domingo, 30 de junio de 2024

Coches, conducir, guiar- 001

Este era un capítulo que quería escribir desde hace tiempo.
De siempre me han tenido -y me he tenido, hasta hace poco tiempo- por un forofo de los coches, de las máquinas, de todo aquello que tenga rueda y se pueda "guiar". La verdad es que tenía que ser un "pesao". Todo el día pensando en ruedas, volantes y carreteras. 
Bueno, lo de las carreteras no era del todo cierto. Me gustaron, desde pequeño los "carriles" y, creo, que era porque en la Sierra era lo que había. Convertía los caminos en carriles y "conducía" mentalmente un camión enorme, tan grande que, al dar las curvas tenía que hacer maniobras. Esto es auténtico, subir desde la Almoteja (una fuente que había en el fondo de un barranco) hasta la "fuente fresca", era una suma de meter el morro en el lado contrario de la curva, retroceder, evitar el interior y, en primera "corta", subir poco a poco el siguiente tramo de camino. De verdad, que lo hacía así.

Con esos antecedentes se puede esperar que estuvieran anhelante por coger, de verdad, un volante. Tuve varios momentos de suerte. De un lado, el que en los planes de estudios de esos tiempos, se instauró una asignatura científico-tecnológica en el curso "Pre-universitario". Estábamos en Linares y, el último año que estuvimos allí, tocaba explicar "motores (o automóviles)", que tanto daba.

Papa compró el "Arias-Paz". Lo tenía encima de la mesa de la habitación que hacía de despacho y.... me leí todos los pies de imagen. Además, en el caso de los motores, algo del texto y en el capítulo de "conducción", todo lo que se tuviera que leer. Resultado: a los 10 años sabía lo que era el "doble embrague", el "cómo encarar dar media vuelta en una calle estrecha" o "aparcar en 'batería'".

Creo que fue al año siguiente cuando me llevaron a pasar una temporada, con los primos, a Begíjar. Tío Bernardino había comprado un tractor "Hanomag-Barreiros" "R-545", rojo,
redondito de morro, precioso. Un día dijimos de ir a arar -con el tractorista, lógico- y nos levantaron, a a Juan Francisco y a mí, a las cuatro de la mañana.

Bajamos hacia "Posada Rica", que, recuerdo, eran unas hazas que había en el valle del Río Guadalquivir. Empezamos a arar y, al cabo de un par de horas le dije al tractorista que quería conducir. Me subí al asiento y, como no llegaba al embrague, me bajaba con los dos pies encima de él, apretaba el cambio hacia la marcha requerida y, con el cuidado que pudiese, subía de nuevo al asiento. Juan Francisco se hacía cargo del mando hidráulico del arado y, así, llegamos a saber dar la vuelta al final de la besana. Luego, creo recordar, Juan Francisco también condujo.... O sea, una experiencia extraordinaria y, para mí, un galón en el curriculum: "sabía conducir".

A partir de ahí fue fácil repetir el papel. En realidad, como dirían los sociólogos, era un "sitio vacío", o, al menos, con poca ocupación. Lo anormal podría ser la edad, pero, ya se sabe "Rafalín Selecciones" o "el Jaimito", podían hacer algunas cosas más allá de lo normal.

El tío Pablo se estaba sacando el carnet de conducir.... pues allí iba yo y, al final, me dejaban conducir un "seillas" azul marino, en los alrededores del Hospital "de los
marqueses de Linares". 

También, que no me regañaron cuando cogí la Vespa que usaba tío Carlos para dar un par de vueltas en el patio de casa de la abuela. El que el tío Jose, con la "furgo", nos enseñara a trazar bien las curvas, tanto a su hijo Jose como a mí....en fin, conducir, conducir.

Un día cualquiera que, deduzco, sería  en fechas alrededor de los exámenes de reválida de Junio o de Setiembre, vino a comer a casa un compañero de mi padre. No sé cómo salió el tema, pero el hombre me inquirió sobre el conducir. Dije que sí y, creo, no aduje nada más, pero él se quedó con ese tema pendiente. Al cabo de unos días, no sé por qué razón coincidimos en algún lugar público, en la calle. Me volvió a preguntar sobre el tema y, junto con mi padre, me llevó al lado de un coche que, recuerdo, era un Austin A40 o el Innocenti del mismo tipo. Me hizo sentar en el asiento del conductor y dijo, anda,
conduce. Arranqué, fui a sacarlo del sitio donde estaba aparcado y me hizo parar. Le dijo a mi padre, "este chico sabe conducir". Y ya está.

