miércoles, 25 de junio de 2025

Begijar en la embajada de España, en México D.F.

 

Estábamos en México D.F., en verano del 1982. Alicia -Sra, ¡vive dios!-, Rafa-lillo, filio y yo. Vivíamos en casa de mis cuñados que estaban de periodistas en Televisa o en algún medio de esos que son importantes. Bueno, pues, resulta que en ese año se estaban afinando relaciones históricas entre el nuevo régimen hispano y las herencias históricas recientes: No sé qué rango de Estado le concede una medalla -tampoco sé de qué rango- a Dª Lola, Sra. de D. Manuel Azaña.

Como estamos en continuo contacto con la familia Rivas, nuera y nietos de D. Cipriano, estamos más que invitados a la recepción en la embajada y allá que vamos. Acto protocolario, mucha tele. Mundo chico porque me encuentro con subsecretarios de Estado con los que estuvimos en las reuniones de los PNN un par de años antes. En fin, y contra mis expectativas, aquello está molón.

Pero los expatriados hispanos son unos cabritillos. Saben que en la Embajada dan unos canapés magníficos, pero poca cerveza. Así que se pasan de piso a piso tratando de captar al líquido no elemento pero que da tantas satisfacciones.

Granujas. Se van todos y.… me dejan a Dª Lola, Los dos solos en un magnífico salón. La señora, que es una señora, de romper y rasga, eso sí, elegante y lenta al hablar me trata de sacar temas sobre mi posible conocimiento de la República y de su marido. Bueno, me voy adaptando porque si bien había leído algo de sus memorias, ella,  no parece ir por ahí sino que me ha atribuido carácter universitario y me insta a que averigüe si podría reivindicarse a D. Manuel como filólogo.

Ahí, patino del todo. Ni puta idea. Pero, vamos, ni ná ni ná. Eso, sí, también por mi parte genio y figura, hablo de lo que conozco -poquísimo- del Ministerio de Educación y.… echo balones fuera.

Nos recupera el "staff" de alto nivel y me encuentro en un corrillo grande con la Becerril, y su séquito y Dª Lola.  Curioso porque es un círculo amplio en el que alguien habla y el resto escuchamos. Está, también un hermano de Javier Ruipérez -diplomático- que es el que, en un momento, lleva la voz cantante.

Sale el tema "Andalucía" y este señor pide perdón porque le da vergüenza reconocer que no conoce nada, casi nada, casi nada, de Andalucía. y dice ·"sólo he ido a un pueblo que, al parecer, es de los pequeños y que nadie, nadie, conoce: Begijar". Y, claro, ahí me toca a mí.

Digo. tímidamente -estoy rodeado de promujeres y prohombres de estado y de historia- "mi madre es de allí". Todo el mundo toma interés en el tema de que un señor, relativamente importante, no conoce más que eso y eso es muy importante para mí.

Total, pequeña ponencia sobre Begijar... y no les hablé de la piscina de la Bullidera ni de Paco el Moro, pero poco me faltó para hacerlo.

O sea, que Begijar Begijar está en México, D.F., con un montón de gente importante alrededor.

¡Qué bien!

¡Ah!, se me olvidaba la contrapartida.

Un tiempo después, ya estando en Begijar, le conté esto al tío Bernardino y le pareció interesantísimo. Claro, chismorreo popular-político...Decía ¿y quién dices que es ese?. "Tengo que averiguar a qué y con quién ha venido"... y se fue a la calle.

Volvió, no sé si esa tarde, tarde o al día siguiente y, nada, curriculum al canto. "Vino a la cacería de ... y estuvo con... "... Total, el Gran hermano Begijense funcionaba. ¡vaya que sí funcionaba!

 

 


viernes, 6 de junio de 2025

La aventura remolcada

 SONETO A UN REMOLQUE

Érase un hombre a un remolque pegado,,
érase un remolque medio vivo.

érase un peje espada mal barbado;

era un reloj de sol mal tostado

érase un elefante boca arriba,

érase un remolque sayón y acojonado.


Érase el espolón de una

galera,

érase una pirámide de

Egipto,

los doce tribus de narices

era;

érase un coñazo infinito

latazo, archi pesado y sin acabado,
sabañón garrafal, morado y frito.
 
Y, ahí está.
 
Y ahí sigue, y seguirá si alguien lo remedia.
 
