Dentro de poco. Unos meses, año y pico, a lo sumo. La familia Hepfer-Martín prosigue con su tarea constructiva y educativa con nuestra sobrinieta.
Se está observando cómo Anita tiene ya conciencia de que 'hace' sus necesidades.
En un principio la ven, andando por el pasillo y, súbitamente, parece esconderse tras una puerta. Si la ven, sin que ella se de cuenta, notan los esfuerzos normales de "defecación" (palabra culta que se utiliza, ¿verdad Ana Atucha? en los alrededores de la familia Flores).
Pues bien, en un momento determinado se "sienta" a Anita en un 'retrete' adecuado a su tamaño
Se pasa así un rato. Micciona (otro rollo culto, claro) y se levanta.
A las dos semanas la ven cómo parece ocultarse. Por la hora, se sabe que hay una alta probabilidad de que vaya a ocurrir el gran suceso evacuatorio. Se la invita a sentarse en su 'retrete' y la chiquilla comienza a entender.
Aprieta y, de pronto, con una cara de pánico muy expresiva, grita "que se me cae, que se me cae".
Y, ¿cómo le explicas que 'eso' tiene que caerse?. Nada, la chiquilla se levanta y, rápidamente se le pone su pañal. Defeca.
Otra ocasión perdida. ¡Y lo que se pierde!. Con el gustazo que da cuando las cosas.... se caen.
Esto ocurrió realmente -y, digamos, escandalosamente- con Alicilla.
La sentábamos en su orinal, le decíamos "aprieta"... apretaba y, cuando iba a tener éxito gritaba "que se cae, que se cae".... y se levantaba.
lunes, 14 de diciembre de 2015
domingo, 6 de diciembre de 2015
Los boquerones y la lavadora
Año 2020. Verano. La familia Hepfer-Martín ha venido a pasar unos días de vacaciones. Aprovechando la cuestión, el "holding Martín" ha decidido cenar juntos en una terraza del Albayzin. Hay diversidad de opiniones, pero alguien empieza a hablar de boquerones fritos. Se encargan un par de raciones de esta delicia y contestan, desde la cocina, con que "no hay". Bueno, no es tan importante.... pero ocurre una cosa importante, novedosa en la gran panda Martín: nuestra sobrinieta quiere boquerones. Se le dice que no hay y, ya está.
Pero la chica está algo desconcertada y sigue con su petición. Los padres insisten en que "no hay boquerones" y, Anita, que para eso es chica, pasa por alto la observación .... y quiere boquerones.
De pronto, al tío Rafa se le ocurre una idea. Coge a la chica en su regazo y le anuncia que va a comer boquerones. En las servilletas normales, al uso en los bares, empieza a dibujar... boquerones... y se los va dando a la chica que, sin inmutarse, empieza a comérselos. Uno, tres, ocho, diez van hacia dentro. La familia mira a la sobrinieta con incredulidad. Se come los papeles sin parecer extrañada en ningún momento.
Hay risas, como es lógico, pero seguimos las charlas normales como si no pasara nada.... hasta que la enana enseña una servilleta de las normales y le dice al tío Rafa: "está sucia"... y ya que estamos, no es cuestión de cambiarla por otra, sino lavarla.
Pinta una lavadora y, con el propio bolígrafo corta el ojo de la puerta. Introduce la servilleta sucia en la lavadora y agita el dibujo como haría una lavadora normal. Rafa-hijo, que se ha dado cuenta del tema, ha cogido desde detrás del dibujo, la servilleta sucia y, al cabo de unos momentos, presenta para que salga por el agujero una servilleta (nueva), limpia.
Anita está encantada: ha comido pescado y le han lavado una servilleta de papel...
Desde luego, esta familia es magnífica.
Esto es auténtico, tal y como lo cuento. Cuando Eloy, el de Nacho y Carmen, quiso comer pescado e insistió en ello, le pinté pescaitos en servilletas de papel. Se los comía como si fueran auténticos y, al final, como ahí digo, le lavamos la servilleta de papel.
O sea, que somos magníficos.
Pero la chica está algo desconcertada y sigue con su petición. Los padres insisten en que "no hay boquerones" y, Anita, que para eso es chica, pasa por alto la observación .... y quiere boquerones.
De pronto, al tío Rafa se le ocurre una idea. Coge a la chica en su regazo y le anuncia que va a comer boquerones. En las servilletas normales, al uso en los bares, empieza a dibujar... boquerones... y se los va dando a la chica que, sin inmutarse, empieza a comérselos. Uno, tres, ocho, diez van hacia dentro. La familia mira a la sobrinieta con incredulidad. Se come los papeles sin parecer extrañada en ningún momento.
