domingo, 13 de agosto de 2017

mamá, me aburro...


-      Mamááááá..... ¡pero mamá!..
-      Niño, no se dice “mea burro”, se dice “orina caballo”.
-      Ajuuuuu.... siempre dices lo mismo.... ¿qué hago ahora?.
-      Juega...
-      Sí, ¿a qué?.
-      ¡Como si no tuvieras juegos!
-      Sí, pero son siempre los mismos......
-      Pues consuélate que hay quien no los tiene...
-      ¡Pues vaya!.....

Como estas... a montones... pero ¿cómo se las arreglaba que siempre terminábamos jugando?

Por ejemplo, doscientos primos, lugar, casa de la “abuelita” (curioso, nunca fue “casa del abuelo”), en la calle Marqués (...de Linares, 40, ¡por favor!), fecha, cualquier domingo y hora... después de comer en esas sobremesas larguísimas que tenían “los mayores” y a las que yo me hubiera pirrado por estar presente...

Pues eso, alguno de nosotros, quien quiera que fuese, se acerca a la puerta y aprovecha a... mamá o a cualquier mamá.... o sea, que la versión podría cambiar...


-      Tía Isa (o tía Teresa, o tía ... quien fuere)
-      Estamos aburridos, ¿a qué jugamos?.

A partir de ahí, había variaciones. Dependía del tiempo (climático, me refiero, o sea que si no llovía)..

  
-      Salid al patio a jugar, pero ¡cuidado con las macetas!

Y, si estaba cubierto, hacía frío o lloviendo...


-      Iros al cuarto de estar, esperad que os doy tijeras y estampas[1]

Entonces, aparecía, surgía una actividad creativa “e investigadora” cual pocas podría existir. No había ya primos ni niños, aparecía una factoría de objetos múltiples a cual más sugerente y que, además, invitaba a que la próxima vez se hicieran más y mejores.

Empezaremos por describir algo inusual tanto entonces, como lo pudiera ser hoy día: La mesa.

Alguien en aquella inmensa familia descubrió la posibilidad de cubrir -de los incipientes plásticos- lo que de otra forma hubiera corrido un gran riesgo (la faldilla) y, así, una a una, todas las mesas de la familia empezaron a cubrirse de un extraño “sombrerete”.

 

Además, no deja de ser curioso que desde muy pequeños nos dejaran  utilizar tijeras que, desde luego, no tenían la más mínima homologación “infantil”. O sea, que de puntas romas, nada de nada. Sí había, sin embargo, unas recomendaciones tajantes y que, bajo ningún concepto podían ser puestas en cuestión.

-      ¡Tened mucho cuidado con las tijeras!.

También, algunas consideraciones acerca de si la punta más afilada debería ponerse hacia arriba o hacia o hacia abajo y... poco más.

-      ¡Ala!. ¡A jugar!...

Y no había nada más que decir...

Pero,... ¿qué podíamos hacer con tijeras y “estampas”?.




Uf. ¡Multitud de cosas!.

Por ejemplo....

A)          Cualquier estampa, se dobla, aproximadamente por la mitad.
B)           Se dibuja en las cercanías de ese “canto”, figuras tales como:




C)           se recorta, se abre y sale una figura así de interesante:







Ahora, se “calca” la parte central sobre una nueva estampa –ahora de otro color-
Y obteníamos una maravillosa chaqueta:



Si se hacía sobre diversas partes del cuerpo, se iban obteniendo pantalones, blusas y ¡hasta guantes!....

Total, un montón de horas dedicadas a esto.... pero... tenían un defecto....

--¡Mamá!. ¡Esto es cosa de niñas!...

Pues sí, la verdad es que todavía/o, no había entrado/a la problemática /o de la educación sexista/o. O sea que, “los niños con los niños y las niñas con las niñas”....

Y, ¿qué se puede hacer  -de niños- con unas tijeras y un puñado de estampas?.

No hay problema, viene mamá y lo soluciona.



He aquí algunas ideas....

De nuevo el cartón, pero ahora la figura es otra:



Y, de ahí, sale




  
Luego, se dobla por los sitios importantes y viene a salir algo así:

 





 ....¡ Un maravilloso “carro”!, con burro, mulo o buey, que todo era cuestión de habilidad.

Lo mejor de todo es que, a partir de ahí podía haber “pique” entre unos y otros o con uno mismo para hacerlo más “de verdad” (realista, diríamos hoy), entonces había que ingeniarse para separar los varales del carro, que los cuernos (caso de buey) salieran nítidos y separados y, hasta hacer las patas de un lado distintas de las del otro para que pareciera que estaba andando.

El problema era que... no andaba y, claro... las quejas... ¡a mamá!.

-      Mamá, esto es muy aburrido,... ¡no anda!
-      ¿Qué no anda?, ¡trae para acá!

Y volvía a plantear el corte en la estampa, pero ahora le añadía una extrañísima figura detrás.


