre el parabrisas y otro en el cristal de la izquieda y ¡no correspondìan!. (Yo creo que, de ahí, también me salió una intuición sobre la perspectiva...tenía dos perfiles, pero no correspondían a un objeto)...
El problema era de cómo torcían las ruedas. En general, bastante tosco. Una especie de "u" unía a las dos ruedas delanteras y esta "u" tenía, en el centro un eje. Es decir, que habían puesto un sistema "de carros" en un "coche". Esto era inadmisible.
No podría esperar que fueran mejores. Pero tanto tuve que dar la lata que mi padre inventó, con el Meccano, un sistema de bujes separados, accionados por un 'paralelogramo de Aquímedes", que es como funcionan los coches de verdad. Pero esto fue muy posterior, alrededor de los 11 -12 años
Antes, con los coches que pasaban por mi mano, tenía que arrastrar literalmente la parte delantera de un coche para que "diera una curva".
Con todo esto y mirando a diestra y siniestra a ver si alguno de mis juguetes (coches) se podría parecer en algo a los 'de verdad', me regalaron unos camiones "Rico" en los que una cabeza tractora tenía varios remolques. Los disfruté en la Sierra y me gustaban especialmente porque, aunque no tenían dirección practicable, la plástica de ver la cabeza en ángulo respecto al remolque, hacían parecer algo más de verdad a aquellos juguetes.
Resultado: enamoramiento de los remolques. Creo que allí nació y, desde entonces, continúa.
Bueno, pues eso es el planteamiento, porque por decirlo de alguna forma, el relato comienza ahora.
Mi hijo mayor tuvo un triciclo, amarillo y rojo. Vivíamos en el piso de Mesones y allí recorría el pasillo durante todo el día. A veces lo bajaba a la plaza de la Trinidad y, más carreras sobre sus autopistas. Pues bien, un día, le hice -de madera- un remolque con su enganche correspondiente.
El interés del entonces Rafa-lillo, por el triciclo subió mil enteros. No podía ir a ningún sitio sin el remolque. Llegué a ir a la delegación de la Consejería de Educación y Ciencia a resolver algunos asuntos.... con Rafa y su "tren de carretera". Había que verlo, en el patio de operaciones, haciendo calles entre los colegas para hacerse paso. Lo curioso es que nunca le dijeron nada. Un conductor, con cara feliz, dirigiendo un vehículo extraño, llamaba la atención lo suficiente como para perdonarle casi todo.
¿Por Mesones?.¡Ni que decir tiene!. Aceras estrechas (aún no era peatonal) y....bajaba a la gente de las aceras para pasar con su camión-trailer.
¿Y en casa?.¿Quién ponía la mesa?. Rafalillo, bueno, eso de que la "ponía" es un decir, pero sí que había que cargar cubiertos, mantel, servilletas, vasos... en el remolque y, desde la cocina hasta el comedor. Vuelta a por los platos, Vuelta a por lo que quedara susceptible de poner en una caja de paredes inclinadas (era más un dumper que un remolque civil) y, luego, porque no se podía hacer de otra forma, o Alicia o yo, llevábamos la olla con el arroz o los spaghettis.
Llegaba el pedido del supermercado. Lo subía un señor que, a pesar de los escalones de 23 cm de altura y cuatro pisos, estaba enamorado de los azulejos de la escalera. Iba vaciando las cajas, cartones de leche, bolsas de patatas fritas, y demás, en el descansillo -grande, muy grande-, de las escaleras y desde allí, viaje a viaje. Rafa lo traía en el remolque. Resultado: Alicia y yo, en la cocina, esperando a la "agencia de transportes".... y ¡no le llevaras la contraria!. Aquello había que hacerlo así.
Años mas tarde, salió el "Tente" y, de entre sus especialidades y posibilidades, una caja entera para hacer camiones-trailer. La "teníamos" y, hacíamos todos los modelos posibles. Después, en marruecos, los trailer de "majorette" y, Rafalillo lo pasó mal porque se dejó en Smara un truck-trailer cisterna con cabeza azul marino. Pero si se dejó este o era otro parecido, podremos seguir discutiendo.
Las relaciones padre - hijo mayor han venido siempre, pues, condicionadas por los remolques. Ojo, él ha pasado a ser mi tractor, corre mucho más que yo.
El problema era de cómo torcían las ruedas. En general, bastante tosco. Una especie de "u" unía a las dos ruedas delanteras y esta "u" tenía, en el centro un eje. Es decir, que habían puesto un sistema "de carros" en un "coche". Esto era inadmisible.
No podría esperar que fueran mejores. Pero tanto tuve que dar la lata que mi padre inventó, con el Meccano, un sistema de bujes separados, accionados por un 'paralelogramo de Aquímedes", que es como funcionan los coches de verdad. Pero esto fue muy posterior, alrededor de los 11 -12 años
Antes, con los coches que pasaban por mi mano, tenía que arrastrar literalmente la parte delantera de un coche para que "diera una curva".
Con todo esto y mirando a diestra y siniestra a ver si alguno de mis juguetes (coches) se podría parecer en algo a los 'de verdad', me regalaron unos camiones "Rico" en los que una cabeza tractora tenía varios remolques. Los disfruté en la Sierra y me gustaban especialmente porque, aunque no tenían dirección practicable, la plástica de ver la cabeza en ángulo respecto al remolque, hacían parecer algo más de verdad a aquellos juguetes.
Resultado: enamoramiento de los remolques. Creo que allí nació y, desde entonces, continúa.
Bueno, pues eso es el planteamiento, porque por decirlo de alguna forma, el relato comienza ahora.
Mi hijo mayor tuvo un triciclo, amarillo y rojo. Vivíamos en el piso de Mesones y allí recorría el pasillo durante todo el día. A veces lo bajaba a la plaza de la Trinidad y, más carreras sobre sus autopistas. Pues bien, un día, le hice -de madera- un remolque con su enganche correspondiente.
El interés del entonces Rafa-lillo, por el triciclo subió mil enteros. No podía ir a ningún sitio sin el remolque. Llegué a ir a la delegación de la Consejería de Educación y Ciencia a resolver algunos asuntos.... con Rafa y su "tren de carretera". Había que verlo, en el patio de operaciones, haciendo calles entre los colegas para hacerse paso. Lo curioso es que nunca le dijeron nada. Un conductor, con cara feliz, dirigiendo un vehículo extraño, llamaba la atención lo suficiente como para perdonarle casi todo.
¿Por Mesones?.¡Ni que decir tiene!. Aceras estrechas (aún no era peatonal) y....bajaba a la gente de las aceras para pasar con su camión-trailer.
¿Y en casa?.¿Quién ponía la mesa?. Rafalillo, bueno, eso de que la "ponía" es un decir, pero sí que había que cargar cubiertos, mantel, servilletas, vasos... en el remolque y, desde la cocina hasta el comedor. Vuelta a por los platos, Vuelta a por lo que quedara susceptible de poner en una caja de paredes inclinadas (era más un dumper que un remolque civil) y, luego, porque no se podía hacer de otra forma, o Alicia o yo, llevábamos la olla con el arroz o los spaghettis.
Llegaba el pedido del supermercado. Lo subía un señor que, a pesar de los escalones de 23 cm de altura y cuatro pisos, estaba enamorado de los azulejos de la escalera. Iba vaciando las cajas, cartones de leche, bolsas de patatas fritas, y demás, en el descansillo -grande, muy grande-, de las escaleras y desde allí, viaje a viaje. Rafa lo traía en el remolque. Resultado: Alicia y yo, en la cocina, esperando a la "agencia de transportes".... y ¡no le llevaras la contraria!. Aquello había que hacerlo así.
Años mas tarde, salió el "Tente" y, de entre sus especialidades y posibilidades, una caja entera para hacer camiones-trailer. La "teníamos" y, hacíamos todos los modelos posibles. Después, en marruecos, los trailer de "majorette" y, Rafalillo lo pasó mal porque se dejó en Smara un truck-trailer cisterna con cabeza azul marino. Pero si se dejó este o era otro parecido, podremos seguir discutiendo.
Las relaciones padre - hijo mayor han venido siempre, pues, condicionadas por los remolques. Ojo, él ha pasado a ser mi tractor, corre mucho más que yo.
martes, 27 de octubre de 2015
Cagar el tio
Han pasado varias navidades. Ana tiene 8 años y ha vuelto de pasar las vacaciones con sus abuelos, en Granada.
Como es normal, ha habido regalos, de un tipo o de otro y, en un determinado día, los que entregó la "cagada del tió". O sea, "cagar el tió".
Lógicamente estaba la tía Pili Martín delante y el espectáculo de darle de comer al tronco y, después pegarle para que soltara la cagada, ha salido perfecto.
A Anita le ha resultado especialmente atractivo el tema. Ha disfrutado. Ha chillado de satisfacción con sus regalos y estuvo feliz.
A la vuelta a Haachen, ya en pleno período de clases, Anita habla con sus amigas.
Las hay de varias confesiones religiosas, sociales y económicas. Algunas hablan de lo que les han traido los Reyes Magos, otras Papa Nöel, otras el árbol de navidad... y, poco a poco, van intuyendo -no hay ninguna tonta- que tanta multiplicidad de "regaladores" no es normal, que tiene que haber algún elemento común: "Los padres", dice la católica.
Las demás callan, están a punto de enfrentarse a un dilema absolutamente vital: descubrir verdades aunque sean, en parte, decepcionantes.
Ana ha observado el diálogo, ha participado, pero, revisa su memoria de navidades anteriores, ve lógica la conclusión, pero.... dice:
"Pues en casa de mis abuelos sí que hay unos regalos mágicos de verdad, los trae un tronco, los caga.... y eso, no pueden hacerlo los padres".
Cambiar a Ana por Alicilla.
Alicia estuvo dispuesta a partirse el pecho con Alba y algunas amigas del cole. Lo de "cagar el tio" ¡¡¡¡ERA VERDAD!!!!!.
Como es normal, ha habido regalos, de un tipo o de otro y, en un determinado día, los que entregó la "cagada del tió". O sea, "cagar el tió".
Lógicamente estaba la tía Pili Martín delante y el espectáculo de darle de comer al tronco y, después pegarle para que soltara la cagada, ha salido perfecto.
A Anita le ha resultado especialmente atractivo el tema. Ha disfrutado. Ha chillado de satisfacción con sus regalos y estuvo feliz.
A la vuelta a Haachen, ya en pleno período de clases, Anita habla con sus amigas.
Las hay de varias confesiones religiosas, sociales y económicas. Algunas hablan de lo que les han traido los Reyes Magos, otras Papa Nöel, otras el árbol de navidad... y, poco a poco, van intuyendo -no hay ninguna tonta- que tanta multiplicidad de "regaladores" no es normal, que tiene que haber algún elemento común: "Los padres", dice la católica.
Las demás callan, están a punto de enfrentarse a un dilema absolutamente vital: descubrir verdades aunque sean, en parte, decepcionantes.
Ana ha observado el diálogo, ha participado, pero, revisa su memoria de navidades anteriores, ve lógica la conclusión, pero.... dice:
"Pues en casa de mis abuelos sí que hay unos regalos mágicos de verdad, los trae un tronco, los caga.... y eso, no pueden hacerlo los padres".
Cambiar a Ana por Alicilla.
Alicia estuvo dispuesta a partirse el pecho con Alba y algunas amigas del cole. Lo de "cagar el tio" ¡¡¡¡ERA VERDAD!!!!!.
Ruedas de plátano
Viene Anita a Granada. Ya tiene unos añitos y, en una fiesta familiar se sienta al lado de mi hijo Fernando. Ella le cuenta que ha recibido un libro con todos los cuentos que su padre ha contado sobre ella y, le pregunta: "¿Tu padre siempre ha contado cuentos?".
Fernando se dispone a responder: "Mi padre no sólo cuenta cuentos sino que nos mete en ellos".
Anita no lo entiende demasiado y dice: "EXplícamelo".
Fernando se dispone a responder: "Mi padre no sólo cuenta cuentos sino que nos mete en ellos".
Anita no lo entiende demasiado y dice: "EXplícamelo".
Pues eso -continúa Fernando- "de chico me contó que tuvimos que ayudar al ratoncito Pérez a arreglar su coche, porque había venido a casa a traerme unas monedas y, como los caminos están muy mal, había pinchado. Cuando trató de despertar a mis padres no lo consiguió y, entonces, me despertó a mi. Como era muy chico y no sabía manejar las herramientas, le hice cuatro ruedas con rodajas de plátano y las pusimos en su coche.
Al rato, volvió y me dijo, Fernando, esas ruedas se gastan, no he llegado ni a la esquina.
Entonces no tuvimos más remedio que subirnos los dos encima de mi padre para que se despertara. Lo hizo y le contamos el problema.
Bajamos al taller y mi padre le hizo cuatro ruedas de madera, con las que se marchó y, como no volvió, supusimos que habían sido eficaces...."
Entonces no tuvimos más remedio que subirnos los dos encima de mi padre para que se despertara. Lo hizo y le contamos el problema.
Bajamos al taller y mi padre le hizo cuatro ruedas de madera, con las que se marchó y, como no volvió, supusimos que habían sido eficaces...."
Anita tiene una cara de asombro y dice...."¿es verdad eso?".
Esto que cuento aquí es cierto. Uno de los cuentos, inventados, claro, porque si no, no es cuento, que más gustaba a Fernando es el citado.
Era un poco más largo.
El ratón vino, le trajo sus monedas y .. se fue. Pinchó y volvió por ayuda. En un principio, despertó a Fernando que le hizo, auténticamente, cuatro ruedas con rodajas de plátano. Volvió, claro, y Fernando buscó otro material, creo que era cartón.
