Han pasado varias navidades. Ana tiene 8 años y ha vuelto de pasar las vacaciones con sus abuelos, en Granada.
Como es normal, ha habido regalos, de un tipo o de otro y, en un determinado día, los que entregó la "cagada del tió". O sea, "cagar el tió".
Lógicamente estaba la tía Pili Martín delante y el espectáculo de darle de comer al tronco y, después pegarle para que soltara la cagada, ha salido perfecto.
A Anita le ha resultado especialmente atractivo el tema. Ha disfrutado. Ha chillado de satisfacción con sus regalos y estuvo feliz.
A la vuelta a Haachen, ya en pleno período de clases, Anita habla con sus amigas.
Las hay de varias confesiones religiosas, sociales y económicas. Algunas hablan de lo que les han traido los Reyes Magos, otras Papa Nöel, otras el árbol de navidad... y, poco a poco, van intuyendo -no hay ninguna tonta- que tanta multiplicidad de "regaladores" no es normal, que tiene que haber algún elemento común: "Los padres", dice la católica.
Las demás callan, están a punto de enfrentarse a un dilema absolutamente vital: descubrir verdades aunque sean, en parte, decepcionantes.
Ana ha observado el diálogo, ha participado, pero, revisa su memoria de navidades anteriores, ve lógica la conclusión, pero.... dice:
"Pues en casa de mis abuelos sí que hay unos regalos mágicos de verdad, los trae un tronco, los caga.... y eso, no pueden hacerlo los padres".
Cambiar a Ana por Alicilla.
Alicia estuvo dispuesta a partirse el pecho con Alba y algunas amigas del cole. Lo de "cagar el tio" ¡¡¡¡ERA VERDAD!!!!!.
martes, 27 de octubre de 2015
Ruedas de plátano
Viene Anita a Granada. Ya tiene unos añitos y, en una fiesta familiar se sienta al lado de mi hijo Fernando. Ella le cuenta que ha recibido un libro con todos los cuentos que su padre ha contado sobre ella y, le pregunta: "¿Tu padre siempre ha contado cuentos?".
Fernando se dispone a responder: "Mi padre no sólo cuenta cuentos sino que nos mete en ellos".
Anita no lo entiende demasiado y dice: "EXplícamelo".
Fernando se dispone a responder: "Mi padre no sólo cuenta cuentos sino que nos mete en ellos".
Anita no lo entiende demasiado y dice: "EXplícamelo".
Pues eso -continúa Fernando- "de chico me contó que tuvimos que ayudar al ratoncito Pérez a arreglar su coche, porque había venido a casa a traerme unas monedas y, como los caminos están muy mal, había pinchado. Cuando trató de despertar a mis padres no lo consiguió y, entonces, me despertó a mi. Como era muy chico y no sabía manejar las herramientas, le hice cuatro ruedas con rodajas de plátano y las pusimos en su coche.
Al rato, volvió y me dijo, Fernando, esas ruedas se gastan, no he llegado ni a la esquina.
Entonces no tuvimos más remedio que subirnos los dos encima de mi padre para que se despertara. Lo hizo y le contamos el problema.
Bajamos al taller y mi padre le hizo cuatro ruedas de madera, con las que se marchó y, como no volvió, supusimos que habían sido eficaces...."
Entonces no tuvimos más remedio que subirnos los dos encima de mi padre para que se despertara. Lo hizo y le contamos el problema.
Bajamos al taller y mi padre le hizo cuatro ruedas de madera, con las que se marchó y, como no volvió, supusimos que habían sido eficaces...."
Anita tiene una cara de asombro y dice...."¿es verdad eso?".
Esto que cuento aquí es cierto. Uno de los cuentos, inventados, claro, porque si no, no es cuento, que más gustaba a Fernando es el citado.
Era un poco más largo.
El ratón vino, le trajo sus monedas y .. se fue. Pinchó y volvió por ayuda. En un principio, despertó a Fernando que le hizo, auténticamente, cuatro ruedas con rodajas de plátano. Volvió, claro, y Fernando buscó otro material, creo que era cartón.
Cuando pusieron el coche del ratoncito Pérez encima de las ruedas de cartón, se doblaron. No servían.