Algo así:


Y, cuando se cortaba y “montaba” adecuadamente....¡teníamos esto!:



Aparentemente no era más que la “tapa” de la ‘caja’ del carro, pero ¡hete aquí que si te ponías detrás del carro y ¡soplabas!, aquello corría que se las pelaba....

Después de estas hazañas maternales no te quedaba más remedio que mamá era un pozo sin fondo que tenía recursos para llevarte donde quisiera y dejarte sin posibilidad de quejarte.

Claro que, para que te dijera el sinfín de trucos que podía tener dentro... había que tenerla contenta y eso... eso es otra historia.





[1] ¿Se le decía así a las tarjetas de propaganda de las medicinas?.

martes, 1 de agosto de 2017

Rescate nocturno

Julio, finales, de 2017. Una panda de escaladores en casa comen, -comemos- algo más temprano de lo habitual. Nuestro equipo expedicionario va a hacer una subida de 160 metros en "los Vados", del azud de Vélez de Benaudalla.
Salieron deprisa, ya sabían que tenían el tiempo un poco ajustado y, según los ensayos que habían hecho en la piscina, las "estaciones" y los relevos estaban preestablecidos.
Pasa la tarde, calurosa, como corresponde a la estación y, sobre las diez de la noche, la Condesa de Híjar echa en falta noticias de la "expedición"...
"¿Sabéis algo de la panda?", dice dirigiéndose al resto de la family que ha quedado en casa.
"Pues no, la verdad, pero no es tarde".
"Sí, -dice ella- tenían que haber dado noticias".
10,40 horas de la noche del 29 de Julio. Una llamada:
Maruxa, con voz convocante: "Estamos bien, ya arriba del todo. Acabamos de llegar y estamos lejísimos del coche, ¿podríais venir a recogernos?".
Se pone en marcha el equipo de rescates.
Yo, al ordenata, Google Maps, "La Bernardilla" buscada de forma directa porque era el lugar que más nos sonaba, o más próximo que al conocíamos. Nos han dicho que están en el repetidor de móviles situados en el "Alto del tajo de los Vados", nombre que, al pedirlo en el "Maps", nos llevaba a la provincia de Cuenca, por aquello del Tajo.
No, ahí no están, más al sur, 500 kms más al sur, si no más.
Por fin, salen catreteras que, cuando pasamos a imágenes parecen sencillas y coherentes.
Pero vamos deprisa, no hay tiempo de hacer un mapa, así que, echo manos al móvil y fotografío la pantalla del portátil.
Salimos Fernando y yo tirados al Galloper, Yo, que estoy un poco 'licuado' echo una botella de agua, pero, no hay más, carretera y manta.
Como hay más de una posibilidad de salida, digo a Fernando que vaya buscando la mejor de las posibles, o por Ízbor o por Vélez, y, así, así, llegamos al cartel de Ízbor y, echamos por ahí.
Carretera antigua, la de siempre siempre. Tengo que recordar las curvas que tanto me hicieron disfrutar en las subidas apuradas con el Dyane.
Es noche cerrada del todo, sabemos que hay una pequeña luna y, cada poco tiempo comunicamos con los expedicionarios. "¿Dónde estáis?"....
Las contestaciones son normales... "bien, bajando por una carretera dirección norte, como nos habéis dicho. Hemos llegado a una carretera asfaltada, o sea, que hay algo de civilización".
"Osti" -digo yo- ¿asfaltada?...Eso no es por el acceso norte que es por donde queremos llegar, sino por el sur y eso no lo he mirado.
No importa demasiado, cruce de "La Bernardilla", a derechas, y sabemos que en la segunda curva -casi paella- que hay a derechas, hay que romper el camino civilizado tirando a la izquierda. Carriles.
Izquierda, primera y, entrada en los cañaverales preñados de polvo y oscuridad.
Ya desde el primer momento vemos que no parecen ser muy civilizados. Hay abandonos y rajas, ni una sola traza de ser usados. Primer arroyo, paramos, cañas, agua, y chino en el suelo.
Estamos buscando una bifurcación a izquierdas, que no aparece. Pero sí lo hace una gran casa oscura y sin ninguna traza de habitantes.
A la izquierda hay un corte sobre algún vacío. Por ahí no, al frente.
Subida, mediana, después fuerte. Tenemos que tender a la izquierda, pero no hay izquierda.
Pinos grandes que llegan muy bajo, arroyo, subida, rajas en el camino. Yo creo ir encaminado según mi "efecto paloma" (como llama Fernando a eso de "ir orientado").
Creo, de verdad, que vamos bien. Subida pronunciada y, cuando las condiciones nos permiten hablar dice Fernado. "Oye papá, ¿tú crees que lo que estamos haciendo lo hace la gente normal?¿o llaman a los civiles o a protección civil?".
No sé que responderle más allá de "ni se me había ocurrido".
Seguimos subiendo.
Cadenón de lado a lado del camino y, a la derecha una cuesta de 'primera corta y 4 x 4".
La pongo y comienzo la subida, pero me parece que, después de la pregunta de hace unos instantes, merece la pena parar algo.
Dejo caer el coche marcha atrás y, Fernando se apresta a subir andando.
A todo esto, estamos teniendo comunicaciones con los expedicionarios. Los móviles funcionan, pero no nos vemos nada de nada. Aún a pesar de la oscuridad no hay ninguna luz en el bosque, ni en los montes, sólo estrellas y algo de luna.
Indicaciones a través de nuestra diosa nocturna: "poneros de espaldas a la luna y hacer señales luminosas".
Hemos apagado las luces del coche y... no sé si vemos algo.
Espero, Fernando sube el cuestón y, al cabo de un ratito veo su linterna que viene de vuelta.
"Papá, esto está malísimo. Hay agujeros y pendiente de sobra, ¿por qué no volvemos e intentamos otro lugar?.
Efectivamente, volvemos a la oscura casa grande y ahí, empieza las comunicaciones móviles.
Rafa dice, "no sigáis intentándolo, estamos bien de luces y los caminos parecen claros, mandar "ubicación".
Asi lo hacemos y esperamos. ¡Helados!. Hace frío y, de coña, empezamos a hacer una especie de inventario de qué cosas tendría que tener el equipo de rescate: "Mantas, agua, algo de bocatas de jamón y cerveza, aunque sea sin alcohol"... y seguimos pensando.
Pero no estamos tranquilos. Arranco y retrocedo hasta el río de cañas polvorientas. Volvemos a la casa, pero aquello es feo de cojones y sugerimos subir por donde lo habíamos hecho antes. Así lo hacemos.
Pero estamos mosqueados. Bajamos y, a base de linternas, buscamos lo que que quiera que haya detrás de una puerta de hierro galvanizado: El camino que decía el satélite como bueno.
Un candado y todo nuevo.
A seguir esperando.
Al cabo de un rato, 00,30 horas. oímos a Rafa que se oye por encima de los pinos, ruidos de zorros o cualquier jaleo natural.
¡Se acabó el rescate!. Llegan ya y, efectivamente, 20 minutos más tarde, aparece el bosque iluminado. Los led de sus frontales señalan al polvo ambiental, del camino, las cañas, los pinos y el resto de plantas.
Subida al coche, vuelta a por el de Maruxa y, rápidamente, hacia casa.
La carretera de Motril "vieja" está magnífica, solitaria y oscura, incorporación a la autovía y....
llegada a casa
Alicia y el equipo de recepción ha preparado un tortillón de patatas que se ha quedado agarrado al fondo de la sartén. Lo recuperamos de su sitio y es pasado con gusto al sitio al que va destinado.
¡Fin de la aventura!¡Una más!.