Cuando pusieron el coche del ratoncito Pérez encima de las ruedas de cartón, se doblaron. No servían.
Al final, me despertaban y, entre los tres, hicimos ruedas de madera. Esas sí sirvieron y el ratoncito se marchó.
Pues eso, un desayuno de Fernando que había comenzado con un "pppffff, papá cuenta...."
jueves, 15 de octubre de 2015
El pequeño escalador
El 3 de octubre 2015, escribí el relato para la sobrinieta:
Año 2016 y pico. Más o menos, por estas fechas. Hace un otoño agradable después de un verano tremendamente caluroso. Como se preveía que el clima va a más caliente, la urba donde viven Patri, Flo y Ana, ha estado plantando árboles en los sitios en los que aún no los hubiera.
O sea, un bosque, de árboles decorativos y frutales.
Han venido los podadores y hemos tenido a Ana mirando por la ventana la labor de esta gente. Le llama la atención la cantidad de hojas que hay en el suelo y los señores en lo alto de los árboles. "¡mamá!", dice, "¡esa gente está ensuciando el suelo!"....
"Que no, Ana, están quitando a los árboles las hojas y ramas que le sobran".
"¡ah!, ¿puedo salir a verlos?".
Patricia mira por la ventana y le dice, "espera un poco, ya están acabando y van a retirar las hojas dle suelo"
Efectivamente, quitan las hojas del suelo y, al final, sale la chica a ver lo que han hecho en los árboles.
Un silencio normal y, de pronto, un grito, en principio no muy fuerte..."¡Mamá!, mamá, mamááááááá!.
No es un grito de auxilio, pero si para asomarse a ver que pasa.
Sale Patricia de la casa y, no ve a Ana. :"¡Chica!. ¡Ana!.....¿dónde estás?".
Se oye una voz temerosa...no muy intensa, parece más culpable que asustada...."....aquí, aquí".
Patricia está sorprendida.. La voz no está a nivel del suelo, mira a las ventanas, por si aún estuviera en la casa...."¿donde estás?".
Ana: "...aquí, aquí"....
Patricia empiea a mirar a los árboles y, se fija en que en uno de ellos hay una escalera típica de podadores, una base ancha que se va estrechando a medida que se pierde entre las hojas del árbol.
La voz de Ana ¡sale de ahí!. Patricia corre hacia la escalera, sube los primeros escalones y encuentra a Ana agarrada al último escalón, con una mano, y con la otra a una rama. No puede dar la vuelta, no sabe y no puede bajar. Está empezando a asustarse. Mira a su madre como sube la escalera y grita de satisfacción: "¡mami!".
El hecho asociado, del que sale este cuentecillo es el que sigue:
Vivimos ya en Las Gabias, desde hace más de año y medio. Vinimos con el nacimiento de Fernandillo y con las oposiciones de Maureen. La casa está solitaria en medio de un olivar y las únicas sombras que tenemos,son las que tienen los olivos cuando quieren.
Creo que vino alguien a podar los olivos y dejó unas escaleras típica de los huertos, apoyada en el olivo del "patio grande", es decir, justo al lado de la cocina.
Estas escaleras se caracterizaban por tener una base muy ancha, dos palos que iban juntándose en lo alto, y un tercero que le servía de trípode para el caso de dejarlas exentas.
Las escaleras llevaban ahí semanas y semanas, ni estorbaban ni ayudaban, se quedaron ahí.
Ha caído el sol hace rato y estamos preparando la cena. La puerta de la cocina está abierta y a caballo con el salón estamos todos los de la familia haciendo cosas, sentados en la TV o qué se yo.
De pronto oímos un grito de susto, bueno, más bien de "asustao". Fernandillo, que estaba en la cocina, ya no está y se oye su voz desde el exterior.
Salimos hacia lo que hoy es el patio -entonces campo, puro y duro-, ... y ¡no lo vemos!. Ha dejado de gritar y,....¿dónde está?. "¡Nano, nano!, ¿dónde estás?!....
Su vocecilla, -bueno, realmente vozarrón-, se oye a una cierta altura. ¡Está arriba!, pero, ¿de qué?.
Distinguimos la escalera apoyada en el olivo... y miramos para arriba.
¡Allí estaba!, en el último escalón de las escaleras y agarrado a una rama del olivo. Subir había subido, pero no tenía habilidad ni para bajar las escaleras ni para dar la vuelta.... pues entonces, chilla.
Al dia siguiente estaban las escaleras apoyadas en otro olivo, pero lejos de la casa y el "nano", avisado de que no repitiera aventuras.
los polvos del novio
El texto siguiente lo mandé como "cuento para Ana", el 13. x. 2015
Estamos en el 2022. Han pasado siete años por la vida de Anita y Anita ha pasado por los siete años. Es una niña pizpireta, simpática, tranquila -como sus padres-, observadora y, sagaz. Ha preguntado a todos y de todo y, además, ha satisfecho a propios y extraños con sus intervenciones.
Es por eso por lo que, aún cuando haya mayores a su alrededor, Anita está en medio de todos y con todas sus consecuencias.
Estamos en, más o menos, otoño del año citado. Han pasado las vacaciones en España, yendo de un lado a otro, con toda la familia, participando en fiestas, saraos y demás piscinas acuícolas....
La familia ha vuelto a Haachen y se presta a iniciar el curso académico, aparte de despedirse del fructífero verano.
Un viernes, viene Flo del trabajo y dice a Patricia que tienen que preparar una fiesta porque sus jefes, del "Negociado Federal de Aguas y Cultivos Temáticos", se han autoinvitado a la casa para tomar unas cervezas y los restos del jamón de Trevélez que han traído desde Granada.
No hay problema, llega la fiesta y, Flo está especialmente solícito. Los "Jefes" están encantados. Han traído con ellos a su hija, de 17 años, encantadora, quien ha hecho migas con Anita.
En la sobremesa, en el jardín, están hablando todos con todos. Ana está especialmente encantadora, en medio del grupo, interviene con padres e hija de una forma fluida y formal.
Hay un silencio, de esos que se forman aleatoriamente y Anita, que se siente observada y, de alguna manera, "sabe" que tiene que quedar bien dice a la hija de los "jefes".
- "lassen Sie uns über etwas Interessantes zu sprechen. Ihr Sie zu Bett gehen mit Ihrem Freund "
(he querido poner: "hablemos de algo interesante, ¿tú te acuestas con tu novio?).
Realidad de la anécdota.
Estábamos en Madrid, donde habíamos ido como por entonces era habitual, cada dos por tres. ïbamos en el Nissan, lo que nos permitía andar anchos, cada cual en su asiento y sin importarnos la hora de vuelta....Y, estando en Madrid, creo, Ana Rivas nos llamó desde México porque venía una amiga suya -muy amiga- a la que nos pedía la recogiéramos en Barajas y la trajéramos para Granada.
Pues bien, eso hicimos, fuimos al aeropuerto, no recuerdo si pasamos por casa de Maricarmen, pero tiramos para abajo.
Curiosamente veníamos por Toledo y Ciudad REal, ya que empezábamos a estar hartos de la carretera general, que nos resulta aburrida. Voy yo, conduciendo, Alicia madre, al lado. Detrás, Rafa en el lado derecho, Ana (creo que se llamaba así), en medio y Alicilla, en el lado izquierdo.
No había entonces costumbre de cinturones, al menos en los asientos de atrás, así que Alicilla daba saltos, se bajaba del asiento, se apoyaba en las piernas de Ana, se metía entre los asientos delanteros para decirnos algo y...así y así.
Estamos cerca ya de "El viso del marqués", es decir, llegando ya a Almuradiel para incorporarnos a la carretera nacional.
Alicilla se baja del asiento, se apoya en una pierna de Ana y dice, exactamente, "hablemos de algo interesante, ¿tú te acuestas con tu novio?".
La cara de Ana marcó un estadio anterior al soponcio. Balbució un intento de respuesta mientras las reconvenciones de Alicia y mía a la chica tronaban en el coche. Nada, tres segundos, pero después venía el morbo inestigador: "pero chica, ¿cómo se te ocurre preguntar eso?"....."no sé, se me ha ocurrido".
Mirada al frente, pensamientos dispersos, Almuradiel, Despeñaperros y... Granada....
Todavía hoy nos preguntamos cómo pudo una chiquilla de seis años estructuras una frase tan interesante.
viernes, 25 de septiembre de 2015
Entrada triunfal...
Un problema que tenía un "novio", en cuanto se echaba "novia", era su presentación en casa de los "suegros".
Así, algún día de algún mes del año 70, o por ahí, me invitó mi futura a que fuera a conocer a sus padres.
Sé que traté de ponerme algo menos cutre-informal de lo que habitualmente vestía. Recuerdo unos zapatos "de vestir" que eran de rejilla y con una suela de "material", o sea, finos y que tenían el problema que no debían mojarse....la acequia de entrada a la Divina Infantita, solía desbordarse, por lo que ya iba preocupado antes de llegar
Tranvía o bus, y, al final una esquina a izquierdas, otra a derechas y, la calle Partal.
Número 7. Puerta metálica de una cochera, un escalón o dos, entrada, a la derecha "el cuarto de Fernando" -futuro cuñado- y salón, al frente.
A la derecha un tresillo de madera vista y asientos de Skay, unas lámparas que bajaban del techo. A la izquierda una mesa camilla o, al menos, circular, y, detrás un "mueble bar" que, creo, murió en mi casa.
Entramos "mi novia" y yo, y yo, muy correcto pregunto que ¿dónde está tu madre?.
La verdad es que voy nervioso porque tengo que dar una "buena imagen". Alicia, mi novia, dice, "está ahí debajo, jugando con Pily".
"¿Ahí debajo?",¿Dónde?".
Levanto la tela que cubre la mesa y me encuentro a Pily y a la 'suegra' jugando a brazo partido debajo de la mesa....hacen como que pelean, pero con una sonrisa en los labios....Sorprendido, acierto a decir "hola" e igual me dicen las participantes.
Se levantan y la suegra me da un par de besos. Tiene una cara pícara, divertida y más....
O sea, que el "lagarto" que viene a por su hija, se queda desconcertado, pero más que gratamente sorprendido. Ahí comenzó una amistad que no tenía que ver con la relación suegra-yerno. Han sido más de cuarenta años divertidos y gratificantes.
Con el suegro fue un encuentro más..., digamos, técnico.
Alicia le había dicho que "me gustaban las máquinas" y, así, un día que, creo, fui a comer (en casa de los suegros comia media facultad de Historias, media de medicina, más los futuros partícipes familiares)... estábamos conociéndonos cuando, de pronto, dijo... "Así que te gustan las máquinas, ven, acompáñame...."
Me levanta de la mesa del comedor del fondo, pasamos por la cocina, bajamos a un patinillo que tenía un lavavajillas industrial, una puerta y una cochera.
En medio de esa cochera había una máquina desmontada en parte: un compresor.
Yo, reconozco inmediatamente la marca y lo digo: "¡hombre, un Atlas-Copco!".
El pre-suegro, se queda cortado, "¿cómo has dicho?"..... "Sí, Rafael, es un Atlas-Copco".....
Silencio, el pre-suegro mira la maquina que tiene el motor abierto, no hay ninguna carcasa ni ninguna inscripción, le da la vuelta al compresor, mira del otro lado, mira las paredes.... y con cara de sorpresa dice: ...."Y, ¿cómo sabes tú que es un Atlas-Copco".
"Bien sencillo los compresores de esta marca tienen un enganche arqueado y sale de la zona del eje hasta la anilla con una sección cuadrada. No lo tienen los Bético, ni los Ingersoll-Rand".....
Vuelvo con la familia y el pre-suegro tarda un rato en volver al comedor.
Me mira con ojos sorprendidos...
Yo, sospecho.....me lo he ganado.
Así, algún día de algún mes del año 70, o por ahí, me invitó mi futura a que fuera a conocer a sus padres.
Sé que traté de ponerme algo menos cutre-informal de lo que habitualmente vestía. Recuerdo unos zapatos "de vestir" que eran de rejilla y con una suela de "material", o sea, finos y que tenían el problema que no debían mojarse....la acequia de entrada a la Divina Infantita, solía desbordarse, por lo que ya iba preocupado antes de llegar
Tranvía o bus, y, al final una esquina a izquierdas, otra a derechas y, la calle Partal.
Número 7. Puerta metálica de una cochera, un escalón o dos, entrada, a la derecha "el cuarto de Fernando" -futuro cuñado- y salón, al frente.
A la derecha un tresillo de madera vista y asientos de Skay, unas lámparas que bajaban del techo. A la izquierda una mesa camilla o, al menos, circular, y, detrás un "mueble bar" que, creo, murió en mi casa.
Entramos "mi novia" y yo, y yo, muy correcto pregunto que ¿dónde está tu madre?.
La verdad es que voy nervioso porque tengo que dar una "buena imagen". Alicia, mi novia, dice, "está ahí debajo, jugando con Pily".
"¿Ahí debajo?",¿Dónde?".
Levanto la tela que cubre la mesa y me encuentro a Pily y a la 'suegra' jugando a brazo partido debajo de la mesa....hacen como que pelean, pero con una sonrisa en los labios....Sorprendido, acierto a decir "hola" e igual me dicen las participantes.
Se levantan y la suegra me da un par de besos. Tiene una cara pícara, divertida y más....
O sea, que el "lagarto" que viene a por su hija, se queda desconcertado, pero más que gratamente sorprendido. Ahí comenzó una amistad que no tenía que ver con la relación suegra-yerno. Han sido más de cuarenta años divertidos y gratificantes.
Con el suegro fue un encuentro más..., digamos, técnico.