Al final, me despertaban y, entre los tres, hicimos ruedas de madera. Esas sí sirvieron y el ratoncito se marchó.
Pues eso, un desayuno de Fernando que había comenzado con un "pppffff, papá cuenta...."
jueves, 15 de octubre de 2015
El pequeño escalador
El 3 de octubre 2015, escribí el relato para la sobrinieta:
Año 2016 y pico. Más o menos, por estas fechas. Hace un otoño agradable después de un verano tremendamente caluroso. Como se preveía que el clima va a más caliente, la urba donde viven Patri, Flo y Ana, ha estado plantando árboles en los sitios en los que aún no los hubiera.
O sea, un bosque, de árboles decorativos y frutales.
Han venido los podadores y hemos tenido a Ana mirando por la ventana la labor de esta gente. Le llama la atención la cantidad de hojas que hay en el suelo y los señores en lo alto de los árboles. "¡mamá!", dice, "¡esa gente está ensuciando el suelo!"....
"Que no, Ana, están quitando a los árboles las hojas y ramas que le sobran".
"¡ah!, ¿puedo salir a verlos?".
Patricia mira por la ventana y le dice, "espera un poco, ya están acabando y van a retirar las hojas dle suelo"
Efectivamente, quitan las hojas del suelo y, al final, sale la chica a ver lo que han hecho en los árboles.
Un silencio normal y, de pronto, un grito, en principio no muy fuerte..."¡Mamá!, mamá, mamááááááá!.
No es un grito de auxilio, pero si para asomarse a ver que pasa.
Sale Patricia de la casa y, no ve a Ana. :"¡Chica!. ¡Ana!.....¿dónde estás?".
Se oye una voz temerosa...no muy intensa, parece más culpable que asustada...."....aquí, aquí".
Patricia está sorprendida.. La voz no está a nivel del suelo, mira a las ventanas, por si aún estuviera en la casa...."¿donde estás?".
Ana: "...aquí, aquí"....
Patricia empiea a mirar a los árboles y, se fija en que en uno de ellos hay una escalera típica de podadores, una base ancha que se va estrechando a medida que se pierde entre las hojas del árbol.
La voz de Ana ¡sale de ahí!. Patricia corre hacia la escalera, sube los primeros escalones y encuentra a Ana agarrada al último escalón, con una mano, y con la otra a una rama. No puede dar la vuelta, no sabe y no puede bajar. Está empezando a asustarse. Mira a su madre como sube la escalera y grita de satisfacción: "¡mami!".
El hecho asociado, del que sale este cuentecillo es el que sigue:
Vivimos ya en Las Gabias, desde hace más de año y medio. Vinimos con el nacimiento de Fernandillo y con las oposiciones de Maureen. La casa está solitaria en medio de un olivar y las únicas sombras que tenemos,son las que tienen los olivos cuando quieren.
Creo que vino alguien a podar los olivos y dejó unas escaleras típica de los huertos, apoyada en el olivo del "patio grande", es decir, justo al lado de la cocina.
Estas escaleras se caracterizaban por tener una base muy ancha, dos palos que iban juntándose en lo alto, y un tercero que le servía de trípode para el caso de dejarlas exentas.
Las escaleras llevaban ahí semanas y semanas, ni estorbaban ni ayudaban, se quedaron ahí.
Ha caído el sol hace rato y estamos preparando la cena. La puerta de la cocina está abierta y a caballo con el salón estamos todos los de la familia haciendo cosas, sentados en la TV o qué se yo.
De pronto oímos un grito de susto, bueno, más bien de "asustao". Fernandillo, que estaba en la cocina, ya no está y se oye su voz desde el exterior.
Salimos hacia lo que hoy es el patio -entonces campo, puro y duro-, ... y ¡no lo vemos!. Ha dejado de gritar y,....¿dónde está?. "¡Nano, nano!, ¿dónde estás?!....
Su vocecilla, -bueno, realmente vozarrón-, se oye a una cierta altura. ¡Está arriba!, pero, ¿de qué?.
Distinguimos la escalera apoyada en el olivo... y miramos para arriba.