jueves, 22 de junio de 2017

Adelantar marcha atrás

Como suena.
O, dicho de otra forma, salir al revés, ir de culo o, ¿qué sé yo?.
Lugar: Subida de la "Cuesta Blanca", en Río Frío, en Granada entre Loja y la Estación de Salinas.
Vamos con el Dyane, el segundo Dyane, Alicia y yo, camino de Málaga o por ahí. Vamos deprisa y concentrados en la conducción.
Hemos salido de la población. Sé, es decir, creo saber porque, como después se demostrará, no sé lo suficiente como para no equivocarme.
Tengo delante un "trailer", largo, de caja de laterales bajos, pero que no me permiten ver por encima de éstos. Voy preparado, en segunda, con el motor algo -bastante- revolucionado.
Estoy esperando una curva a derechas en la que, si estoy en el momento preciso, basta un pequeño acelerón, 3ª y el coche saltará hacia adelante.

Llega la curva a derechas, me asomo, no parece venir nadie pero, cuando rebaso el eje trasero del remolque, me encuentro con alguien que asoma de frente. No hay sitio donde meterse.
Freno a tope, busco que se me bloqueen las ruedas delanteras. En estos momentos cuento con que el Dyane va a inclinar el morro hasta tocar en el suelo. Salen chispas y se oye el ruido característico de hierro contra asfalto.
En cuanto he bloqueado las ruedas, pongo marcha atrás. Suelto el embrague y el freno y, la marranilla no sólo ha frenado sino que salta hacia atrás.
Nada, un instante, el suficiente como para que el trailer me pase por la derecha. Doy un volantazo y meto el culo del coche detrás del camión. Nuevo volantazo, ahora a izquierdas y el morro pasa a su sitio.
Nuevo punta-tacón, ruedas bloqueadas y meto primera. Suelto el embrague y el morro se levanta como si fuera a subirse al camión.
Acelero a tope, primera hasta que saltan las bielas por los lados. Me he puesto a casi 40 km/h nada más que estar detrás del portón del trailer.
Pasa el coche que tenía de frente e, inmediatamente, pongo indicador, otra vez a la izquierda sabiendo ya que tengo el adelantamiento libre. A fondo, segunda, el morro vuelve a saltar y cuando paso a la tractora estoy a punto de pasar a 3ª a tope de revoluciones.
Atravieso las casas seguidas de "Cuesta Blanca", curvas suaves enlazadas y, salgo de la población a 90 km/h.
Carretera libre. Otra aventura para el curriculum.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Adelantando al cemento