Alicia le había dicho que "me gustaban las máquinas" y, así, un día que, creo, fui a comer (en casa de los suegros comia media facultad de Historias, media de medicina, más los futuros partícipes familiares)... estábamos conociéndonos cuando, de pronto, dijo... "Así que te gustan las máquinas, ven, acompáñame...."
Me levanta de la mesa del comedor del fondo, pasamos por la cocina, bajamos a un patinillo que tenía un lavavajillas industrial, una puerta y una cochera.
En medio de esa cochera había una máquina desmontada en parte: un compresor.
Yo, reconozco inmediatamente la marca y lo digo: "¡hombre, un Atlas-Copco!".
El pre-suegro, se queda cortado, "¿cómo has dicho?"..... "Sí, Rafael, es un Atlas-Copco".....
Silencio, el pre-suegro mira la maquina que tiene el motor abierto, no hay ninguna carcasa ni ninguna inscripción, le da la vuelta al compresor, mira del otro lado, mira las paredes.... y con cara de sorpresa dice: ...."Y, ¿cómo sabes tú que es un Atlas-Copco".
"Bien sencillo los compresores de esta marca tienen un enganche arqueado y sale de la zona del eje hasta la anilla con una sección cuadrada. No lo tienen los Bético, ni los Ingersoll-Rand".....
Vuelvo con la familia y el pre-suegro tarda un rato en volver al comedor.
Me mira con ojos sorprendidos...
Yo, sospecho.....me lo he ganado.
jueves, 17 de septiembre de 2015
los peligrosos piratas del aire
Creo que fue en el año 2004, más tarde preguntaré a alguno de los protagonistas sobre la fecha. ¡Ah!, pero, ¡si no hace falta!. Había nieve a montones y, en el bar del hotel la nieve formaba grandes setas sobre los veladores con inscripciones de "Coca-Cola"... O sea, invierno, probablemente final de febrero o principios de marzo.
Habíamos estado en Bulgaria, en Stara Zagora, en una reunión de los planes "Comenius" de la Comunidad Europea. Hablamos, inventamos y participamos en teorías o experiencias sobre "la educación en valores"...podría extenderme, pero, la anécdota que marca este relato es del final de la estancia, no del contenido.
En Stara Zagora había -a lo mejor lo hay- una especie de "grandes almacenes oficiales", Era un edificio, no demasiado grande en el que se juntaba una representación del comercio de la ciudad. Aquello pretendía ser un mini-galerias, mini-preciados. Pero era pintoresco y divertido.
Nuestros compañeros de viaje, Ángel y MªLuisa, querían comprar un reloj de pared para la colección de su hijo homónimo. Vimos varios modelos y, al final, se decidieron por uno -sería ruso-, de aspecto racionalista. Muy bonito.
Hasta aquí, sin problemas, pero, el día antes de estar de vuelta se nos ocurrió a alguno de los cuatro que, ir en avión con un tic-tac en la maleta, era francamente peligroso.
Ángel y yo abrimos la portezuela del reloj, vimos que, aunque se quitara el péndulo, parecía delicado sujetar el mecanismo de escape. En cuanto poníamos un papelito o similar, este se caía y el tic-tac fatídico, volvía a sonar.
La tarde del último día fuimos con el reloj debajo del brazo a los pequeños-grandes almacenes. Allí, un amable operario hizo no sé qué, pero consiguió parar el ruido de la "bomba".
Al día siguiente, en Sofia, nos dio tiempo para pasar por un mercadillo del centro de la ciudad. A la llegada, Alicia había visto unas estatuillas de Lenin, hechas en bronce o latón que parecían ideales para regalar.
No las encontramos, pero sí un precioso "kalashnikov" de chapa estampada, con una bocacha de plástico rojo donde una bombillita accionada por una pila despediría rayitos de luz, como si de disparos se tratara. Tamaño, casi el del fusil reproducido. ¡Un regalo para el cuñado!.
Volvemos al hotel, recogemos las maletas y, en la bolsa de mano, el fusil.
Vamos al aeropuerto y, como vamos con tiempo, al restaurante a comer. Lo hacemos tranquilos y, al final, más tranquilos aún, vamos hacia el embarque. En los altavoces, "Pinto, López, Flores, Martín"... Tienen que repetirlo, al parecer, varias veces hasta que lo entendemos.
Corremos raudos hacia el embarque. Creímos que íbamos con tiempo de sobra pero, según los altavoces, estábamos en última llamada.
Mostrador. Una funcionaria ex-soviética (alrededor de 120 kg) está del otro lado. A su alrededor, algunos polícias de uniforme. Meto la bolsa en el "escaner" y contemplo cómo la cara de la operaria del mismo levanta las cejas con exceso.
Caigo en la cuenta de que el fusil ha aparecido en la pantalla. Sin pensarlo dos veces meto la mano en el aparato, tiro de la bolsa, abro la cremallera y saco el fusil agarrándolo por la bocacha mientras que, desesperado grito en mi mejor inglés de europa oriental: "¡It's a toy! (¿se escribe así?). ¡It's a toy".
Paso casi por encima de la cinta de rodillos y le doy el fusil a la funcionaria, quien seguía mirando con ojos aterrados. Los policías que la rodean también miran con atención, pero más desconcertados que asustados.
Alrededor de nosotros hay un silencio generalizado.
Uno de los policías coge el fusil, lo muestra a sus compañeros, sonríen -menos mal- con aire paternal y hablan, en un idioma que me sabe a chino-búlgaro, con la funcionaria.
Esta nos mira con cara furibunda....Poco a poco, coge el tono normal, pasamos el resto de bolsas por el escaner y, salimos a la pista, donde una multitud encerrada en un autobús que nos espera, nos mira con ojos no menos furibundos que la funcionaria
Los granaínos vamos callados, con el fusil metido en la bolsa y, ésta, debajo del brazo.. custodiando el objeto peligroso. Y, soñando con que el reloj no nos denuncie como posible bomba....
Llegamos al avion y, yo creo que, hasta que no estuvimos en la vertical de Málaga, no rompimos a reir.
¡Y luego dicen que la vida de los profes no es intensa!.
Habíamos estado en Bulgaria, en Stara Zagora, en una reunión de los planes "Comenius" de la Comunidad Europea. Hablamos, inventamos y participamos en teorías o experiencias sobre "la educación en valores"...podría extenderme, pero, la anécdota que marca este relato es del final de la estancia, no del contenido.
En Stara Zagora había -a lo mejor lo hay- una especie de "grandes almacenes oficiales", Era un edificio, no demasiado grande en el que se juntaba una representación del comercio de la ciudad. Aquello pretendía ser un mini-galerias, mini-preciados. Pero era pintoresco y divertido.
Nuestros compañeros de viaje, Ángel y MªLuisa, querían comprar un reloj de pared para la colección de su hijo homónimo. Vimos varios modelos y, al final, se decidieron por uno -sería ruso-, de aspecto racionalista. Muy bonito.
Hasta aquí, sin problemas, pero, el día antes de estar de vuelta se nos ocurrió a alguno de los cuatro que, ir en avión con un tic-tac en la maleta, era francamente peligroso.
Ángel y yo abrimos la portezuela del reloj, vimos que, aunque se quitara el péndulo, parecía delicado sujetar el mecanismo de escape. En cuanto poníamos un papelito o similar, este se caía y el tic-tac fatídico, volvía a sonar.
La tarde del último día fuimos con el reloj debajo del brazo a los pequeños-grandes almacenes. Allí, un amable operario hizo no sé qué, pero consiguió parar el ruido de la "bomba".
Al día siguiente, en Sofia, nos dio tiempo para pasar por un mercadillo del centro de la ciudad. A la llegada, Alicia había visto unas estatuillas de Lenin, hechas en bronce o latón que parecían ideales para regalar.
No las encontramos, pero sí un precioso "kalashnikov" de chapa estampada, con una bocacha de plástico rojo donde una bombillita accionada por una pila despediría rayitos de luz, como si de disparos se tratara. Tamaño, casi el del fusil reproducido. ¡Un regalo para el cuñado!.
Volvemos al hotel, recogemos las maletas y, en la bolsa de mano, el fusil.
Vamos al aeropuerto y, como vamos con tiempo, al restaurante a comer. Lo hacemos tranquilos y, al final, más tranquilos aún, vamos hacia el embarque. En los altavoces, "Pinto, López, Flores, Martín"... Tienen que repetirlo, al parecer, varias veces hasta que lo entendemos.
Corremos raudos hacia el embarque. Creímos que íbamos con tiempo de sobra pero, según los altavoces, estábamos en última llamada.
Mostrador. Una funcionaria ex-soviética (alrededor de 120 kg) está del otro lado. A su alrededor, algunos polícias de uniforme. Meto la bolsa en el "escaner" y contemplo cómo la cara de la operaria del mismo levanta las cejas con exceso.
Caigo en la cuenta de que el fusil ha aparecido en la pantalla. Sin pensarlo dos veces meto la mano en el aparato, tiro de la bolsa, abro la cremallera y saco el fusil agarrándolo por la bocacha mientras que, desesperado grito en mi mejor inglés de europa oriental: "¡It's a toy! (¿se escribe así?). ¡It's a toy".
Paso casi por encima de la cinta de rodillos y le doy el fusil a la funcionaria, quien seguía mirando con ojos aterrados. Los policías que la rodean también miran con atención, pero más desconcertados que asustados.
Alrededor de nosotros hay un silencio generalizado.
Uno de los policías coge el fusil, lo muestra a sus compañeros, sonríen -menos mal- con aire paternal y hablan, en un idioma que me sabe a chino-búlgaro, con la funcionaria.
Esta nos mira con cara furibunda....Poco a poco, coge el tono normal, pasamos el resto de bolsas por el escaner y, salimos a la pista, donde una multitud encerrada en un autobús que nos espera, nos mira con ojos no menos furibundos que la funcionaria
Los granaínos vamos callados, con el fusil metido en la bolsa y, ésta, debajo del brazo.. custodiando el objeto peligroso. Y, soñando con que el reloj no nos denuncie como posible bomba....
Llegamos al avion y, yo creo que, hasta que no estuvimos en la vertical de Málaga, no rompimos a reir.
¡Y luego dicen que la vida de los profes no es intensa!.
viernes, 28 de agosto de 2015
¿Defecas, vida?
En cierta ocasión, el pater familiae -yo-, estaba sentado en el trono.
Llaman al teléfono y lo coge Alicilla, pequeña, de 7 a 9 años, más o menos, según creo recordar.
Quien estaba al otro lado de la línea era mi compañera del Insti de Atarfe, Victoria,
- "¿Está tu padre?".
- "si, pero está cagando (sic)".
- "déjalo, luego lo llamo".
Me incorporo a la vida doméstica después de las actividades higiénicas y vuelve a sonar el teléfono:
Victoria, de nuevo, y espeta:
- "¿Defecas, vida?.
Me quedo atónito, no enfadado ni mucho menos, pero sí, eso, atónito...
- "¿Qué dices?¿cómo lo sabías?".
Me cuenta la conversación anterior con Alicilla...
A Ali madre le llegan los ruidos de mi risa y ve cómo le digo a la chica que "eso no se dice", que cuando un padre está en el servicio siempre está en la "ducha" y puestos a puntualizar, aprovechando la coyuntura didáctica, le decimos que la forma fina de decir "cagar" es "defecar".
Y sigue la vida.... hasta que, un día. Están los chicos en casa de Ana y Fernando. En esto que llama el teléfono y me pongo: Es Ana. Dice con voz un tanto regañona: "Oye, ¿qué es eso de enseñarle a tus hijos palabras finas?. Tu hija, me ha dicho hace un rato....tita Ana, tita Ana, ¿en tu casa se puede defecar?...¡vamos!, esto es demasiado...."
y, mientras que estamos hablando, se oye, como ruido de fondo, la voz de Alicilla diciendo "....que me meoooooooo".
Yo a Ana: "¿Decías algo?...."
Llaman al teléfono y lo coge Alicilla, pequeña, de 7 a 9 años, más o menos, según creo recordar.
Quien estaba al otro lado de la línea era mi compañera del Insti de Atarfe, Victoria,
- "¿Está tu padre?".
- "si, pero está cagando (sic)".
- "déjalo, luego lo llamo".
Me incorporo a la vida doméstica después de las actividades higiénicas y vuelve a sonar el teléfono:
Victoria, de nuevo, y espeta:
- "¿Defecas, vida?.
Me quedo atónito, no enfadado ni mucho menos, pero sí, eso, atónito...
- "¿Qué dices?¿cómo lo sabías?".
Me cuenta la conversación anterior con Alicilla...
A Ali madre le llegan los ruidos de mi risa y ve cómo le digo a la chica que "eso no se dice", que cuando un padre está en el servicio siempre está en la "ducha" y puestos a puntualizar, aprovechando la coyuntura didáctica, le decimos que la forma fina de decir "cagar" es "defecar".
Y sigue la vida.... hasta que, un día. Están los chicos en casa de Ana y Fernando. En esto que llama el teléfono y me pongo: Es Ana. Dice con voz un tanto regañona: "Oye, ¿qué es eso de enseñarle a tus hijos palabras finas?. Tu hija, me ha dicho hace un rato....tita Ana, tita Ana, ¿en tu casa se puede defecar?...¡vamos!, esto es demasiado...."
y, mientras que estamos hablando, se oye, como ruido de fondo, la voz de Alicilla diciendo "....que me meoooooooo".
Yo a Ana: "¿Decías algo?...."
Física, siempre física.
Cuando nació Fernandillo no eran obligatorios los cinturones de seguridad en las plazas traseras. En ese momento teníamos -si no recuerdo mal- dos coches: El Patrol, que venía de Marruecos y, por entonces, un AX, blanco que era el de uso más frecuente.