¡Allí estaba!, en el último escalón de las escaleras y agarrado a una rama del olivo. Subir había subido, pero no tenía habilidad ni para bajar las escaleras ni para dar la vuelta.... pues entonces, chilla.
Al dia siguiente estaban las escaleras apoyadas en otro olivo, pero lejos de la casa y el "nano", avisado de que no repitiera aventuras.
los polvos del novio
El texto siguiente lo mandé como "cuento para Ana", el 13. x. 2015
Estamos en el 2022. Han pasado siete años por la vida de Anita y Anita ha pasado por los siete años. Es una niña pizpireta, simpática, tranquila -como sus padres-, observadora y, sagaz. Ha preguntado a todos y de todo y, además, ha satisfecho a propios y extraños con sus intervenciones.
Es por eso por lo que, aún cuando haya mayores a su alrededor, Anita está en medio de todos y con todas sus consecuencias.
Estamos en, más o menos, otoño del año citado. Han pasado las vacaciones en España, yendo de un lado a otro, con toda la familia, participando en fiestas, saraos y demás piscinas acuícolas....
La familia ha vuelto a Haachen y se presta a iniciar el curso académico, aparte de despedirse del fructífero verano.
Un viernes, viene Flo del trabajo y dice a Patricia que tienen que preparar una fiesta porque sus jefes, del "Negociado Federal de Aguas y Cultivos Temáticos", se han autoinvitado a la casa para tomar unas cervezas y los restos del jamón de Trevélez que han traído desde Granada.
No hay problema, llega la fiesta y, Flo está especialmente solícito. Los "Jefes" están encantados. Han traído con ellos a su hija, de 17 años, encantadora, quien ha hecho migas con Anita.
En la sobremesa, en el jardín, están hablando todos con todos. Ana está especialmente encantadora, en medio del grupo, interviene con padres e hija de una forma fluida y formal.
Hay un silencio, de esos que se forman aleatoriamente y Anita, que se siente observada y, de alguna manera, "sabe" que tiene que quedar bien dice a la hija de los "jefes".
- "lassen Sie uns über etwas Interessantes zu sprechen. Ihr Sie zu Bett gehen mit Ihrem Freund "
(he querido poner: "hablemos de algo interesante, ¿tú te acuestas con tu novio?).
Realidad de la anécdota.
Estábamos en Madrid, donde habíamos ido como por entonces era habitual, cada dos por tres. ïbamos en el Nissan, lo que nos permitía andar anchos, cada cual en su asiento y sin importarnos la hora de vuelta....Y, estando en Madrid, creo, Ana Rivas nos llamó desde México porque venía una amiga suya -muy amiga- a la que nos pedía la recogiéramos en Barajas y la trajéramos para Granada.
Pues bien, eso hicimos, fuimos al aeropuerto, no recuerdo si pasamos por casa de Maricarmen, pero tiramos para abajo.
Curiosamente veníamos por Toledo y Ciudad REal, ya que empezábamos a estar hartos de la carretera general, que nos resulta aburrida. Voy yo, conduciendo, Alicia madre, al lado. Detrás, Rafa en el lado derecho, Ana (creo que se llamaba así), en medio y Alicilla, en el lado izquierdo.
No había entonces costumbre de cinturones, al menos en los asientos de atrás, así que Alicilla daba saltos, se bajaba del asiento, se apoyaba en las piernas de Ana, se metía entre los asientos delanteros para decirnos algo y...así y así.
Estamos cerca ya de "El viso del marqués", es decir, llegando ya a Almuradiel para incorporarnos a la carretera nacional.
Alicilla se baja del asiento, se apoya en una pierna de Ana y dice, exactamente, "hablemos de algo interesante, ¿tú te acuestas con tu novio?".
La cara de Ana marcó un estadio anterior al soponcio. Balbució un intento de respuesta mientras las reconvenciones de Alicia y mía a la chica tronaban en el coche. Nada, tres segundos, pero después venía el morbo inestigador: "pero chica, ¿cómo se te ocurre preguntar eso?"....."no sé, se me ha ocurrido".
Mirada al frente, pensamientos dispersos, Almuradiel, Despeñaperros y... Granada....
Todavía hoy nos preguntamos cómo pudo una chiquilla de seis años estructuras una frase tan interesante.
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