De mi padre se ha contado mucho y muchísimo más es lo que se puede contar. Por ejemplo, poca gente creo que lo ha visto en un estado de tensión física de una forma tan clara como lo he visto yo. 
¿Dónde?. Conduciendo. Bueno, conduciendo yo haciéndole pasar un apuro de los que marcan época.
Venimos de Jaén o de por ahí. Viaje profesional o de alguna razón por la que, por esa carretera veníamos los dos solos. 
Coche: el "seillas" gris, Gr-35513, ventanas abiertas, por eso del aire-acondicionado y por la carretera antigua, pero la antigua de verdad.
Pasamos "La Cerradura", hacia Granada, hay unas curvas agradables antes de meternos en el desfiladero tan bonito que precede a "La Miel-Honey".
Voy detrás de un camión de cemento de esos cuyo remolque está formado por unas bolas blancas enormes. Me voy preparando para sacarle al seillas unas revoluciones de más y, al llegar a una curva a izquierdas, empiezo a adelantarlo.
De pronto, de frente, un Alfa Romeo negro -no se me podrá olvidar- que viene hacia mí, pero que viene, que viene.
Como estoy al lado justo del trailer estoy "pillado" ni me da tiempo de pasarlo y, la frenada está apurada.
Decido "meterme" debajo del camión. Papá empieza a tirarle pellizcos, casi, al salpicadero del seiscientos. Tenso, crispado porque, delante de nosotros, a un par de metros, giran las ruedas de la cabeza tractora. Detrás, por el retrovisor, justo detrás, veo las ruedas del remolque.
El "Alfa", pasa zumbando a mi izquierda.
Salgo de debajo del camión y acabo felizmente el adelantamiento.
He estado viendo cómo papá pasaba del estado de tensión máxima en el que, entre dientes, mascullaba "Rafalito, Rafalito"...a que, de alguna manera tenga que descargar la tensión.
¿Cómo?, pues de una manera muy personal, un pescozón en la cabeza.
"¡Cabeza de chorlito!, ¿cómo se te ha ocurrido hacer eso?"....
Pues, no sé haciéndolo.

jueves, 9 de marzo de 2017

El centro del Universo.



No es exageración.

Volvíamos de Smara camino de Tiznit, habiamos salido algo tarde y queríamos pasar por TanTan con la suficiente tranquilidad como para intentar saludar a Ghalla, a quien no vimos en el viaje hacia el sur.

La salida no reviste ninguna dificultad porque el cruce está bien señalizado. Vamos por una carretera elevada sobre el terreno, al parecer fue una de las que se rehicieron a raíz de la confección del "muro", el asfalto es bueno, es ancha y, para el tráfico que hay, es la mar de cómoda.

Hemos pasado por un par de aldeas, más bien pequeñas, de casas anchas, planas y de ladrillo rojo, cuatro farolas en la calle principal y poco más.

Como fenómeno extraño, a la salida de una de estas aldeas, vemos cómo en la carretera hay, de vez en cuando, unos monolitos de hormigón bastante altos que marcan los laterales de la misma. En un principio, una cosa más, pero a unos kilómetros más adelante, encontramos una más que satisfactoria explicación. Hay un badén, de unos cientos de metros de largo, cubierto de agua. 


El Patrol va conducido con Pacho. Yo voy en el Dyane, con Lola, me parece advertir que hay más profundidad que la deseada y, en vez de seguir por la carretera, me salgo y comienzo a andar por la arena, para rodear el "charco".



Veo cómo me adelantan por medio del agua y saco las fotos correspondientes. Cuando voy a seguir yo, estoy atascado. ¡Atascado en el desierto por culpa del agua!.



Por suerte, el Dyane pesa poco, me bajo y trato de empujarle yo sólo, aunque Pacho ha bajado y viene hacia mí. En unos momentos estamos de nuevo en la carretera.

Seguimos viaje, rodeados de arena y agua, y llegamos a Tantan. Allí vamos a tener otra explicación interesante. Cuando veniamos hacia el sur, pasamos por una calle ancha que se metía en una rambla bastante grande. En medio de ella había unos 'tetrápodos'. Esos artilugios de hormigón que se usan en las escolleras de los puertos. Nos dijeron en su momento que servían para parar el agua que podría venir por la rambla. Pues bien, esta vez no los vimos, estaban cubiertos por un río increíblemente caudaloso. ¡Era verdad!.
Atravesamos el río por un puente "Bailey" sobre un cauce más angosto y seguimos viaje hacia el norte.