Nuestros tres vástagos se sentaban atrás. Pusimos entre los apoyacabezas del AX una barra que vendían para impedir los tránsitos inopinados de hijos hacia el parabrisas y....¡ala!, a viajar.
Al cabo de dos o tres años de vida, Fernandillo conquistó su puesto en el coche. Se ponía en medio, entre los dos asientos, de pie y sujetándose a la dicha barra. Mientras que fuéramos por carreteras rectas o con curvas suaves enlazadas no había ningún problema. Podía oscilar más o menos alrededor de su vertical, pero sin desplazamientos notorios.
En algún momento empezó a plantearse un fenómeno peculiar: Por ejemplo, viaje hacia las Alpujarras, curvas cerradas a izquierda y a derecha que, a veces, sorprendían al "nano" y le hacían rodar a un lado o a otro del asiento trasero.
Como ya tenía un carácter fuerte y unos brazos musculosos, oíamos cómo rugía en su enfado y.... se iba a darle un par de golpes a su hermana. La chica se quejaba: "....mamá, ¡Fernando me ha pegado!", regañábamosle y... seguíamos.... hasta que al cabo de otras cuantas curvas, volvía a repetirse el fenómeno.
Estaba claro, deducción facilona: El chico no entiende lo que es la inercia, se ha visto desplazado a causa de ella y atribuye a Alicia que le empuje....normal, le arrea a quien adjudica el daño y....ya está.
Se nos ocurrió avisar a Fernandillo, en cada curva, bajo el aviso: "¡Fernando que viene la inercia!". Él, al oir eso sabía que tenía que sujetarse fuerte, se sujetaba, no se caía, por tanto no le arreaba a su hermana y....problema familiar arreglado.
Pero, no, no estaba acabado del todo. Teníamos el recuerdo....¿por qué Fernando siempre le pegaba a Alicia?....
Años más tarde, recordando con los hijos anécdotas de su infancia, nos confesó Rafa que, en los momentos en que había 'venido la inercia', Fernando, hecho un ovillo al dar vueltas por el asiento, les miraba a los dos para averiguar quién había sido el causante....Rafa miraba fijamente a Alicilla y.... para allá que se iba.
Todos los problemas resueltos. Bueno, después de pedir perdón a Alicilla en lo posible.
Nuestros tres vástagos se sentaban atrás. Pusimos entre los apoyacabezas del AX una barra que vendían para impedir los tránsitos inopinados de hijos hacia el parabrisas y....¡ala!, a viajar.
Al cabo de dos o tres años de vida, Fernandillo conquistó su puesto en el coche. Se ponía en medio, entre los dos asientos, de pie y sujetándose a la dicha barra. Mientras que fuéramos por carreteras rectas o con curvas suaves enlazadas no había ningún problema. Podía oscilar más o menos alrededor de su vertical, pero sin desplazamientos notorios.
En algún momento empezó a plantearse un fenómeno peculiar: Por ejemplo, viaje hacia las Alpujarras, curvas cerradas a izquierda y a derecha que, a veces, sorprendían al "nano" y le hacían rodar a un lado o a otro del asiento trasero.
Como ya tenía un carácter fuerte y unos brazos musculosos, oíamos cómo rugía en su enfado y.... se iba a darle un par de golpes a su hermana. La chica se quejaba: "....mamá, ¡Fernando me ha pegado!", regañábamosle y... seguíamos.... hasta que al cabo de otras cuantas curvas, volvía a repetirse el fenómeno.
Estaba claro, deducción facilona: El chico no entiende lo que es la inercia, se ha visto desplazado a causa de ella y atribuye a Alicia que le empuje....normal, le arrea a quien adjudica el daño y....ya está.
Se nos ocurrió avisar a Fernandillo, en cada curva, bajo el aviso: "¡Fernando que viene la inercia!". Él, al oir eso sabía que tenía que sujetarse fuerte, se sujetaba, no se caía, por tanto no le arreaba a su hermana y....problema familiar arreglado.
Pero, no, no estaba acabado del todo. Teníamos el recuerdo....¿por qué Fernando siempre le pegaba a Alicia?....
Años más tarde, recordando con los hijos anécdotas de su infancia, nos confesó Rafa que, en los momentos en que había 'venido la inercia', Fernando, hecho un ovillo al dar vueltas por el asiento, les miraba a los dos para averiguar quién había sido el causante....Rafa miraba fijamente a Alicilla y.... para allá que se iba.
Todos los problemas resueltos. Bueno, después de pedir perdón a Alicilla en lo posible.
martes, 25 de agosto de 2015
Los remolques de la casa
Yo quiero un remolque.
Desde pequeño siempre he querido tener un remolque.
Aparte de que me gustaran los coches, o camiones, de juguete, uno de los que más me gustaron fue una especie de "camión-tractor" que tenía varios "trailers" (el tío Jose MªDidelco, lo decía así).
Era como el de la imagen. Había, también, un remolque-cuba y, sobre todo, uno con teleras para llevar troncos.
Este lo tuve en la sierra, donde le llegué a hacer carreteras con arena ¡y cal!, porque decían que así se hacían las casas..
En fin, que me quedé enganchado... con los
remolques.
Mi sorpresa genética fue cuando descubrí que a Rafalillo le gustaban los remolques. A su primer triciclo le hice un remolque de madera -creo que aún conservo sus ruedas- con el que íbamos por la calle Mesones a toda pastilla. Insistía en que dejaran la compra en el descansillo de la casa de la calle Mesones y él, a base de viajes -y paciencia nuestra- lo llevaba a la cocina. Después, en Marruecos, la colección de camiones con cabeza tipo americano, de la marca Majorette, fueron su -nuestro- principal juguete. Hasta discutimos aún sobre cual fue el camión -con remolque- que se dejó -nos dejamos- en casa de los Seida, en Smara.
Se me iba a olvidar que, cuando nación Rafalillo, Alicia -y Fefe-, me compraron un Kenworth -siempre presumí que era el modelo que tenía 12 cilindros- dirigido por radio.
Ahí aprendí a conducir marcha atrás. Tanto que, cuando compramos una caravana, los de la tienda me la dejaron en un sitio complicado para sacarla.... marcha atrás. Yo, con el 127 de la Uge, al que le pusimos una bola, conseguí sacarla para sorpresa de los Cardona, que así se llamaba el establecimiento de caravanas de la Calle del Ángel, en Granada.
Bueno, pues después del Kenworth, la Caravana Catusa, los juguetes de Rafalillo ( se me iba a olvidar la colección de TENTE) y demás... volvemos de Marruecos, empezamos a hacernos la casa.... y hay un asunto más que obvio. ¡Nos hace falta un remolque!. (El Nissan tenía su bola desde tiempos de la caravana).
Atiendo al mercado y, con mi pacatería económica tradicional, todos los remolques me parecen supersupersupercarísimos, así que ¡hay que hacer un remolque!.
Aparezco en Atarfe, en el desguace de mi amigo Eusebio. Allí había una furgoneta Mercedes de aquellas chatas, redondas, herederas históricas de la DKW del tío JoseMari.
Le dije a Eusebio que la cortara justo por detrás de la puerta trasera y que, en el chasis, soldara un tubo, creo que de 4 x 4 cm donde iba a poner un enganche de tipo caravana.
Así se hizo y aquí empiezan las aventuras.
Salí de la "chatarra" con aquello colgado atrás del Nissan, a través de carriles de la vega me voy acercando a la trocha donde se estaba haciendo la "circunvalación".
Voy en una mañana de, si no es verano, se le parece, marchando con cuidado tirando de aquel engendro.
Llego al Genil, donde habían hecho un "vado". Bajo bien y, en la subida, los puntos de soldadura se sueltan y veo desaparecer de los retrovisores el armatoste que llevo atrás. Freno, marcha atrás y, ¡oh! desgracia, el caparazón aquel ha caído justo en el borde de la trocha, lindando con una acequia.
Los conductores de las "bañeras" que ven mi apuro me gritan con toda la mala follá que pueden... "¡déjala en la acequia!¡es su sitio!"....
Volví a casa bañado en sudor y decidido a ir a rescatarla. Comí a toda prisa y, después, rogando a todos los dioses que la policía no se hubiera hecho cargo de aquel desaguisado, llegué armado con un berbiquí de mano que, por cierto, no daba vueltas completas,y un puñado de tornillos.
A las cuatro de la tarde, en la mala sombra que daba el caparazón, acometí la tarea. Al cabo de cien años, según mis sensaciones, había abierto un sólo agujero. Puse el tornillo. Acometí el segundo y ahí me dió la desazón y el ánimo del desesperado.... "si conduzco con muchísimo cuidado, es posible que con un solo tornillo, aguante...."
Y eso hice, arranqué a un cuarto de embrague, anduve en primera corta hasta lo alto de la circunvalación. Fuí despacio despacio despacio hasta los herreros de Ogíjares que era el objetivo del caparazón.
Cuando llegué, respiré. Primer objetivo cubierto.
Quedo con ellos en llevarles al día siguiente la oxiacetlénica de la cantera. Fui a por ella, se la dejé y, a la noche, me llamaron. "Rafa, esto no corta. Hay doble chapa y, ya sabes, el dardo corta en tanto que haya una sola chapa....".
Cierto. Llego al dia siguiente y decido cortar la carcasa.... a hachazos. Me buscan una y, empecé.
Como la primera línea de hachazos iba sorprendentemente derecha, me obligué a seguirla así hasta el final.
Cuando acabé, estaba más cansado por el esfuerzo de no perder la imagen, que por los hachazos en sí.
El padre de la saga Illescas tomó aquella obra como si fuera un joyero. Le hizo una caja, volquete, con un cerrojo en el enganche... en fin, una verdadera maravilla.
¡Qué tiempos aquellos!. Le puse sistema eléctrico gracias a, creo recordar, Jorge, el electricista del automóvil de Las Gabias. Yo pensaba que, con aquellos dispositivos no se iba a notar, casi, la ausencia de sus papeles.... en fin, se trataba de, yendo por carriles y poco por asfalto, nunca me los pedirían, como así fue en definitiva.
Con aquel remolque hice las paratas, todas, transportes, a Atafe y desde Atarfe, de la hormigonera y de sacos inmensos de arenas o cemento, o escombro.....
Hasta que se pudrió, así, como suena. Un día, volviendo a casa, ví que se caía algo y sonó a chapa o parecido. Me pareció importante. Miré debajo del remolque y.... faltaba un trozo de plataforma. La verdad es que no lo había pintado más y se quedó tal y como salió de fábrica.
Lo bajé a la plaza de abajo, delante del taller. Lo puse de pie sobre la poterna trasera y, con la radial, le corté todo el podrido.
Me quedé con un remolque más estrecho, más o menos feo -nunca lo supe-, pero más pesado porque, cuando había dudas soldaba un trozo de chapa de "telar".
Así siguió funcionando hasta no hace mucho. Un día, con la enésima obra de casa, fui a Brico-Depot y encontré con un remolque magullado, sin pilotos y con algún arañazo, que vendían a mitad de precio.
Fui y lo compré.
Y, ahí está. Sirviendo para mudanzas, idas a Ceuta con las "exportaciones" tetuaníes, "quedadas" en la carretera -con el Megane-, paseos para ocupar y/o desocupar la casa de Atarfe, viajes a la cantera a por chino, piedras, losas, .....
Lo que es verdad que no lo vamos a disfrutar como el anterior. Se me había olvidado que, uno de los mayores encantos del mismo, con hijos, sobrinos y amigos, era cuando se subía un pandillón de enanos en él y nos íbamos al "hito geodésico" de los campos de detrás de casa.... lo llenábamos de bicicletas y dábamos paseos por los eriales del "secano" de gabia... y... tantas anécdotas así.....
Desde pequeño siempre he querido tener un remolque.
Aparte de que me gustaran los coches, o camiones, de juguete, uno de los que más me gustaron fue una especie de "camión-tractor" que tenía varios "trailers" (el tío Jose MªDidelco, lo decía así).
Este lo tuve en la sierra, donde le llegué a hacer carreteras con arena ¡y cal!, porque decían que así se hacían las casas..
En fin, que me quedé enganchado... con los
remolques.
Mi sorpresa genética fue cuando descubrí que a Rafalillo le gustaban los remolques. A su primer triciclo le hice un remolque de madera -creo que aún conservo sus ruedas- con el que íbamos por la calle Mesones a toda pastilla. Insistía en que dejaran la compra en el descansillo de la casa de la calle Mesones y él, a base de viajes -y paciencia nuestra- lo llevaba a la cocina. Después, en Marruecos, la colección de camiones con cabeza tipo americano, de la marca Majorette, fueron su -nuestro- principal juguete. Hasta discutimos aún sobre cual fue el camión -con remolque- que se dejó -nos dejamos- en casa de los Seida, en Smara.
Se me iba a olvidar que, cuando nación Rafalillo, Alicia -y Fefe-, me compraron un Kenworth -siempre presumí que era el modelo que tenía 12 cilindros- dirigido por radio.
Ahí aprendí a conducir marcha atrás. Tanto que, cuando compramos una caravana, los de la tienda me la dejaron en un sitio complicado para sacarla.... marcha atrás. Yo, con el 127 de la Uge, al que le pusimos una bola, conseguí sacarla para sorpresa de los Cardona, que así se llamaba el establecimiento de caravanas de la Calle del Ángel, en Granada.
Bueno, pues después del Kenworth, la Caravana Catusa, los juguetes de Rafalillo ( se me iba a olvidar la colección de TENTE) y demás... volvemos de Marruecos, empezamos a hacernos la casa.... y hay un asunto más que obvio. ¡Nos hace falta un remolque!. (El Nissan tenía su bola desde tiempos de la caravana).