Hay risas, como es lógico, pero seguimos las charlas normales como si no pasara nada.... hasta que la enana enseña una servilleta de las normales y le dice al tío Rafa: "está sucia"... y ya que estamos, no es cuestión de cambiarla por otra, sino lavarla.
Pinta una lavadora y, con el propio bolígrafo corta el ojo de la puerta. Introduce la servilleta sucia en la lavadora y agita el dibujo como haría una lavadora normal. Rafa-hijo, que se ha dado cuenta del tema, ha cogido desde detrás del dibujo, la servilleta sucia y, al cabo de unos momentos, presenta para que salga por el agujero una servilleta (nueva), limpia.
Anita está encantada: ha comido pescado y le han lavado una servilleta de papel...
Desde luego, esta familia es magnífica.
Esto es auténtico, tal y como lo cuento. Cuando Eloy, el de Nacho y Carmen, quiso comer pescado e insistió en ello, le pinté pescaitos en servilletas de papel. Se los comía como si fueran auténticos y, al final, como ahí digo, le lavamos la servilleta de papel.
O sea, que somos magníficos.
jueves, 3 de diciembre de 2015
el comienzo del habla....
Nuestra sobrinieta ya habla y, cada dia, aumenta su vocabulario. Se nota que disfruta con cada nuevo uso, con cada nuevo término, con la capacidad de aprender. "Va para mayor", diríamos cualquiera... y la miraríamos con una sonrisa de oreja a oreja.
Un día cualquiera viene la familia Hepfer-Martín desde el centro de la ciudad a recogerse en su hogar.
Al pasar por las "rotondas" (rond points) que hay en la carretera 1a, ven con asombro cómo, en cada una de ellas, están apareciendo unas figuras de difícil catalogación. ¿Son fuentes?¿Son esculturas?¿Son monumentos conmemorativos?.
Cada vez que pasan por uno de ellos hay un diálogo entre Flo y Patri: "¿Qué es eso?"...."a mi me parece una fuente"...."pues yo creo que es una escultura".... Y así.
Anita, sentada en su sillita, también mira por la ventana y, al disminuir la velocidad para pasar por una de las rotondas, mira con atención. En cierta forma parece esperar los comentarios de sus padres. Ambos miran a la figura que aparece...., pero hay un silencio.
De pronto, Anita rompe con entusiasmo el desconcierto de sus padres y dice "....¡es un objeto!"....
Años 1993 o por ahí. Todos los días pasamos por Cúllar-Vega, camino de casa. Un día aparecen unas obras en la "plaza del pueblo" que hay junto a la iglesia.
Las obras van despacio, lo que hace que, durante varios días, nos preguntemos qué querrán hacer....
Cuando ya parece que aquello va tomando forma, pasamos por ahí algo más despacio que los demás días. Alicia y yo decimos: "¡pero si es una fuente!".... y nos vemos interrumpidos por una voz tremenda de Fernandillo que, desde su asiento dice: "No, ¡es un objeto!".
Un día cualquiera viene la familia Hepfer-Martín desde el centro de la ciudad a recogerse en su hogar.
Al pasar por las "rotondas" (rond points) que hay en la carretera 1a, ven con asombro cómo, en cada una de ellas, están apareciendo unas figuras de difícil catalogación. ¿Son fuentes?¿Son esculturas?¿Son monumentos conmemorativos?.
Cada vez que pasan por uno de ellos hay un diálogo entre Flo y Patri: "¿Qué es eso?"...."a mi me parece una fuente"...."pues yo creo que es una escultura".... Y así.
Anita, sentada en su sillita, también mira por la ventana y, al disminuir la velocidad para pasar por una de las rotondas, mira con atención. En cierta forma parece esperar los comentarios de sus padres. Ambos miran a la figura que aparece...., pero hay un silencio.
De pronto, Anita rompe con entusiasmo el desconcierto de sus padres y dice "....¡es un objeto!"....
Años 1993 o por ahí. Todos los días pasamos por Cúllar-Vega, camino de casa. Un día aparecen unas obras en la "plaza del pueblo" que hay junto a la iglesia.
Las obras van despacio, lo que hace que, durante varios días, nos preguntemos qué querrán hacer....
Cuando ya parece que aquello va tomando forma, pasamos por ahí algo más despacio que los demás días. Alicia y yo decimos: "¡pero si es una fuente!".... y nos vemos interrumpidos por una voz tremenda de Fernandillo que, desde su asiento dice: "No, ¡es un objeto!".
martes, 1 de diciembre de 2015
la ducha de rafalillo
Año 2018. Supermercado en Maastricht, compra de fin de semana. Carro lleno empujado por Flo, Anita hace como que empuja al carro. Patrica se ha quedado atrasada y, cuando están llegando a la caja, aparece con un extraño objeto. Parece una alfombrilla. Flo, "¿Qué es eso?".