Cuando anocheció ocurrió lo, casi, esperado. En uno de los badenes, que era más largo de lo normal, el Dyane se paró. El agua era bastante alta y, según Lola, estaba empezando a entrar por los bajos de la puerta. Dije a Pacho que me empujara, a las bravas con el Nissan.
Dejó a la familia en el otro lado del vado y volvió a por mí. Yo sabía que iban a romperse los pilotos y lo que fuera, pero de alguna manera teníamos que salir. 
Así se hizo. Me sacó hasta el final del vado y me dispuse a secar cables y esperar que el propio calor del motor secara sus interioridades.
Es noche cerrada y aprovechamos para sacar unos yogures y alguna de las viandas que Asusa llevaba preparadas.
En esto, unas luces a lo lejos. Un coche. Viene por donde lo hacíamos nosotros y, se mete en el agua. Al cabo de unas decenas de metros, se para. Silencio casi absoluto, sólo el gorgoteo del agua llena nuestros oídos, pero, una voz en alto, en español dice "... me parece haber oído hablar español, ¿serían ustedes tan amables de sacarme de aquí?".
Subimos Pacho y yo al Nissan y retrocedemos por la carretera. En medio del vado un Peugeot blanco y, encima del capot un saharahui con su darrá y turbante sentado muy dignamente. Me pongo al lado y sugiere que tiremos de él con una cuerda. Así lo hacemos, la enganchamos a la bola de remolque y lo llevamos al otro lado. Arranca su coche y se va.


Este es el dibujo que hicimos a la vuelta a Tetuán. Lo empezaron a colorear Rafalillo y Alicilla.

Volvió a pasar otra vez, otro coche y, anduvimos ya más ligeros en secar cables y prepararnos para continuar. No era cuestión de estar toda la noche de 'rescatadores'

Seguimos viaje, rara vez vemos algún coche y la oscuridad es total. Hay grandes charcos a un lado y otro de la carretera y, de vez en cuando hay en plena calzada una especie de manchas blancas que parecen moverse. Son grandes, decenas de metros y, al pasar por encima de ellas oímos ruidos extraños. 

Así, una vez y otra hasta que, al cabo de unas cuantas veces, decido parar a ver qué es aquello.

Yo iba en el Dyane, delante del Patro, que conduce Pacho. Dejo mi coche y voy hacia el grande a pedir una linterna, pero no hace falta, con la luz difusa de los faros veo que el Nissan -blanco- tiene los bajos rojos, manchado ¡de sangre!. Se lo hago notar a Pacho quien baja inmediatamente. 

Vamos andando sobre mantas de ratones de campo quienes, ante la inundación generalizada se han subido a la carretera. Dirigimos la linterna al suelo y se confirma, por todos lados hay ratoncillos de campo blancos que huyen en todas direcciones.

Impresionado, me vuelto hacia el Dyane para continuar viaje pero, adelanto a éste y me meto en la oscuridad de la carretera. Percibo algo inusitado, tan llamativo que me vuelto a la familia, les grito que apaguen los faros y las luces de posición y que vengan conmigo.

Voy andando por un sendero en mitad del universo. Todo son estrellas. Todo son estrellas. No se ve la separación entre tierra y cielo. Una lámina de agua inconmensurable me rodea. Mire hacia donde mire, todo son estrellas.

Todo son estrellas. Estoy en el centro del Universo.














martes, 28 de febrero de 2017

sustos dormidos

A Patricia le han encargado un proyecto urgente. Estamos en mayo de 2017. Tiene que acudir a una oficina técnica a diseñar un sistema de gestión de aguas. Flo tiene trabajo de sobra y se encuentran con que no tienen con quién dejar a Anina.
Después de algunas vacilaciones encuentran por fin a una chica que resulta ser una cuidadora extraordinaria. Estudiante de idiomas, aprovecha sus cuidados infantiles para practicar con los chiquillos que han dejado alguna vez a su cuidado.
La casa, que en principio había sufrido una conmoción por lo apresurado del trabajo, va arreglándose a la nueva situación. La chica llega a las siete de la mañana. Están Flo y Patri desayunando rápidamente para marchar a la calle.
Elena, que así se llama esta "ayudanta", se encarga de levantar a Anina, llevarla al cole y recogerla antes de comer.
Nuestra sobri-nieta está feliz, chapurrea ya algo en francés, spanglish e italiano. Está encantadora, juerguista y alegre, con esa sonrisa que le caracteriza.
Un día cualquiera hay una pizca de tensión. Flo, que es el primero que llega a casa, ha tardado más de lo previsto. Elena, quien desde la ventana le ha visto llegar, sale corriendo porque tiene clase por la tarde. Se cruzan en la entrada y se relevan en el cuidado de nuestra pelirrojilla preferida.
Pero, hay imprevistos, Flo tiene que ir al baño y tarda, ná, dos minutos en salir. Sale al hall y llama "¡Ana! Wo bist du? (¿dónde estás?)".
Silencio por respuesta. Sube arriba, busca en su cuarto, nada; en el de los padres, nada, invitados, nada. cuartos de baño, nada. abajo, en salón, cochera, cocina, patio, nada de nada.
Susto mayúsculo. ¿Dónde está Ana?. A ver, tranquilidad, cerré la puerta cuando entré y Elena me dijo que todo marchaba normalmente, -piensa Flo-. Está dentro de la casa, pero ¿dónde?.
Vuelta a empezar, cocina, despensa, pero, buscando despacio, mirando debajo de la mesa, en algún armario de fácil acceso..."¡Ana!"....
Arriba, igual, ahora debajo de las camas y, al pasar del cuarto de Anina al pasillo, Flo cae en haber visto un bulto extraño detrás del cajón de los juguetes.
Vuelve al cuarto y se encuentra a la chica, hecha un ovillo, durmiendo felizmente; una sonrisa le llena la cara.
¡Se ha escondido para darle un susto a su padre! y... se ha dormido.
Ufff, Was für ein Schock!...