Atiendo al mercado y, con mi pacatería económica tradicional, todos los remolques me parecen supersupersupercarísimos, así que ¡hay que hacer un remolque!.
Aparezco en Atarfe, en el desguace de mi amigo Eusebio. Allí había una furgoneta Mercedes de aquellas chatas, redondas, herederas históricas de la DKW del tío JoseMari.
Le dije a Eusebio que la cortara justo por detrás de la puerta trasera y que, en el chasis, soldara un tubo, creo que de 4 x 4 cm donde iba a poner un enganche de tipo caravana.
Así se hizo y aquí empiezan las aventuras.
Salí de la "chatarra" con aquello colgado atrás del Nissan, a través de carriles de la vega me voy acercando a la trocha donde se estaba haciendo la "circunvalación".
Voy en una mañana de, si no es verano, se le parece, marchando con cuidado tirando de aquel engendro.
Llego al Genil, donde habían hecho un "vado". Bajo bien y, en la subida, los puntos de soldadura se sueltan y veo desaparecer de los retrovisores el armatoste que llevo atrás. Freno, marcha atrás y, ¡oh! desgracia, el caparazón aquel ha caído justo en el borde de la trocha, lindando con una acequia.
Los conductores de las "bañeras" que ven mi apuro me gritan con toda la mala follá que pueden... "¡déjala en la acequia!¡es su sitio!"....
Volví a casa bañado en sudor y decidido a ir a rescatarla. Comí a toda prisa y, después, rogando a todos los dioses que la policía no se hubiera hecho cargo de aquel desaguisado, llegué armado con un berbiquí de mano que, por cierto, no daba vueltas completas,y un puñado de tornillos.
A las cuatro de la tarde, en la mala sombra que daba el caparazón, acometí la tarea. Al cabo de cien años, según mis sensaciones, había abierto un sólo agujero. Puse el tornillo. Acometí el segundo y ahí me dió la desazón y el ánimo del desesperado.... "si conduzco con muchísimo cuidado, es posible que con un solo tornillo, aguante...."
Y eso hice, arranqué a un cuarto de embrague, anduve en primera corta hasta lo alto de la circunvalación. Fuí despacio despacio despacio hasta los herreros de Ogíjares que era el objetivo del caparazón.
Cuando llegué, respiré. Primer objetivo cubierto.
Quedo con ellos en llevarles al día siguiente la oxiacetlénica de la cantera. Fui a por ella, se la dejé y, a la noche, me llamaron. "Rafa, esto no corta. Hay doble chapa y, ya sabes, el dardo corta en tanto que haya una sola chapa....".
Cierto. Llego al dia siguiente y decido cortar la carcasa.... a hachazos. Me buscan una y, empecé.
Como la primera línea de hachazos iba sorprendentemente derecha, me obligué a seguirla así hasta el final.
Cuando acabé, estaba más cansado por el esfuerzo de no perder la imagen, que por los hachazos en sí.
El padre de la saga Illescas tomó aquella obra como si fuera un joyero. Le hizo una caja, volquete, con un cerrojo en el enganche... en fin, una verdadera maravilla.
¡Qué tiempos aquellos!. Le puse sistema eléctrico gracias a, creo recordar, Jorge, el electricista del automóvil de Las Gabias. Yo pensaba que, con aquellos dispositivos no se iba a notar, casi, la ausencia de sus papeles.... en fin, se trataba de, yendo por carriles y poco por asfalto, nunca me los pedirían, como así fue en definitiva.
Con aquel remolque hice las paratas, todas, transportes, a Atafe y desde Atarfe, de la hormigonera y de sacos inmensos de arenas o cemento, o escombro.....
Hasta que se pudrió, así, como suena. Un día, volviendo a casa, ví que se caía algo y sonó a chapa o parecido. Me pareció importante. Miré debajo del remolque y.... faltaba un trozo de plataforma. La verdad es que no lo había pintado más y se quedó tal y como salió de fábrica.
Lo bajé a la plaza de abajo, delante del taller. Lo puse de pie sobre la poterna trasera y, con la radial, le corté todo el podrido.
Me quedé con un remolque más estrecho, más o menos feo -nunca lo supe-, pero más pesado porque, cuando había dudas soldaba un trozo de chapa de "telar".
Así siguió funcionando hasta no hace mucho. Un día, con la enésima obra de casa, fui a Brico-Depot y encontré con un remolque magullado, sin pilotos y con algún arañazo, que vendían a mitad de precio.
Fui y lo compré.
Y, ahí está. Sirviendo para mudanzas, idas a Ceuta con las "exportaciones" tetuaníes, "quedadas" en la carretera -con el Megane-, paseos para ocupar y/o desocupar la casa de Atarfe, viajes a la cantera a por chino, piedras, losas, .....
Lo que es verdad que no lo vamos a disfrutar como el anterior. Se me había olvidado que, uno de los mayores encantos del mismo, con hijos, sobrinos y amigos, era cuando se subía un pandillón de enanos en él y nos íbamos al "hito geodésico" de los campos de detrás de casa.... lo llenábamos de bicicletas y dábamos paseos por los eriales del "secano" de gabia... y... tantas anécdotas así.....
jueves, 6 de agosto de 2015
Bernouilli, Venturi y similares.
El teorema de Bernouilli no está nada claro. El fenómeno al que atiende está suficientemente demostrado, su expresión -o expresiones- algebraicas son conocidas desde hace mucho tiempo. Pero no está claro, que no, que os lo digo yo. Es más, funciona, pero no funciona.
A saber: clase de 1º de Maestría o 1ºde FPII en Tetuán, Instituto Juan de la Cierva. Creo recordar que los alumnos son los mismos a los que me refería en mi otro "cuento", relativos a "poneros derechos"..... Pizarra, teorema descrito, hojita de papel para soplar encima de ella. Unos carteles grandes, creo que de origen de un liceo francés, con ejemplos sobre aplicaciones en unos canales o algo así....
Pero no funciona. Estoy hablando de Venturi. Digo: ....y, por tanto, cuando un fluído avanza a más velocidad, se provoca una disminución de presión.... ", o frase parecida. Los alumnos dicen que no, que lo tienen claro, que si yo tomo una manguera y aprieto en la boca, sale el chorro con más alcance y que, por ello, es que tiene más presión. Yo digo que no confundan la velocidad provocada... en fin, un lío y, sobre todo, un latazo. Pero un latazo mayúsculo.
Al final, la solución. Digo una frase absolutamente tonta. Pues, bueno, los pilotos de las F.A.M. (Fuerzas Aéreas Marroquíes), que vuelan gracias al principio de Venturi, si éste no funciona, se caerán.
De pronto, el espíritu nacional puede sobre las evidencias fenomenólogicas y las expresadas en la pizarra.... Está clarísimo... " más velocidad, menor presión, las alas son "chupadas" hacia arriba... y los aviones vuelan".
Años más tarde. Casa construida. Resultó un casi cuadrado de 11 x 11 ms, aproximadamente y que tiene sus diagonales en dirección N-S y E-O, o viceversa, que tanto da. Hasta aquí nada anormal, siempre que hiciera buen tiempo, es decir, que no lloviera o no hiciera viento.
Si se daban las dos condiciones, viento y lluvia, no se podía usar la puerta principal, que estaba situada al sudeste. El agua entraba con fuerza hasta llegar al salón Se daba el caso de ver cómo los olivos se tumbaban a favor del viento proveniente del oeste y, al abrir la puerta, el agua en la cara.
El puñetero Bernouilli, nos obligó a hacer la obra del zaguán. Salimos ganando,por lo bonito que resultó, pero a qué costo.
Tengo otro caso, más prosaico, pero tan científico -por empírico- de lo que es un vacío provocado por nuestros amigos italianos.
Lugar: Tánger, exactamente donde se muestra en la foto.
Sería un fin de semana cualquiera del curso 1986-1987. El pandillón BallesterosdeCelis, FloresMartín volviendo -o yendo- a las Grutas de Hércules hacia o desde Tánger, por la tarde. Con el Patrol y sus cortinillas, voy conduciendo y con las risas y las prisas se me ha olvidado mear, así, a las claras, porque, para lo que voy a seguir contando....
Hemos salido de los pinos, ¡ah!, sí, vamos hacia las Grutas, y, en los pinos también se me ha olvidado hacer necesidades tontamente perentorias. Nos asomamos a la loma, dejando a la izquierda el faro y tampoco hay lugares ocultos. O sea, que hay que hacerlo allí mismo. El viento, en la coronación de la loma, es extraordinario. O sea, pienso, razón de más, pongo culo hacia el viento, que es donde precisamente dejo el coche y el pandillón y... procedo.
La madre que parió a Bernouilli, Me veo envuelto en líquido elemento. Yo estoy seguro de haber apuntado en la dirección correcta, pero nunca preví el vacío que había provocado delante de mi. No sé si apretar o retener. Decido apretar por ver si el líquido sale de la succión Venturiniana. Al parecer, me dijeron los joios familiares, el cono líquido se amplió más y ¡yo qué sé!....Probé a soplar, por aquello de ayudar a alejar lo que pudiera, pero pareció arreciar más.....
En fin, acabé como pude. Me vuelvo hacia el Nissan que, sorprendentemente, parece estar temblando. Al acercarme percibo que era el efecto de los carcajeantes del interior. Eché cara y avancé hacia ellos. Me subí, arranqué. Dí la vuelta en el carril, y... eché a reir, ya que lo otro que me quedaba por esperar era que la humedad se secara antes de llegar a nuestro destino.
Definitivamente, me cagué en Bernouilli y todos sus secuaces.....
A saber: clase de 1º de Maestría o 1ºde FPII en Tetuán, Instituto Juan de la Cierva. Creo recordar que los alumnos son los mismos a los que me refería en mi otro "cuento", relativos a "poneros derechos"..... Pizarra, teorema descrito, hojita de papel para soplar encima de ella. Unos carteles grandes, creo que de origen de un liceo francés, con ejemplos sobre aplicaciones en unos canales o algo así....
Pero no funciona. Estoy hablando de Venturi. Digo: ....y, por tanto, cuando un fluído avanza a más velocidad, se provoca una disminución de presión.... ", o frase parecida. Los alumnos dicen que no, que lo tienen claro, que si yo tomo una manguera y aprieto en la boca, sale el chorro con más alcance y que, por ello, es que tiene más presión. Yo digo que no confundan la velocidad provocada... en fin, un lío y, sobre todo, un latazo. Pero un latazo mayúsculo.
Al final, la solución. Digo una frase absolutamente tonta. Pues, bueno, los pilotos de las F.A.M. (Fuerzas Aéreas Marroquíes), que vuelan gracias al principio de Venturi, si éste no funciona, se caerán.
De pronto, el espíritu nacional puede sobre las evidencias fenomenólogicas y las expresadas en la pizarra.... Está clarísimo... " más velocidad, menor presión, las alas son "chupadas" hacia arriba... y los aviones vuelan".
Años más tarde. Casa construida. Resultó un casi cuadrado de 11 x 11 ms, aproximadamente y que tiene sus diagonales en dirección N-S y E-O, o viceversa, que tanto da. Hasta aquí nada anormal, siempre que hiciera buen tiempo, es decir, que no lloviera o no hiciera viento.
Si se daban las dos condiciones, viento y lluvia, no se podía usar la puerta principal, que estaba situada al sudeste. El agua entraba con fuerza hasta llegar al salón Se daba el caso de ver cómo los olivos se tumbaban a favor del viento proveniente del oeste y, al abrir la puerta, el agua en la cara.
El puñetero Bernouilli, nos obligó a hacer la obra del zaguán. Salimos ganando,por lo bonito que resultó, pero a qué costo.
Tengo otro caso, más prosaico, pero tan científico -por empírico- de lo que es un vacío provocado por nuestros amigos italianos.
Lugar: Tánger, exactamente donde se muestra en la foto.
Sería un fin de semana cualquiera del curso 1986-1987. El pandillón BallesterosdeCelis, FloresMartín volviendo -o yendo- a las Grutas de Hércules hacia o desde Tánger, por la tarde. Con el Patrol y sus cortinillas, voy conduciendo y con las risas y las prisas se me ha olvidado mear, así, a las claras, porque, para lo que voy a seguir contando....
Hemos salido de los pinos, ¡ah!, sí, vamos hacia las Grutas, y, en los pinos también se me ha olvidado hacer necesidades tontamente perentorias. Nos asomamos a la loma, dejando a la izquierda el faro y tampoco hay lugares ocultos. O sea, que hay que hacerlo allí mismo. El viento, en la coronación de la loma, es extraordinario. O sea, pienso, razón de más, pongo culo hacia el viento, que es donde precisamente dejo el coche y el pandillón y... procedo.
La madre que parió a Bernouilli, Me veo envuelto en líquido elemento. Yo estoy seguro de haber apuntado en la dirección correcta, pero nunca preví el vacío que había provocado delante de mi. No sé si apretar o retener. Decido apretar por ver si el líquido sale de la succión Venturiniana. Al parecer, me dijeron los joios familiares, el cono líquido se amplió más y ¡yo qué sé!....Probé a soplar, por aquello de ayudar a alejar lo que pudiera, pero pareció arreciar más.....
En fin, acabé como pude. Me vuelvo hacia el Nissan que, sorprendentemente, parece estar temblando. Al acercarme percibo que era el efecto de los carcajeantes del interior. Eché cara y avancé hacia ellos. Me subí, arranqué. Dí la vuelta en el carril, y... eché a reir, ya que lo otro que me quedaba por esperar era que la humedad se secara antes de llegar a nuestro destino.
