En casa siempre ha habido una "pelea" entre programar e improvisar. Normalmente se programa y, después se improvisa. Pero es tan usual esto que se me ha ocurrido inventar un término nuevo y que se ajuste a la realidad. Lo llamaré "provisar", y entenderé que quiere decir que algo a hacer se piensa se empieza, dentro de un cierto plan y, a partir de ahí se hace lo que se puede.
Pues esto es un caso de "provisación". A saber, el día 18 de Agosto, viernes, hicimos un plan precioso. Ir a comer a Almería, pero... en tren.
Buscamos horarios, llamé a Renfe para que fuéramos realmente en tren y vi que había dos trayectos que se ajustaban al "plan". Salir de Granada a las 11,10 y volver a las 18,04. Perfecto, unas cinco horas en Almeria, más fresco que en nuestra Graná, comer y volver.
Pero se nos ocurrió otra provisión: invitar a Fernando y Ana para que fuéramos juntos.
Convenido, nos vemos en la estación -¡del tren, por favor!- y, ale, a Almería.
Las horas vinieron en nuestra contra y, por si fuera poco, el señor que expide los billetes bastante lento.
Total, que en un momento determinado nos dice. Ya es tarde, no se pueden sacar.
Salimos corriendo porque Fernando, por aquello de ser eficaz ya se había subido al tren y estaba.... sujetándolo.
Recuperado el cuñado vamos hacia el coche sin saber si seguir o no.
Conduce Alicia y salimos a carretera. Algunas vacilaciones sobre las rotondas y por la A-92 en dirección ¿a Almería?.
Fernando y yo, detrás, las dos cuñás, delante. Para poder hablar. Todo marcha hasta que, en los llanos del Marquesado, Alicia se sale de la carretera, dirección La Calahorra.
Pues nada, paseo por el pueblo. El Castillo está cerrado así que hay que ver.... casas. Y eso hicimos. Como muestra el plano de callejeo.
Paramos un ratito delante del casoplón que le gusta a Alicia y, seguimos viaje.
Pero claro, cuando se improvisa se improvisa y damos un viajecito de ida y vuelta hasta la autopista porque Ali sigue inventando un camino "a Almeria"....por el puerto de la Ragua.
Le hacemos un homenaje a Josemi, a quien subimos por aquí en un coche sucio y que se calentaba un montón. Claro, para ser precisos había que parar en la fuente de lo alto del puerto y allá que fuimos.
El Pilar de las Yeguas no estaba como se ve en la foto. Allí hay una peregrinación de gentes a llenar sus bidones. El agua está buenísima y sirve para radiadores recalentados, doy fe.
A partir de ahí, todo es provisado, pero marcado por una necesidad previsible. Hay que comer y ya es más de la 1,30. Nos hemos perdido el aperitivo y tememos ponernos hipoglucémicos. O sea, agresivos.
A bajar, bajar, curvas y más curvas, obedientes, por supuesto a lo que marca el asfalto. Ahora no es cuestión de tomar atajos. Entre el barranco y la montaña lo propio es lo que diga Alicia, al volante, claro.
Ali mira a la carretera, creemos. Ana, Fernando y yo, a los carteles donde diga algo así como "comida" o algún sinónimo que lo recuerde. Pero no hay ná.
Pasamos por pueblos que, sabemos, existen porque los hemos visto, pero de su existencia no teníamos ni la más remota idea, ¿os suena "Picena"?, pues lo hemos visto, está, pero sin restaurante ni nada.
Vamos camino de ¿Almería?. No.
Vamos camino de donde sea que haya cerveza y algo de yantar. A eso que llegamos a una carretera por la que vinimos una vez, no hace demasiado tiempo, a una concentración de Lotus, con Josemi y Alicilla, claro, y con terreno ya conocido, damos vueltas a las rotondas para buscar la salida adecuada.
¡Un nombre que suena algo! "Berja". Que, sabemos, es un pueblo que dicen que está... en Almería y que, al parecer, tiene cierta entidad.
Pues eso, llegamos a la rotonda primera del pueblo, damos la vuelta -entera- y a los 365º pone "centro" y para allá que vamos. Preguntamos a algún peatón y nos 'conduce', pero es inútil porque no retuvimos lo que dijo. Seguimos provisando y ¡de pronto, cuando era inesperable, Fernando ve un letrero -de lejos- que dice "Restaurante"!.
Vamos para allá. Está cerrado, pero hay una gasolinera al lado y sabemos que el coche, al menos, comerá. Preguntamos aquí y allá y en el barito de al lado comemos algo informal rico, pero desordenado y mezcla entre boquerones, pulpo con no sé qué y algo más... y cerveza, gracias a Dios.
Al salida, cumplido el depósito, tiramos para... Almeria, pero era un error porque ya no íbamos para allá. Íbamos para Graná, pero por otro sitio. Media vuelta y, en eso, despistados. Volvemos a atravesar el pueblo de parte a parte. mismas calles, distintos cruces y, al final, al final, salida.
Dos rotondas nuevas -creo que sobraban las dos- cumplidas y, al final, un destino que sabemos de costa "Adra".
Al pasar un altozano se divisa el mar. ¡Estamos en el mapa!¡Ahí hay agua y ya no podemos seguir más al sur!. O vamos a la izquierda, a Almería, o a la derecha, a Graná.
De allí hasta aquí sin problema.
Menos mal que había helados en casa de los cuñados, si no, nos deshidratamos.
¡Ah! y una pequeña coña más.
Estando con el helado caímos en que la provisación podría haber salido fatal, porque... menos mal que el de la ventanilla de renfe era superlento, si llega a ser un poco menos, nos saca dos billetes y ¿qué hubieramos provisado?¿dos en el coche y dos en el tren?.
O sea, que seguiremos provisando.