Así fue y así lo cuento. Mamá en Motril, yo volvía a la hora de comer, corriendo porque Margarita tenia que coger el autobús hacia Nigüelas. Hacíamos el cambio en la puerta de la casa. Entré y Rafa no aparecía por ningún lado. Después de un rato de histeria y controlando la angustia tuve que buscarlo rincón por rincón.
El granuja se había escondido en una tabla que había detrás del mueble cama de su cuarto, Hecho un ovillo y... dormido profundamente. 
¡que sustazo!.

domingo, 12 de febrero de 2017

¿para qué sirve la hache?

Estamos en 2020, vacaciones de Navidad y comida de la panda en casa de Rafa y Alicia. Por supuesto, los Hepfer-Martín están al completo y, claro, el resto, alrededor de quien todos sabemos....
La enana anina está encantada; ¡esa multitud de caras sonrientes que no hacen más que darle arrumacos!¡Madre mía!. Y, en un momento determinado, para dar aún más énfasis a la atención dice: "Ya sé leer, bueno, casi". 
La miramos asombrados porque, pensmos ¿en qué lengua leerá?. Y, claro, empezamos a darle papeles con cosas sencillas escritas hasta que alguien propone jugar al "veo-veo".
¡Anina!, ¡Anina!, ¡a ver si aciertas!.
La chica presta atención a uno de sus tíos que le dice "¡anda!¡empiea tú!".
La chica no se hace de rogar, se asoma a la ventana y dice "Veo, veo, una cosa que empieza por "i".
Todos nos empeñamos en acertar, y, nada, no hay manera. 
A ver Ana -le decimos- ¿qué es lo que has visto?
La chica, sonriente dice "hierba".
Y, claro, exclamamos "¡Pero 'hierba' se escribe con hache!".
Cara de medio enfado de la chica que exclama "¡y para qué sirve la hache!".


Autentico, con Oumaima, camino del puente de los vados. Primero año de estancia aquí. Todos los días jugando al "veo-veo". Evidentemente, de pelea con Fernando. Uma decía que había vistouna cosa que empezaba por "chi", o bien algo que empezaba por i, y era... "hierba"...

jueves, 9 de febrero de 2017

El guitarrón de Tepozotlán.

Los Hepfer-Martín están de viaje por México. Estamos en 2018, por primavera. El tiempo es magnífico aunque hay que lamentar el comienzo de las lluvias por la tarde. Van camino de Guadalajara cuando deciden asomarse a Tepozotlan, Es media mañana y luce un sol espléndido.
Anina está encantadora, corretea por el zócalo de esta ciudad y los padres la llaman para ir a visitar la antigua iglesia de los Jesuitas que contiene el museo del virreinato.
Hay poca gente. El ambiente es tremendamente agradable entre los patios y el jardín que rodea a las instalaciones.
Al salir al zócalo y plaza de la Cruz, hay un ambiente aún mejor. Un grupo de mariachis alegra la mañana.
Se acercan con la chica de la mano. Los corridos que cantan son canciones conocidas de antiguo y Patricia tararea algunas tratando de que la chica las aprenda.
Un grupo de enanos de la misma edad que Anina la reclaman para jugar y, durante un instante, hay carreras y chillidos infantiles.
De pronto, Patri y Flo descubren que no tienen Anina a la vista, empiezan a mirar para todos lados con aprensión. ¿dónde está?.
Se mueven entre el grupo y les sorprende que hay gente que los mira y que, también, miran a los músicos, todos sonrientes.
El momento es angustioso. ¡Hay una niña perdida!. Patri empieza a dirigirse a algunas madres que, junto con sus chiquillos están oyendo la música y ve cómo una señora le señala al gran guitarrón de los mariachis.
El músico que lo toca mira a Patri y mira, también, detrás de la gran panza de su instrumento.
Parece algo raro, pero, ¿cómo es posible que en un momento tan dramático la gente sonría como si no pasara nada?.
Flo, que se ha ido hacia los músicos al advertir la mirada de éstos hacia él, se vuelve y llama la atención a Patricia. Le señala con el dedo al guitarrón que su instrumentista está tratando de girar para que se vea lo que tiene detrás.
Anina, apoyada en la panza del instrumento sonríe beatíficamente. Está sintiendo las graves vibraciones de sus cuerdas. Está feliz.