Definitivamente, me cagué en Bernouilli y todos sus secuaces.....
jueves, 30 de julio de 2015
La tercera: apoteósica.
Verano del año 85, si no, del 86. Final de Julio o principio de Agosto.
Por supuesto, Prádena. Pero, ahora, en plan barroco, o churrigueresco.
Nosotros volvemos de los Pirineos, con toda la plana de los Ramos-Font y cuatro quintas partes de los Flores-Martín. El gran Nissan de tractor, la caravana como caracol general.
Pues eso, desde no sé dónde de ¿Huesca?, paliza de viaje... menos mal que Aliki le había encargado unas cortinillas al Patrol, o sea que, sin aire acondicionado, al menos viajamos a la sombra. Carretera y manta hasta que, a nuestras horas inoportunas, llegamos a Prádena. Con toda la patulea y, como siempre, sin avisar.
Hay que hacer algo... si ya, en otro momento nos metimos en la casa a la hora de la siesta, ahora, que vamos con camas incluidas, ¡qué más da!.
Pues eso, atravesamos el pueblo, ya de noche, calle "de la Sierra" -la que, hace un par de días, he descubierto que se llama "Calle Egido"-, tiramos para arriba y, en la casa, alguna de las niñas, Puri y/o Elena y, creo recordar, la madre de Rafa.
"¿Pepe y Rafa?, no están, pero en el pueblo, en el bar, los podéis encontrar"...
Nada, nosotros, como en casa, metimos la carabana, la preparamos para dormir allí y, bajamos, creo que andando, hacia el pueblo.
Habíamos elaborado un complot, había que dar la campanada. El Juanico se presta a ello y con todo el coraje que hace falta.
Los de la panda nos metemos entre varios coches que hay aparcados delante del bar. Creo que miramos por la ventana y vimos a Pepe, con unos señores, jugando al dominó....
Entra Juanico en el bar y con voz fuerte pregunta: "Por favor, ¿Don José Corbella?"..... Lo miran los parroquianos y se levanta Pepe.
"Soy yo". Juan le saluda y le invita a salir a la calle, tiene que hablar con él:
"Mire usted, he alquilado su casa, aquí en Prádena. El viaje se me ha hecho largo y, cuando esperaba que la casa estuviera dispuesta, me he encontrado que no sólo están ustedes, sino que tiene usted a la abuela...".
Pepe lo mira extrañado.... "y, ¿dice usted que ha alquilado mi casa?"....
- "sí, así es".
Pepe lo sigue mirando extrañado.... "pero, vamos a ver, ¿desde dónde ha alquilado usted mi casa?".
Y, ahí, Juan se equivocó, porque contestó.. la "verdad"..... "pues mire usted, desde Granada".....
Pepe se dirige al "vacío" del aparcamiento y con su vozarron decibélico dice:
"Rafa, cabrón, sal de ahí, que me has dado un susto"....
... Si Juanico no llega a decir "Granada", sí que le hubiéramos dado un susto....
Por supuesto, Prádena. Pero, ahora, en plan barroco, o churrigueresco.
Nosotros volvemos de los Pirineos, con toda la plana de los Ramos-Font y cuatro quintas partes de los Flores-Martín. El gran Nissan de tractor, la caravana como caracol general.
Pues eso, desde no sé dónde de ¿Huesca?, paliza de viaje... menos mal que Aliki le había encargado unas cortinillas al Patrol, o sea que, sin aire acondicionado, al menos viajamos a la sombra. Carretera y manta hasta que, a nuestras horas inoportunas, llegamos a Prádena. Con toda la patulea y, como siempre, sin avisar.
Hay que hacer algo... si ya, en otro momento nos metimos en la casa a la hora de la siesta, ahora, que vamos con camas incluidas, ¡qué más da!.
Pues eso, atravesamos el pueblo, ya de noche, calle "de la Sierra" -la que, hace un par de días, he descubierto que se llama "Calle Egido"-, tiramos para arriba y, en la casa, alguna de las niñas, Puri y/o Elena y, creo recordar, la madre de Rafa.
"¿Pepe y Rafa?, no están, pero en el pueblo, en el bar, los podéis encontrar"...
Nada, nosotros, como en casa, metimos la carabana, la preparamos para dormir allí y, bajamos, creo que andando, hacia el pueblo.
Habíamos elaborado un complot, había que dar la campanada. El Juanico se presta a ello y con todo el coraje que hace falta.
Los de la panda nos metemos entre varios coches que hay aparcados delante del bar. Creo que miramos por la ventana y vimos a Pepe, con unos señores, jugando al dominó....
Entra Juanico en el bar y con voz fuerte pregunta: "Por favor, ¿Don José Corbella?"..... Lo miran los parroquianos y se levanta Pepe.
"Soy yo". Juan le saluda y le invita a salir a la calle, tiene que hablar con él:
"Mire usted, he alquilado su casa, aquí en Prádena. El viaje se me ha hecho largo y, cuando esperaba que la casa estuviera dispuesta, me he encontrado que no sólo están ustedes, sino que tiene usted a la abuela...".
Pepe lo mira extrañado.... "y, ¿dice usted que ha alquilado mi casa?"....
- "sí, así es".
Pepe lo sigue mirando extrañado.... "pero, vamos a ver, ¿desde dónde ha alquilado usted mi casa?".
Y, ahí, Juan se equivocó, porque contestó.. la "verdad"..... "pues mire usted, desde Granada".....
Pepe se dirige al "vacío" del aparcamiento y con su vozarron decibélico dice:
"Rafa, cabrón, sal de ahí, que me has dado un susto"....
... Si Juanico no llega a decir "Granada", sí que le hubiéramos dado un susto....
La segunda: clandestina
Los prolegómenos no los sé. Si, acaso, apreciaciones..., pero no es muy difícil averiguar.
Ida a Madrid, Por la razón que fuere. Decisión de aparecer por Prádena y... con la inoportunidad que nos caracteriza... no avisar.
No recuerdo cuantos éramos: la familia primigenia (Aliki y yo) seguro, qué nano o nana hubiera, no recuerdo, pero tanto da, porque lo interesante es lo que sigue.
Se llega a Buitrago, Gandullas y... Prádena, Pero, ¿qué hora es esa de llegar?. La que fuese. Pero, seguro, no era adecuada. El aviso, ya lo he dicho, inexistente.
La confianza, inmensa. Yo creo que hasta el abuso, pero... ahí va.
Imaginénse: las ......las.... las de la siesta, aunque no sea en Andalucía. Que en todas partes donde Lorenzo trabaje, hay que dormirlas.
Por eso, llegamos a la casa... silenciosa, las ventanas cerradas, persianas o cortinas cerradas, puerta de la cancela sin candado y, aventuramos la entrada. ¡Milagro!,¡no hacemos ruido!.... coche a medio gas, nos dirigimos a la cochera, abierta, coche familiar al fondo, cabemos de sobra, entramos y... teníamos decidido echarnos a dormir en el propio coche, al fresquito.
Motor apagado, más silencio, si eso es posible y, contra él se oye una voz "Pepe, ha entrado un coche en la cochera"...
"¡anda ya!..... "Pepe, que sí, que ha entrado un coche en la cochera"....
"Pues será el Rafa Flores"....
Así, como lo escribo.
Ida a Madrid, Por la razón que fuere. Decisión de aparecer por Prádena y... con la inoportunidad que nos caracteriza... no avisar.
No recuerdo cuantos éramos: la familia primigenia (Aliki y yo) seguro, qué nano o nana hubiera, no recuerdo, pero tanto da, porque lo interesante es lo que sigue.
Se llega a Buitrago, Gandullas y... Prádena, Pero, ¿qué hora es esa de llegar?. La que fuese. Pero, seguro, no era adecuada. El aviso, ya lo he dicho, inexistente.
La confianza, inmensa. Yo creo que hasta el abuso, pero... ahí va.
Imaginénse: las ......las.... las de la siesta, aunque no sea en Andalucía. Que en todas partes donde Lorenzo trabaje, hay que dormirlas.
Por eso, llegamos a la casa... silenciosa, las ventanas cerradas, persianas o cortinas cerradas, puerta de la cancela sin candado y, aventuramos la entrada. ¡Milagro!,¡no hacemos ruido!.... coche a medio gas, nos dirigimos a la cochera, abierta, coche familiar al fondo, cabemos de sobra, entramos y... teníamos decidido echarnos a dormir en el propio coche, al fresquito.
Motor apagado, más silencio, si eso es posible y, contra él se oye una voz "Pepe, ha entrado un coche en la cochera"...
"¡anda ya!..... "Pepe, que sí, que ha entrado un coche en la cochera"....
"Pues será el Rafa Flores"....
Así, como lo escribo.
domingo, 26 de julio de 2015
amigos por y para siempre...-I-.
Cada cual puede presumir de lo que quiera. Yo presumo de tener amigos eternos, de siempre, para siempre, más grandes que el universo y con más detalles que la física cuántica.
Así, a vuela pluma, ahí van un par de anécdotas.
No quiero comenzar por el origen, será objeto de otro relato, pero sí con datos objetivos.
Imaginénse, imaginaros. Familia Flores Martín, Padre, madre y enano mayor. Venimos de Barcelona, perdón, del pueblo de mi cuñada Pily, que también podré tomar como origen de otros relatos. Coche, el 1200 ex de la cantera, del que he hablado en otros lugares. Caída de la tarde atravesando Guadalajara y, al ir acercándonos a Madrid, decimos Alicia y yo, "¿por qué no nos acercamos a ver a Pepe y a Rafa?"...
Sabemos que están en la "sierra norte" de Madrid, en un pueblito que no vendrá ni en la cartografía militar, y que habrá que buscar, por tanto.
Nada, decidido. Hace, al menos 6 o 7 años que no sabemos nada de ellos, sólo que se habían hecho una casa ... "por Somosierra", y, como preguntando se llega a Roma, indicador a la derecha, se busca una salida que conecte la N-II con la N-I y, ¡ala!.
Plano Michelin al salir a la N-I, primer destino "Buytrago de Lozoya", cae la noche, llegada al pueblo, se rodean las murallas y, siguiente destino, "Gandullas", carretera estrecha con muchas curvas y un paisaje vislumbrado que parece recordar Sierra Morena. Parece que hemos atravesado un 'pueblo' (dos casas y media), una recta, curva bajando hacia un barranco, sucesión de curvas encadenadas, bajada de velocidad en las intersecciones... es que el nombrecito del pueblo se las trae: "Prádena (¿qué sera eso?) del Rincón"....
Son algo más de las diez de la noche, oscura, buen tiempo y, ¡dios!, ¡no sabemos donde viven!. Andamos en primera, parece que hay un bar y hay luz... bajamos, preguntamos y nos dan la indicación precisa. Por ahí, por la cuesta, la última casa, a la izquierda.
La carreterita es un túnel de puro oscura que está... vamos despacio y, a unos cuatrocientos metros de la última casa del pueblo, a la derecha, parece que viene un grupito de gente.
Nos acercamos poco a poco. ¡Son ellos!,¡no puede ser tamaña casualidad! y, como uno tiene esa mala follá que tiene, me voy acercando poco a poco, con los focos largos y los antiniebla. En fin un ascua de luz. Me encaro con ellos y me detengo.
Se protegen los ojos y, de pronto, Pepe, con la voz estentórea que le caracteriza dice... "¡O eres un hipo puta, o eres Rafa Flores!".
Nos quedamos pasmaos. Si alguna gente te reconoce detrás de unas luces, de un coche que no conoce, después de seis o siete años sin saber de ti, no cabe duda.... es tu amigo.
Así, a vuela pluma, ahí van un par de anécdotas.
No quiero comenzar por el origen, será objeto de otro relato, pero sí con datos objetivos.
Imaginénse, imaginaros. Familia Flores Martín, Padre, madre y enano mayor. Venimos de Barcelona, perdón, del pueblo de mi cuñada Pily, que también podré tomar como origen de otros relatos. Coche, el 1200 ex de la cantera, del que he hablado en otros lugares. Caída de la tarde atravesando Guadalajara y, al ir acercándonos a Madrid, decimos Alicia y yo, "¿por qué no nos acercamos a ver a Pepe y a Rafa?"...
Sabemos que están en la "sierra norte" de Madrid, en un pueblito que no vendrá ni en la cartografía militar, y que habrá que buscar, por tanto.
Nada, decidido. Hace, al menos 6 o 7 años que no sabemos nada de ellos, sólo que se habían hecho una casa ... "por Somosierra", y, como preguntando se llega a Roma, indicador a la derecha, se busca una salida que conecte la N-II con la N-I y, ¡ala!.
Plano Michelin al salir a la N-I, primer destino "Buytrago de Lozoya", cae la noche, llegada al pueblo, se rodean las murallas y, siguiente destino, "Gandullas", carretera estrecha con muchas curvas y un paisaje vislumbrado que parece recordar Sierra Morena. Parece que hemos atravesado un 'pueblo' (dos casas y media), una recta, curva bajando hacia un barranco, sucesión de curvas encadenadas, bajada de velocidad en las intersecciones... es que el nombrecito del pueblo se las trae: "Prádena (¿qué sera eso?) del Rincón"....
Son algo más de las diez de la noche, oscura, buen tiempo y, ¡dios!, ¡no sabemos donde viven!. Andamos en primera, parece que hay un bar y hay luz... bajamos, preguntamos y nos dan la indicación precisa. Por ahí, por la cuesta, la última casa, a la izquierda.
La carreterita es un túnel de puro oscura que está... vamos despacio y, a unos cuatrocientos metros de la última casa del pueblo, a la derecha, parece que viene un grupito de gente.
