miércoles, 10 de agosto de 2022

El aire acondicionado

 Hoy  (09 Agosto 2022), ha sido un día digno de señalar. La Condesa ha confundido el aire acondicionado con el motor del coche.


A saber. Hora de mediodía, más bien pasada. Veníamos -ella y Pily, en coche, yo en moto- hacia casa.

 Se fueron a recoger a Asusa que estaba en una casa de la parte asfaltada. 

Yo llegué a casa y dejé la puerta abierta. Me llaman al móvil: "Rafa, ven a por nosotros, porfa en coche, porque el Smart no anda. Meto primera y ni acelerador ni embrague, no se mueve".

 Cojo el coche de Pily y me voy a por ellas. Como parecía claro que el Smart estaba haciendo alguna de sus brujerías veo cómo se bajan las tres mozas y se van al coche que he traído.

 Me subo al Smart, el cuadro tiene luces y se oye el ruido de un motor. 

Piso el embrague, primera y, al soltarlo, nada. No se mueve. Me mosqueo pero hete aquí que se me ocurre accionar la llave de contacto, le doy y, …por encima del motor que se oía, se oye un nuevo motor, el que vale, el que le hace funcionar. Meto primera, embrague, y ¡el coche se mueve!.

Pero ya están las tres metidas en el Peugeot y les digo de ir para casa. Voy conduciendo el brujo Smart y, bien, absolutamente bien.


Cuando nos vemos los cuatro y empezamos a hacer conjeturas llegamos a la conclusión de que, en algún momento, el Smart se caló y, como estaba puesto el ventilador del aire acondicionado -posición 3- su ruido disimuló el que el motor estaba parado. O sea, que la condesa, cuando se distrae, confunde el ruido del AA con el motor. 

 

Pues bien, eso fue "el otro día" y, ayer, o así, estoy yo conduciendo. Pongo primera, suelto el embrague y, no anda. Ruido de motor en el ambiente, pero no obedece al acelerador. Miro al mando del ventilador y, claro, AA en 3ª posición. Actú con la llave de contacto y la aguja del cuentarrevoluciones sube.

O sea, que en todos lados cuecen habas

viernes, 5 de agosto de 2022

¡Que viene la inercia!....

 Matrimonio con tres hijos: 9, 6 y 1 año y pico. Se viaja bastante en coche grande. Patrol familiar de techo alto y, en ese momento, no hay cinturones traseros ni obligación de sillitas.


Carreteras del sur de España, no autovías, curvas y cuestas continuadas. El chófer -yo- lo hacía rápido porque nohabía mareos ni quejas. 


Empezamos a advertir quejas en el asiento trasero. Mi hija se queja de que su "hermanillo" le pega. Regaño rápido porque no llega la sangre al río y, al cabo de unos instantes, repetición del proceso. 


La madre se vuelve hacia atrás y trata de averiguar el tema. En cada curva, donde el enano se ha visto removido en su lugar, ha respondido con un toque a su hermana, siempre a su hermana.


Aprovechando una comida familiar instamos a que se nos explique el tema. Sabemos que tiene que ver con las curvas y tratamos de averiguar el por qué del porrazo a la hermana. El chico, hecho un ruño en un rincón del asiento se ha visto impulsado hacia allá. ¿Quién ha sido?. Él lo tenía claro. Su hermana.


Pues se nos ocurre explicar al chico que si se cae en una curva la "culpa" la tiene la inercia y, a partir de ahí, el que vaya conduciendo avisa en cada curva: "Nano, ¡que viene la inercia!" cual ente incorpóreo que lo empujarán al fondo del asiento. 


El chico ha aprendido. Esa palabra mágica lo defiende del ente agresivo. Se agarra a lo que puede, no se cae y se cae menos y las quejas han desaparecido.


Al final de los tiempos, ya ingeniero, se acuerda de cómo aprendió la virulencia de la inercia. No hay que explicárselo.