Tal y como ocurrió. Se nos perdió Rafalillo en ese mismo sitio. Estábamos pocas personas en la plaza y el grupo de mariachis pareció súbitamente divertido. Todos miraban hacia atrás del guitarrón. Rafalillo se había subido al estrado -no sabemos cómo- y estaba pegado al guitarrón. Disfrutando de vibraciones.

jueves, 5 de enero de 2017

la comida mexicana

Los Hepfer-Martín han vuelto a México. Están en el D.F., en el Holiday Inn que hay en el Paseo de la Reforma. Han traído a Anina para hacerle ver lo interesante de este país. Han estado por el 'cuadro uno', el Zócalo y por Zanvoort comiendo unos tacos de pavo que no se los salta un galgo....
En la sobremesa, con un tequilita en las manos, hablan Patri y Flo de cómo se lo van a arreglar para la comida de Anina. Piensan que hay mucha diferencia entre sus costumbres y las del país azteca para que se adapte bien. Hasta el momento no ha habido problemas, pero....
Al día siguiente, Teotihuacan. Un paradorcito que hay detrás de la pirámi de la Luna, han llegado con un carro de alquiler que, ¡cosas de las agencias!, es un Volkswagen, Rabitt, ¡c....!¡con la de Mustang Shelby que hay por aquí!...
Están eligiendo mesa, con vistas a la pirámide y se han distraído un momento. Anina no está. No hay preocupación porque aquello es muy familiar y la señora de la casa los había saludado y le había hecho un 'apapacho' a la enana.
Nada, un minuro de desconcierto. ¿Dónde está Anina?.
Como los ven preocupados, el dueño del restaurante les indica que la chica 'está dentro'... pero, ¿dentro de qué?...
Miran hacia la puerta de la cocina y ven cómo la enana, con una sonrisa de oreja a oreja, trae un plato en sus manos, no les hace ni caso: arroz, plátano frito, una salsita a un lado, un huevo frito y unas tortillas coronando la montañita de arroz.
Ni les mira, se va hacia una mesa, sube a una silla, se sienta y empieza a comer.
Patri y Flo están sorprendidos ¿y el 'problema' de la comida?...



A los x-días de estar en México, en el DF, casa de Pacho y Carmen, salíamos a comer en los restaurantillos que había alrededor de la glorieta de Camarones.
En menos de una semana vimos como Rafalillo 'desaparecía' cada vez que entrábamos en uno de ellos. Nosotros pedíamos cerveza y la carta y, antes de que llegara la cerveza, Rafa había entrado en la cocina, confeccionado su plato y se lo había traído. A partir de ahí, en los mexicanos que hemos comido, en la misma granada, los chicos han entrado en la cocina y pedido su plato con el cocinero, no con la carta.

los niños mueren

Hay historias grandes, aunque los protagonistas sean pequeños, o pequeñas, que tanto da.
La familia Hepfer-Martín entra en una Iglesita de un pueblo del centro de México. Han comido en un hostal montado sobre la casa de un antiguo indiano, originario de Asturias, que propugnó poner en toda la zona unos cafetales primorosamente cuidados.
La iglesia es una copia de Nuestra Señora de Lourdes, de quien el antiguo Astur era devoto.
En la mismísima puerta hay un par de chiquillos, de no más de 6-9 años. A su lado, un pequeño ataúd. Blanco impoluto.
Sorpresa. Y, sin vacilar, la pequeña Anina se dirige a los chicos y les dice "¿es vuestro hermano?".
Le contestan afirmativamente. Anina se vuelve a sus padres y les dice: "me quedo con ellos".
Los padres comienzan a ver la iglesia que, sumida en una penumbra agradable supone una sorpresa refrescante. Hablan con el cura y le preguntan sobre lo que hay en la puerta. Él les dice que sí, que están esperando a unos familiares y que, seguidamente procederán al entierro del panchito.
Vuelven hacia la puerta, Anina está sentada con los chiquillos. Le dicen "¿nos vamos, Ana?".
Ella consiente, les da un beso a cada uno de sus amiguillos y salen a la calle.
Al salir, mientras bajan la escalinata, les pregunta... "¿Es que los niños también nos podemos morir?"