Nos acercamos poco a poco. ¡Son ellos!,¡no puede ser tamaña casualidad! y, como uno tiene esa mala follá que tiene, me voy acercando poco a poco, con los focos largos y los antiniebla. En fin un ascua de luz. Me encaro con ellos y me detengo.
Se protegen los ojos y, de pronto, Pepe, con la voz estentórea que le caracteriza dice... "¡O eres un hipo puta, o eres Rafa Flores!".
Nos quedamos pasmaos. Si alguna gente te reconoce detrás de unas luces, de un coche que no conoce, después de seis o siete años sin saber de ti, no cabe duda.... es tu amigo.
sábado, 25 de julio de 2015
el parto de los montes
Domingo o sábado de alguna semana de Abril, pero no estoy dispuesto a pelearme por las fechas. Mañana casi o, sin casi, primaveral con unas nubes en lontananza.
Plan, no sabemos cómo, pero si que, hagamos lo que hagamos, acabaremos en casa de Mauricio, en San Javier. Familia Flores: padre, madre y Rafalillo con menos de 3 años, o sea, año 82. Vehículo, el Simca 1200 ex de la cantera y renovado con motor "nuevo" puesto por nuestros amigos de Loja.
Salimos los tres de familia con comida incluida a dar un paseo en dirección a la Malaha. Pensamos comer por nuestra cuenta y, si acaso, a la caída de la tarde, dejarnos ver por San Javier, donde esperamos esté un buen resto de la panda: Mauri y family, Juanico and resto, etc., etc.
Vamos por la carretera de los Bermejales, subiendo hacia la Malaha, hemos pasado ya Las gabias y estamos en la recta larga donde hoy está la ITV. No recuerdo cómo, será por lo de las nubes que empiezan a descargar y no precisamente de forma suave, pero decidimos dar la vuelta e irnos a casa del Mauri.
Tonto de mí, escojo ir por un carril que conocía, que iba muy rápidamente hacia San Javier. Voy a marcha normal cuando arrecia el agua. Está cayendo sobre suelo seco y, en un momento veo que el carril que está en una especie de talud, empieza a inclinarse hacia la derecha. Me acerco al lado izquierdo y sigo conduciendo con mucha atención.
Tengo que reconocer que el coche, aún a pesar de ir andando normal, empieza a deslizarse de lado. La inclinación del carril me está llevando al borde del mismo. Como veo que el escalón que hay entre éste y la avena plantada a la derecha no es muy señalado, decido tirarme a la avena y... acelerar.
Alicia está callada. Ha visto el agua que nos está cayendo encima y ve que estamos huyendo de ella... en dirección San Javier. Avanzo entre la avena, el coche todavía se conduce y.... empieza a calentarse, la avena está tapando el radiador. Es decir, parece que estamos en un barco dentro de un mar verde.
Acelero porque la pendiente a mi favor se va a acabar de un momento a otro y mi intención es subir a un olivar que tengo delante. Sé que, detrás de él, hay un carril, que frecuento, que va desde Gabia hacia la finca de nuestro amigo "el vientos". El coche empieza a perder velocidad a la vez que noto que el arco que puedo marcar con l volante se ha reducido. Los guardafangos tienen que estar llenos de barro. Llego al olivar y, al cabo de unos metros el coche se detiene. No he quitado la marcha ni he dejado de apretar el acelerador... o sea, patinamos.
Paro el motor, que humea. Un silencio dentro del coche y el agua crepitando contra todo lo que hay alrededor.
Le digo a Alicia que voy a por ayuda. Supongo que, en casa de Mauri, estarán todos los amigos que pueden ayudarnos. Cojo mi anorak y Alicia me da el suyo... para lo que pueda servir. Salgo del coche bajo torrentes de agua y echo a andar.
No importa ni la lluvia, ni el barro ni los anoraks empapados. Voy agarrándome a los olivos para no caer o para levantarme cuando he caído. Avanzando como puedo hasta la "urba".
Recuerdo que no podía ni plantearme si había hecho lo correcto o no. Había que llegar a por ayuda y, allá iba.
Llego a casa del Mauri. Llamo a la puerta: Están: Mauricio, Juanico, Paco Ortega y Jose Enrique, más las mujeres respectivas que me miran con ojos desencajados. Yo era -más o menos- una estatua de barro. Les digo que me acompañen y obtengo la respuesta rápida y decidida. Creo que habían comido ya. Subimos al coche de Mauri, el Dyane Edelweiss que -según Marisol- se había comprado para imitarme...
Vamos cinco. O sea, coche lleno de mas y, tiro, aún bajo una lluvia intensa, por los carriles que conozco. En algunas curvas acabamos dándolas no por el carril sino por donde la adherencia -por llamarla de alguna forma- me permite pasar.
Al cabo de unos minutos, de los que recuerdo que Juanico iba comentando lo locos que estábamos, llegamos al olivar donde dejé el coche. Pero, desde donde aparco, no se ve el Simca. Se bajan los amigos del coche y preguntan que dónde está el coche.... "pues ahí arriba", digo y echo a a andar.
Ahora caigo en qué grado de confianza tenían que tener conmigo, porque, bajo el agua, chapoteando en el barro, sin que nadie hubiera dicho nada sobre protegerse o no del temporal, me siguen sin decir nada.
Subimos una pequeña pendiente y, allí está el coche, cristales cerrados, empañados y, dentro Alicia y Rafalillo, comiendo... "pollito, pollíto", había dicho el chico, a quien no le gustaba tal yantar y del que no pudo hacer remilgos dado el berenjenal que, entendía, nos habíamos metido.
Quitamos algo de barro de las ruedas y, empujando conseguimos con no poco esfuerzo subir al Simca un poco más arriba de donde está. El objeto es que, parece, hay una especie de vaguada que, pasando por encima de una acequia antigua, llega al carril donde habíamos dejado el Dyane.
El Simca está apuntando hacia abajo, pero no cae, está adherido al suelo y, cuando vemos por dónde habíamos pensado bajarlo nos damos cuenta que es, más bien, tirarlo. La acequia es más ancha y más profunda de lo que pareció en un principio. Con todo, seguimos en el plan. Juanico no está entre nosotros, ha desaparecido. Lo vemos venir con algo insólito: un neumático en cada mano.
Sorpresa generalizada: "¿De dónde has sacado eso?". Dice, "de ahí al lado y hay muchos más, así que, a por ellos; llenamos la acequia y el coche pasará por encima...."
Le hacemos caso, llenamos la acequia de neumáticos. Empujamos al coche que, al llegar a las ruedas choca con el paragolpes contra ellas. No cabe duda de que nos estamos acercando al final de la aventura. El coche está a unos 10 metros del carril... casi hemos acabado. Jé. No exagero. Puesto en el lado de la acequia que nos queda por pasar delante del coche, veo la bola de enganche. O sea, que está "clavado".
Le empujamos, tratamos de levantarlo, le volvemos a empujar. Al final, saco el gato y lo pongo en su sitio, espero que levantándolo mucho podamos empujarlo y caiga un poco más adelante. Paco Ortega dice que esa es la solución, que eso lo lleva haciendo la naturaleza muchísimo tiempo. El hielo levanta una roca y, cuando se deshiela, ésta se desplaza por la pendiente. Lo llamaba -o yo lo entendía así- el "pipckraker" . O sea, que, todo solucionado. Acciono el gato y, a medida que doy vueltas a su manivela veo cómo la plataforma triangular que toca el suelo, ... se va hundiendo en el barro. Hace falta una piedra... y no hay ninguna...
Juanico va a lo suyo. Unos metros a la derecha hay una piedrecita que parece un mojón. La empujamos, golpeamos, nada... tiene que estar sólidamente anclada porque aquello no se mueve. Pero está Juan, y su inmensa paciencia. Con un destornillador de esos que, por un lado es de estrella y, del otro, plano, empieza a trabajar sobre los alrededores de la piedra.....
Al cabo de un rato, el agujero que hay alrededor de la piedra es notorio y.... la piedra sigue hacia abajo. Los del coche seguimos tratando de que el gato.... suba al coche. Hemos puesto debajo de la plataforma todo lo que hemos podido. Creo que llegamos a sacar la rueda de repuesto, pero no era fácil trabajar con ella.
Se oye un grito. ¡Juan ha sacado la piedra! y, ¡es grande!, va a aguantar lo que le pidamos. Corriendo, la ponemos debajo del gato, el coche sube, muy alto, lo sujetamos entre varios y, cuando ya está arriba, le empujamos para que caiga. ¡Ha avanzado!. Paco Ortega chilla de satisfacción... las rocas se mueven porque el hielo las levanta y las hace caer en el sentido de la pendiente.... ¡re-eureka!....
A todo esto -y no quiero alargarme demasiado- tenemos un aspecto de lo más... natural. Si al hombre lo hizo Dios del barro, nosotros estamos recién hechos. Nos pasamos la litrona apretándola desde el cristal.. y sale despedida. Jose Enrique, atónito, pregunta... "¿y esto lo hacéis todos los sábados...?".
El caso es que, a base de Pipcckraker, o como sea, las ruedas del coche han llegado al lado opuesto de la acequia. Me subo, arranco y arastro con el eje trasero un puñado de neumáticos. Caigo, porque es así, hasta el carril y... ¡hemos llegado!.
La vuelta a casa es apoteósica. Nos atascamos de nuevo, ahora hasta con el Dyane, Pongo a Juanico perdido de barro -hasta la cara- al patinar una rueda. Él me echa una pella de barro a la cara. .. y, así y asao....llegamos a casa de Mauri.
Es demasiado para Marisol. ¡no puedo vernos tan guarros!. Nos hace cambiar los pantalones al menos... por pijamas viejos que tiene por sus armarios.
Y, así, acabamos la tarde. Los pantalones, puestos a secar delante de la chimenea, sueltan "caracolillos" de barro. Alguno de nosotros, preciosos, con nuestros "sky-jamas" rosas, tomamos café y nos enorgullecemos de nuestra aventura.... Una más, pero no una menos.
El final de esto acaba al volver unos días más tarde, y con tiempo más seco, a por la piedra salvadora.
Montamos unas semanas más tarde una fiesta y, entronizamos la piedra con una placa de aluminio que reza así.
Ni que decir tiene que los aventuremos sentimos haber fundado y, pertenecer, a una especie de cofradía: "Los rescatadores". y, de resultas de todo aquello reconocimos la gran profesionalidad de Juanico que puso a parir.... a los montes.
Plan, no sabemos cómo, pero si que, hagamos lo que hagamos, acabaremos en casa de Mauricio, en San Javier. Familia Flores: padre, madre y Rafalillo con menos de 3 años, o sea, año 82. Vehículo, el Simca 1200 ex de la cantera y renovado con motor "nuevo" puesto por nuestros amigos de Loja.
Salimos los tres de familia con comida incluida a dar un paseo en dirección a la Malaha. Pensamos comer por nuestra cuenta y, si acaso, a la caída de la tarde, dejarnos ver por San Javier, donde esperamos esté un buen resto de la panda: Mauri y family, Juanico and resto, etc., etc.
Vamos por la carretera de los Bermejales, subiendo hacia la Malaha, hemos pasado ya Las gabias y estamos en la recta larga donde hoy está la ITV. No recuerdo cómo, será por lo de las nubes que empiezan a descargar y no precisamente de forma suave, pero decidimos dar la vuelta e irnos a casa del Mauri.
Tonto de mí, escojo ir por un carril que conocía, que iba muy rápidamente hacia San Javier. Voy a marcha normal cuando arrecia el agua. Está cayendo sobre suelo seco y, en un momento veo que el carril que está en una especie de talud, empieza a inclinarse hacia la derecha. Me acerco al lado izquierdo y sigo conduciendo con mucha atención.
Tengo que reconocer que el coche, aún a pesar de ir andando normal, empieza a deslizarse de lado. La inclinación del carril me está llevando al borde del mismo. Como veo que el escalón que hay entre éste y la avena plantada a la derecha no es muy señalado, decido tirarme a la avena y... acelerar.
Alicia está callada. Ha visto el agua que nos está cayendo encima y ve que estamos huyendo de ella... en dirección San Javier. Avanzo entre la avena, el coche todavía se conduce y.... empieza a calentarse, la avena está tapando el radiador. Es decir, parece que estamos en un barco dentro de un mar verde.
Acelero porque la pendiente a mi favor se va a acabar de un momento a otro y mi intención es subir a un olivar que tengo delante. Sé que, detrás de él, hay un carril, que frecuento, que va desde Gabia hacia la finca de nuestro amigo "el vientos". El coche empieza a perder velocidad a la vez que noto que el arco que puedo marcar con l volante se ha reducido. Los guardafangos tienen que estar llenos de barro. Llego al olivar y, al cabo de unos metros el coche se detiene. No he quitado la marcha ni he dejado de apretar el acelerador... o sea, patinamos.
Paro el motor, que humea. Un silencio dentro del coche y el agua crepitando contra todo lo que hay alrededor.
Le digo a Alicia que voy a por ayuda. Supongo que, en casa de Mauri, estarán todos los amigos que pueden ayudarnos. Cojo mi anorak y Alicia me da el suyo... para lo que pueda servir. Salgo del coche bajo torrentes de agua y echo a andar.
No importa ni la lluvia, ni el barro ni los anoraks empapados. Voy agarrándome a los olivos para no caer o para levantarme cuando he caído. Avanzando como puedo hasta la "urba".
Recuerdo que no podía ni plantearme si había hecho lo correcto o no. Había que llegar a por ayuda y, allá iba.
Llego a casa del Mauri. Llamo a la puerta: Están: Mauricio, Juanico, Paco Ortega y Jose Enrique, más las mujeres respectivas que me miran con ojos desencajados. Yo era -más o menos- una estatua de barro. Les digo que me acompañen y obtengo la respuesta rápida y decidida. Creo que habían comido ya. Subimos al coche de Mauri, el Dyane Edelweiss que -según Marisol- se había comprado para imitarme...