Ayer, después de haberme pasado un buen rato arreglando el descuadre de la puerta trasera, en el que, con angulares reforcé los flancos, soldé una traversal a ambos, arreglé bisagras, comprobé cierre y seguridad del mismo...
 
Lo cargué, con piedras abujardadas que tendrán que formar suelo alguna vez.
 
No sé cuantas, ¿20, 30?. Pueden ser. 
 
Les añadí las muelas de fresar piedra.... y anduve al almacén marmolero de Cullar.
 
Pero, como no estaban los dueños, quedé en llevarlas en otra ocasión.
 
Más, como estaban cargadas y eso era  un latazo, se me ocurrió llevarlas a que le cortaran los trozos rotos y dejarlas en formas rectangulares. A Alhendín, como siempre.
 
Voy despacio. Pesa bastante y tengo  una rueda algo floja.
 
Echo por la ruta que va desde Las Gabias a la carretera de Motril. Voy despacio y oigo un ruido en la rueda, lo atribuyo a un roce pequeño con el cojinete y disminuyo la velocidad, pero, no es suficiente. Lo demuestra la experiencia.
 
Por el retrovisor vigilo la rueda sospechosa. Súbitamente, la rueda desaparece de su sitio y el buje, al suelo. Me voy hacia el arcén dejando  una huella en el asfalto.
 
Me bajo a buscar la rueda, al lado de un olivo de enfrente y, de los tornillos, ni hablar. 
 
Llamo a Alicia, Aviso de conflicto y digo que pase por casa del vecino a recoger tornillos de rueda... digo yo que ya barruntaba que acabaría arreglando el percal.
 
Pero, ¿qué hago?. Pues... no parar, abro el coche y empiezo a meter losas en el maletero. Poco a poco. Pesan y algunas, son grandes, entran justas. 
 
Un olivarero que está regando sus predios se acerca y de forma admirable ni lo piensa. Se pone a pasarme losas y, entre los dos, vamos llenando el coche. 
 
Una voz, extraña a nosotros me pregunta "¿Qué ha pasado?". Me vuelvo. Está pintado de verde, entero, pero tiene una cara franca y no hace ningún aspaviento extraño. Él, dice, que se ha escapado la rueda. Hay otro señor, también vestido de verde que, desde el otro lado de la carretera pregunta por la rueda. Les digo que está en el coche. Son "la guardia civil". 
 
Se incorporan a la función. Todo en ambiente muy normal, colaboradores y como, además, hemos continuado la función bajando al suelo, al olivar, vaya, las piedras que no cabían en el maletero, dicen de poner la rueda. 
 
A esto, había llegado Alicia, con los tornillos. Yo había puesto la luz de emergencia que, nunca, me había parecido tan ridícula. Uno de los civiles insiste en que busque un chaleco amarillo y me lo ponga. Lo saco del Peugeot. Me lo pongo. 
 
Llega otra dotación de los civiles, un agente y una agenta. Cordiales, que también dicen de levantar a peso el remolque -lleno todavía de las fresas y que pesan  un montón-. Pues eso, lo levantan, yo pongo los tornillos -3-, el 4º está lleno de... tornillo segado. ¿Y la llave?.. No hay llave de ruedas en el coche. Pero, no hay problema porque ninguno de los dos coches de la G.Civil tienen.. ¡ah!, sí, una 21, pero hace falta una 19. 
 
Mal usando el cazo de la llave se llega a un cierto nivel de apriete. A todo esto, el campesino ha desaparecido y aparece entre los olivos con una llave de cruz. Que para eso están las aceitunas. Esa sí tiene la 19 y apretamos -en lo que se puede- los tornillos, los tres tornillos.
 
Muy profesionales, los civiles vigilan la concordancia del coche, mi nombre y quedo como "auxiliado por la G. Civil". y yo, encantado. 
 
Con el coche lleno y el remolque vacío tiro para el taller. Alicia se ha ido un pelín antes. 
 
Dejamos allí las ruedas y nos vamos para casa. Despacio para que no se vuelva a repetir el número. Llegamos.
 
Y, claro, como esto es una aventura normal, cambiamos el coche y nos vamos a hacer tareas de recoger alfombras, encargar cemento, y etc. eetc....
 

O sea, la aventura es la aventura de mi remolque pegado a....