"¿Esto?", dice Patricia. "una alfombrilla anti-resbaladiza para la ducha de la chica, ¿no sabes que ha pedido ducharse, ella sola, y me ha pedido que le compre esto".
Flo sigue adelante, pagan y, a casa.
Domingo por la mañana, hora normal de levantarse. La chica ya se levantó hace rato, desayunó y subió a su cuarto de baño.
Oyen, desde abajo, unas risas estentóreas. Anita ríe a carcajadas, un silencio, después, nueva cascada de carcajadas....¿qué hace?
Suben los padres la escalera y se apresuran hacia el cuarto de baño.
Abren la puerta y ven cómo hay un objeto que aparece -y desaparece- detrás de la mampara. La parte esmeriladamente púdica de la misma impide ver a la chica y de qué es lo que se trata....
Abren la puerta y se encuentran a la no ya tan enana, muerta de risa que, con las manos mojadas coge una pastilla de jabón, la aprieta con las manos muy mojadas y salta hacia arriba. Cae, la vuelve a coger y así, una y otra vez. A cada subida y bajada le acompaña la risa correspondiente. Menos mal que la alfombrilla impide que la enana se caiga....
No podíamos ni imaginarnos que la chica tuviera un diseño tan elaborado para su "parque temático". Ni tal capacidad de prestar atención a la "seguridad e higiene" reglamentaria. Esta chiquilla promete....
Situación histórica:
En Mérida, Yucatán, teníamos una ducha en el propio dormitorio. La puerta que la aislaba era de las que empiezan altas por abajo y no llegan a cubrir el marco. Nos pareció extraño pero.... bueno, ahí estaba.
Dejamos a Rafalillo que se duchara solo. Y, aprovechando que la habitación tenía un balcón grande sobre el patio del hotel, estábamos charlando asomados a la baranda.
Oímos las risas de Rafa, absolutamente despendoladas.
Nos asomamos a la habitación y vimos lo que arriba se cuenta. Por encima de la altura de la puerta se veía un objeto subir e, inmediatamente, claro, bajaba. Risas. Otra vez. Otra vez.... Nos asomamos a la ducha y estaba Rafa mojado, enjabonado por todas partes y... apretando la pastilla para que volara.
Lo pasamos muy bien.
"¿Esto?", dice Patricia. "una alfombrilla anti-resbaladiza para la ducha de la chica, ¿no sabes que ha pedido ducharse, ella sola, y me ha pedido que le compre esto".
Flo sigue adelante, pagan y, a casa.
Domingo por la mañana, hora normal de levantarse. La chica ya se levantó hace rato, desayunó y subió a su cuarto de baño.
Oyen, desde abajo, unas risas estentóreas. Anita ríe a carcajadas, un silencio, después, nueva cascada de carcajadas....¿qué hace?
Suben los padres la escalera y se apresuran hacia el cuarto de baño.
Abren la puerta y ven cómo hay un objeto que aparece -y desaparece- detrás de la mampara. La parte esmeriladamente púdica de la misma impide ver a la chica y de qué es lo que se trata....
Abren la puerta y se encuentran a la no ya tan enana, muerta de risa que, con las manos mojadas coge una pastilla de jabón, la aprieta con las manos muy mojadas y salta hacia arriba. Cae, la vuelve a coger y así, una y otra vez. A cada subida y bajada le acompaña la risa correspondiente. Menos mal que la alfombrilla impide que la enana se caiga....
No podíamos ni imaginarnos que la chica tuviera un diseño tan elaborado para su "parque temático". Ni tal capacidad de prestar atención a la "seguridad e higiene" reglamentaria. Esta chiquilla promete....
Situación histórica:
En Mérida, Yucatán, teníamos una ducha en el propio dormitorio. La puerta que la aislaba era de las que empiezan altas por abajo y no llegan a cubrir el marco. Nos pareció extraño pero.... bueno, ahí estaba.
Dejamos a Rafalillo que se duchara solo. Y, aprovechando que la habitación tenía un balcón grande sobre el patio del hotel, estábamos charlando asomados a la baranda.
Oímos las risas de Rafa, absolutamente despendoladas.
Nos asomamos a la habitación y vimos lo que arriba se cuenta. Por encima de la altura de la puerta se veía un objeto subir e, inmediatamente, claro, bajaba. Risas. Otra vez. Otra vez.... Nos asomamos a la ducha y estaba Rafa mojado, enjabonado por todas partes y... apretando la pastilla para que volara.
Lo pasamos muy bien.
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