Vamos cinco. O sea, coche lleno de mas y, tiro, aún bajo una lluvia intensa, por los carriles que conozco. En algunas curvas acabamos dándolas no por el carril sino por donde la adherencia -por llamarla de alguna forma- me permite pasar.
Al cabo de unos minutos, de los que recuerdo que Juanico iba comentando lo locos que estábamos, llegamos al olivar donde dejé el coche. Pero, desde donde aparco, no se ve el Simca. Se bajan los amigos del coche y preguntan que dónde está el coche.... "pues ahí arriba", digo y echo a a andar.
Ahora caigo en qué grado de confianza tenían que tener conmigo, porque, bajo el agua, chapoteando en el barro, sin que nadie hubiera dicho nada sobre protegerse o no del temporal, me siguen sin decir nada.
Subimos una pequeña pendiente y, allí está el coche, cristales cerrados, empañados y, dentro Alicia y Rafalillo, comiendo... "pollito, pollíto", había dicho el chico, a quien no le gustaba tal yantar y del que no pudo hacer remilgos dado el berenjenal que, entendía, nos habíamos metido.
Quitamos algo de barro de las ruedas y, empujando conseguimos con no poco esfuerzo subir al Simca un poco más arriba de donde está. El objeto es que, parece, hay una especie de vaguada que, pasando por encima de una acequia antigua, llega al carril donde habíamos dejado el Dyane.
El Simca está apuntando hacia abajo, pero no cae, está adherido al suelo y, cuando vemos por dónde habíamos pensado bajarlo nos damos cuenta que es, más bien, tirarlo. La acequia es más ancha y más profunda de lo que pareció en un principio. Con todo, seguimos en el plan. Juanico no está entre nosotros, ha desaparecido. Lo vemos venir con algo insólito: un neumático en cada mano.
Sorpresa generalizada: "¿De dónde has sacado eso?". Dice, "de ahí al lado y hay muchos más, así que, a por ellos; llenamos la acequia y el coche pasará por encima...."
Le hacemos caso, llenamos la acequia de neumáticos. Empujamos al coche que, al llegar a las ruedas choca con el paragolpes contra ellas. No cabe duda de que nos estamos acercando al final de la aventura. El coche está a unos 10 metros del carril... casi hemos acabado. Jé. No exagero. Puesto en el lado de la acequia que nos queda por pasar delante del coche, veo la bola de enganche. O sea, que está "clavado".
Le empujamos, tratamos de levantarlo, le volvemos a empujar. Al final, saco el gato y lo pongo en su sitio, espero que levantándolo mucho podamos empujarlo y caiga un poco más adelante. Paco Ortega dice que esa es la solución, que eso lo lleva haciendo la naturaleza muchísimo tiempo. El hielo levanta una roca y, cuando se deshiela, ésta se desplaza por la pendiente. Lo llamaba -o yo lo entendía así- el "pipckraker" . O sea, que, todo solucionado. Acciono el gato y, a medida que doy vueltas a su manivela veo cómo la plataforma triangular que toca el suelo, ... se va hundiendo en el barro. Hace falta una piedra... y no hay ninguna...
Juanico va a lo suyo. Unos metros a la derecha hay una piedrecita que parece un mojón. La empujamos, golpeamos, nada... tiene que estar sólidamente anclada porque aquello no se mueve. Pero está Juan, y su inmensa paciencia. Con un destornillador de esos que, por un lado es de estrella y, del otro, plano, empieza a trabajar sobre los alrededores de la piedra.....
Al cabo de un rato, el agujero que hay alrededor de la piedra es notorio y.... la piedra sigue hacia abajo. Los del coche seguimos tratando de que el gato.... suba al coche. Hemos puesto debajo de la plataforma todo lo que hemos podido. Creo que llegamos a sacar la rueda de repuesto, pero no era fácil trabajar con ella.
Se oye un grito. ¡Juan ha sacado la piedra! y, ¡es grande!, va a aguantar lo que le pidamos. Corriendo, la ponemos debajo del gato, el coche sube, muy alto, lo sujetamos entre varios y, cuando ya está arriba, le empujamos para que caiga. ¡Ha avanzado!. Paco Ortega chilla de satisfacción... las rocas se mueven porque el hielo las levanta y las hace caer en el sentido de la pendiente.... ¡re-eureka!....
A todo esto -y no quiero alargarme demasiado- tenemos un aspecto de lo más... natural. Si al hombre lo hizo Dios del barro, nosotros estamos recién hechos. Nos pasamos la litrona apretándola desde el cristal.. y sale despedida. Jose Enrique, atónito, pregunta... "¿y esto lo hacéis todos los sábados...?".
El caso es que, a base de Pipcckraker, o como sea, las ruedas del coche han llegado al lado opuesto de la acequia. Me subo, arranco y arastro con el eje trasero un puñado de neumáticos. Caigo, porque es así, hasta el carril y... ¡hemos llegado!.
La vuelta a casa es apoteósica. Nos atascamos de nuevo, ahora hasta con el Dyane, Pongo a Juanico perdido de barro -hasta la cara- al patinar una rueda. Él me echa una pella de barro a la cara. .. y, así y asao....llegamos a casa de Mauri.
Es demasiado para Marisol. ¡no puedo vernos tan guarros!. Nos hace cambiar los pantalones al menos... por pijamas viejos que tiene por sus armarios.
Y, así, acabamos la tarde. Los pantalones, puestos a secar delante de la chimenea, sueltan "caracolillos" de barro. Alguno de nosotros, preciosos, con nuestros "sky-jamas" rosas, tomamos café y nos enorgullecemos de nuestra aventura.... Una más, pero no una menos.
El final de esto acaba al volver unos días más tarde, y con tiempo más seco, a por la piedra salvadora.
Montamos unas semanas más tarde una fiesta y, entronizamos la piedra con una placa de aluminio que reza así.
"OMNIA HOMINI DUM VIVIT
SPERANDA SUNT
IN MEMORIAM JOHANNES
GINECOLOGUM MONTIS
CUIUS PETRUS EST SIGNALEM
ILIBERIS XXV APRILIUS MCMLXXXII"
Ni que decir tiene que los aventuremos sentimos haber fundado y, pertenecer, a una especie de cofradía: "Los rescatadores". y, de resultas de todo aquello reconocimos la gran profesionalidad de Juanico que puso a parir.... a los montes.
sábado, 4 de julio de 2015
la hormigonera de los c.....
Cuando se tiene -es un decir, porque es del banco-, una parcela en una "urbanización", se está dispuesto a recibir, adoptar, acoger, asimilar, comprar (en menos casos).... cualquier cosa que la familia, amigos, o quienes quiera que sean, te puedan dar.
Recién llegado a "propietario", que sigue siendo -como indico dos líneas más arriba-, falso, porque era el banco el que tenía la propiedad, me ofrecieron -nos ofrecieron-, una hormigonera.
Recién llegado a "propietario", que sigue siendo -como indico dos líneas más arriba-, falso, porque era el banco el que tenía la propiedad, me ofrecieron -nos ofrecieron-, una hormigonera.
Era, como el escrito de Quevedo, una hormigonera superlativa, era el espolón de un galera, una pirámide de Egipto, era..., una hormigonera, de la que me había hablado mi amigo Sorroche, y sin verla, ya tenía adjudicadas todas las propiedades para acabar la casa, la piscina, el garaje, el techo del kiosco de verano, ... en fin. ¡la rehormigonera!.
Con el remolque que me habían hecho, anduve, por carriles y sierras, eludiendo civiles y carreteras normales donde alguien pudiera decir que "no tenía papeles"...llegando a Huétor Santillán, a casa de un señor, amigo, a su vez, de Antonio.
Con la "plumilla" que tenía el "Sorro", cargamos el mamotreto en el remolque. Vuelta a casa, por Víznar, Alfacar, Nivar, Güevejar, Calicasas, Atarfe,carriles de la vega, puente de los vados, Belicena, ... en fin, casi Siberia.
Al explorar las propiedades de la gran -y esperanzadora- máquina, veo que es trifásica, que tiene serios problemas con el cojinete de salida en el eje que acciona el bombo, que tiene un motorazo, que...
Al día siguiente, sin falta, pregunto a mi "compa" de tecnología sobre la posibilidad de enganchar algo trifásico en mi corriente monofásica. Se va a su departamento y hace los cálculos oportunos. Describe la compra de los condensadores que la harían posible como algo fuera de las economías normales... O sea, tengo un hormigonerón, que sólo produce óxido, por el momento.
Como hay sitio de sobras en casa, no hago problemas. Ya veré qué y cómo hacer.
Al cabo de un cierto -no poco- tiempo, en el que prosigo dándole vueltas al tema, veo que no voy a ser capaz de poner en marcha semejante armatoste. Se lo digo a mi cuñado Fernando y él me dice que va a necesitar una hormigonera, así de grande, para algún trabajo que tiene que hacer en Atarfe.
Decido llevársela. El problema es cargarla en el remolque. A base de trabajar con el gato conseguí subirla hasta la altura de la plataforma de remolque.
Estaba claro, pondría el remolque, tal y como se ve, a la derecha del dibujo, pegando su borde con el lado más cercano a la "pata" del remolque, y, a partir de ahí.... qué hacer....
¿jugar con la inercia?, es decir, ¿dar un empujón súbito para que la "pata" se subiera a la plataforma?.
Era jugar todo a una baza. Si salía bien, pues ya está... ¿y si no?, hormigonera panza arriba, borde de remolque deformado... ¡qué lío¡.
Nueva idea. Hacer un agujero en el suelo, y, aprovechando que tenía unos chopos bastante derechos, 'plantar' un chopo en diagonal entre el agujero y la caja de mecanismos de la hormigonera. Allí haría una sujeción con cuerdas, alambres, tornillos o lo que sea. Se trataría, entonces, de empujar, como pensaba antes, pero ya no se basaba el tema en la suerte. Habría -esperaba- una reacción a través del chopo y éste impediría que, al menos, se fuera hacia atrás. El problema de equilibrio era notorio, pero... ya está, diseñado.
Llega el momento y, no me fío. Menos mal que estaba aquí Rafa y, entre los dos veíamos el proceso con bastante aprensión.
Al final, la solución. Véase el dibujo:
Rafa-hijo, en el AX. Una cuerda atada al gancho delantero, pasa por debajo del Nissan, sube por encima del remolque y.... sujeta a la hormigonera.
A una voz -no recuerdo cómo lo hicimos- yo eché para atrás el Nissan empujando al remolque que, a su vez empujaba a los bloques sobre los que estaba la hormigonera y Rafa, desde el AX, marcha atrás, tiraba todo lo que podía.
Resultado: un estruendo, vibraciones y.... silencio.
Bueno, no, mamá (Pacita) y Tere Flores, que estaban presentes, rompieron a aplaudir. De ahí deduje que la hormigonera no estaba en el suelo....
Al final, nada, prosaico. La llevé, a través -como siempre- de carriles choperos, hasta los mármoles en Atarfe, llegó un "torillo" y la bajó, así, como si nada, como si no pesara, como si no me hubiera costado ningún trabajo..... yo creo que esperaba un diploma por haberlo subido, pero no, un torillo y, al suelo... ná más.
Decido llevársela. El problema es cargarla en el remolque. A base de trabajar con el gato conseguí subirla hasta la altura de la plataforma de remolque.
Estaba claro, pondría el remolque, tal y como se ve, a la derecha del dibujo, pegando su borde con el lado más cercano a la "pata" del remolque, y, a partir de ahí.... qué hacer....
¿jugar con la inercia?, es decir, ¿dar un empujón súbito para que la "pata" se subiera a la plataforma?.
Era jugar todo a una baza. Si salía bien, pues ya está... ¿y si no?, hormigonera panza arriba, borde de remolque deformado... ¡qué lío¡.
Nueva idea. Hacer un agujero en el suelo, y, aprovechando que tenía unos chopos bastante derechos, 'plantar' un chopo en diagonal entre el agujero y la caja de mecanismos de la hormigonera. Allí haría una sujeción con cuerdas, alambres, tornillos o lo que sea. Se trataría, entonces, de empujar, como pensaba antes, pero ya no se basaba el tema en la suerte. Habría -esperaba- una reacción a través del chopo y éste impediría que, al menos, se fuera hacia atrás. El problema de equilibrio era notorio, pero... ya está, diseñado.
Llega el momento y, no me fío. Menos mal que estaba aquí Rafa y, entre los dos veíamos el proceso con bastante aprensión.
Al final, la solución. Véase el dibujo:
Rafa-hijo, en el AX. Una cuerda atada al gancho delantero, pasa por debajo del Nissan, sube por encima del remolque y.... sujeta a la hormigonera.
A una voz -no recuerdo cómo lo hicimos- yo eché para atrás el Nissan empujando al remolque que, a su vez empujaba a los bloques sobre los que estaba la hormigonera y Rafa, desde el AX, marcha atrás, tiraba todo lo que podía.
Resultado: un estruendo, vibraciones y.... silencio.
Bueno, no, mamá (Pacita) y Tere Flores, que estaban presentes, rompieron a aplaudir. De ahí deduje que la hormigonera no estaba en el suelo....
Al final, nada, prosaico. La llevé, a través -como siempre- de carriles choperos, hasta los mármoles en Atarfe, llegó un "torillo" y la bajó, así, como si nada, como si no pesara, como si no me hubiera costado ningún trabajo..... yo creo que esperaba un diploma por haberlo subido, pero no, un torillo y, al suelo... ná más.
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