Rafalillo con tres años, Lugar, Cuetzalan. Tal y como lo cuento, cambiar Anina por Rafalillo y todo lo demás igual.
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maravillosos padres

Si cuando dicen que hay edades para liarse a palos con ellas (con las edades, claro) no puede llevarse más razón.
Anina: edad, no importa la precisión, alrededor de 10 años, más o menos...está en casa, cualquier día de cualquier época del año. Tiene los ojos encendidos mirando a sus padres y hay un silencio normal, pero de esos silencios que convocan palabras, y se oye a la no tan Anina diciendo... "es que sois maravillosos....".
Patricia y Flo la miran, claro, la miran la primera vez que dice esa frase con cierta sorpresa..."...Ana, ¿qué dices?" y, Anina contesta: pues eso, que sois maravillosos....
"¡Anda ya!", le dice Patricia entre sorprendida, satisfecha y curiosona...
El problema empieza cuando no es una, sino muchas, las veces que se encuentran la pareja hepfer-martín, oyendo la frase.
La han comentado entre ellos y se han preguntado si hay que hacer algo al respecto.
Un día, viene Anina del cole, se encuentra a sus padres en la cocina tomando un té.
Su mirada es brillante...."...es que sois...." y ahí interviene Patricia un tanto cortante..."maravillosos, ya lo sabemos, pero ¿sabes lo que vamos a hacer?, te vamos a grabar en video y, cuando cuando vengan los problemas -que vendrán- y no estemos de acuerdo, te sacamos en la pantalla grande del salón, las veces que has alabado nuestras maravillas... para que aprendas que hay cosas relativas...".
Anina se calla pensativa, en el fondo, piensa que no es posible, que son maravillosos, pero, ¿y si llevan razón y habrá un tiempo en el que no lo sean tanto?....



Auténtico en todos sus aspectos. Aliki diciendo eso y, al final, tal y como se cuenta, amenaza de cobrarle el piropo cuando vengan las crisis...


Épocas de poco ánimo...

Estamos en el año 2029, Anina tiene ya una edad algo comprometida y, como buena cabecita que tiene, le han empezado a salir las crisis antes de tiempo.
Es primavera o por ahí y, por la razón que sea tiene unos días de vacaciones. 

Patricia y Flo están muy ocupados con los reciclajes virtuales de las aguas residuales. Llegan a casa tarde y Anina, que se ocupa de su hermanito pequeño en sus ocios respectivos, está con ganas de hablar con alguien sobre ella misma. Es decir Anina quiere que alguien le haga caso.

Es verdad que no es que esté mal, está...algo así como pocha, melosa y no le ha apetecido la excursión que su curso iba a hacer a Baviera, al lago de Worthsee. Se levanta, desayuna despacio, pero ¿el ánimo?, más bien bajito.
A la hora de comer dice a sus padres...¿por qué no me mandáis a Granada, a ver a los abuelos?....Durante un momento la miran los padres y consienten rápidamente. Si, hay un vuelo de reciente instauración que te puede dejar en Granada....
Anina se baja del avión sabiendo que los "abues" la están esperando...Mucha alegría, besos, achuchones de la abue, que para eso está y, con el coche eléctrico, teledirigido por cable, la llevan a la Divina Infantita.
Al punto de llegar, con un caldero de sopa entre las manos, vemos a Anina dispuesta a su terapia. "Abue, ¿cómo era yo de chica?¿era aburrida?¿sosa?¿seria?".
A Ana Atucha, a quien no han advertido de la situación, se le abre la boca de asombro, toma aire y dice (grita, más bien....) ¿TÚ?¡PERO ESTÁS LOCA!¡SI ERAS LA CHIQUILLA MÁS SIMPATICA, GRACIOSA, LOCUAZ, JALEOSA....!.BUENO, ¡LO MÁS BONITO DEL MUNDO MUNDIAL!....
Ante tamaña intensidad y tono, Anina abre los ojos y sonríe, tímidamente, ¿es posible eso?....
Ana abuela ha desaparecido de la escena, ha ido a no sé qué sitio de la casa y se le oye trastear, algunos porrazos -como de haber caído algo- y, mal que bien, aparece por la puerta con mildoscientos álbumes de fotos, una reproductora de dvd, fotos sueltas que se an cayendo por el suelo....
Fernando y Anina están sorprendidos. Más bien avasallados.
Empiezan a abrir fotos, contar anécdotas y, en esto, suena la puerta de la calle. Es el Rafa Flores que contempla divertido la escena de la cocina.
Le dicen de qué va, sonríe, se sienta y comienza a abundar en lo que ya está contándose. Se aumenta el número, la calidad, la intensidad de los cuentecillos.
Anina está feliz. Le han dado cuerda para todo el final de la pubertad y la futura adolescencia...
Vuelve a su casa feliz y con un par de bolsas llenas de álbumes, fotos y cuentos....
A los quince días suena el timbre en casa de los Martín Atucha, abre Ana y se encuentra a Patricia con una maleta...
"Mamá, y yo ¿cómo era?...."




Anécdota real provocada por Alicilla. Vino un día de Madrid, no recuerdo la época y entró diciendo algo así como que "ella, de pequeña, había sido muy sosa y feúcha"....

La inundamos de videos y fotos....Se le puso una sonrisa....