Y, así, así, en cuanto había un volante vacío... allí estaba yo, dispuesto a ocuparlo. Por ejemplo, cuando acabé Preu -y aprobé-, tuve la suerte de dar un 'garbeo' con el tío Rafa Martínez. Él estaba en Melilla, de profe y, como es natural, se había comprado un coche: Volkswagen 1302, de ese color que nunca sabes si es verde claro o azul esmeralda... precioso.

Fuimos a variados sitios pero, el más interesante desde el punto de vista de conductor fue que se nos ocurrió subir a Sierra Nevada. Yo sabía que se estaba abriendo la ruta que, a través de "Rio Seco" y "La Caldera", llevaba a La Alpujarra.

Conducía yo, sin carnet pero, ¿quién lo iba a pedir por esas alturas?. Pues bien, pasamos por el carril ¡justo detrás del Bulldozer que lo había abierto!. Fuimos dando saltitos, del tamaño de la 'teja' del oruga y señalando con nuestros neumáticos la virginidad del trazado.

¡Madre!, eso era un hito en el curriculo.

Ya en el curso de Preu están próximos los 18 años pero, no llegan, no llegan. Estoy a la que salta y presumiendo de saber conducir. 

En este curso tengo un compañero de los de "clase bien" de Granada. Sus padres tienen varios coches y, a base de darle la lata y desafiar su "valor", un día se atreve a traerse al Suárez un coche viejo familiar: Un Ford Cónsul de no sé qué año pero, casi seguro,
principios de los cincuenta. Nos vamos los dos en el recreo por la avenida "Calvo Sotelo" (hoy, Constitución). El coche tiene tres marchas, cambio en el volante y unos asientos que, de puro gastados hay que estar muy derecho para mirar hacia el morro.

Al fin, a los 18, Carnet que, de por sí es otra aventura. Soy consciente de que con el "rol" que he elegido de "sabio conductor" no puedo fallar. Mi padre me dice que asista a una academia (La "San Sebastian", en la carretera de Armilla) para 'tener práctica'. Así lo hago. El examen consta de "un aparcamiento", "una cuesta" y "dar la vuelta en una calle". 

En la academia, donde acudo presuroso, te dejan un coche -yo dije que no me hacía falta monitor- y, te dejan en la "pista". Hay que hacer cada uno de esos ejercicios en algo así como un par de minutos. Total, 8 minutos... Yo los hago, los tres, en algo así como minuto y medio. De pronto me encuentro con que un monitor se acerca a donde yo estoy y me dice. "El Director dice que se vaya. Usted está haciendo conducción peligrosa" y me echaron.

A partir de ahí, como en tantas cosas de la vida, en cuanto tienes libertad para algo... pues no lo haces. Me pasé una temporada sin coger un volante.

A veces, mi padre me pedía que lo acompañara a una de sus rutas profesionales y, así, fui a la Serranía de Ronda o, como he contado en otro lugar, una anécdota sobre adelantamientos peligrosos.

Muchos años más tarde, ya en los setenta, estaba trabajando en Úbeda y mi padre me ofreció venderme el coche familiar. Mi primer coche: 45000 ptas que pagaría en cómodos plazos. Seat 850 verde oliva, dos puertas, cristales traseros cerrados.


Lo disfruté todo lo que se puede gozar un primer coche. Siempre iba zumbando, conduciendo "de lejos".

Con el tiempo, poco tiempo porque sólo lo tuve un año, le puse amortiguadores Koni, neumáticos "Sprint-Jet" que eran los más anchos que se podían encontrar que fueran pagables y, al final, lo tenía con unos Michelin X-As, que eran unos zapatones tremendamente chulos.

En él aprendió a conducir Alicia. Salíamos por los carriles del pantano de canales y por cuantos se nos pusieron en el parabrisas.

Al final me encontré que con esos amortiguadores duros y con lo que fuera,  que la puerta se movía respecto a su marco. Habíamos "aflojado" la estructura.

Pretexto como otro cualquiera que sirvió para ir a por el primer Dyane. Le dije a Alicia que iba a comprar un 2CV y aparecí con el "TS". O sea, algo más equipado que el anterior. Cristales que se bajaban, portón trasero y poco más. Pero era magnífico. ¡Ah!, le puse una pegatina que ponía 2CV "TS".



Le hicimos unos 145-160000 kms, no lo recuerdo bien, pero llegué a tenerlo tan destrozado que, cuando llegamos a la Citróen para cambiarlo por otro igual, tenía sujetas las aletas con una cuerda que pasaba por los agujeros de la salida de ventilación del motor.

Nos quedamos sin gasolina unas 30 ó 40 veces, se nos salieron los palieres también un montón de veces. Lo metimos en el pantano -dentro del agua- de los Bermejales porque nos parecía que estaba el suelo más duro que el de la playa. etc. etc. Habría que dedicarle una historia especial. Lo haré.