Verano del año 85, si no, del 86. Final de Julio o principio de Agosto.
Por supuesto, Prádena. Pero, ahora, en plan barroco, o churrigueresco.
Nosotros volvemos de los Pirineos, con toda la plana de los Ramos-Font y cuatro quintas partes de los Flores-Martín. El gran Nissan de tractor, la caravana como caracol general.
Pues eso, desde no sé dónde de ¿Huesca?, paliza de viaje... menos mal que Aliki le había encargado unas cortinillas al Patrol, o sea que, sin aire acondicionado, al menos viajamos a la sombra. Carretera y manta hasta que, a nuestras horas inoportunas, llegamos a Prádena. Con toda la patulea y, como siempre, sin avisar.
Hay que hacer algo... si ya, en otro momento nos metimos en la casa a la hora de la siesta, ahora, que vamos con camas incluidas, ¡qué más da!.
Pues eso, atravesamos el pueblo, ya de noche, calle "de la Sierra" -la que, hace un par de días, he descubierto que se llama "Calle Egido"-, tiramos para arriba y, en la casa, alguna de las niñas, Puri y/o Elena y, creo recordar, la madre de Rafa.
"¿Pepe y Rafa?, no están, pero en el pueblo, en el bar, los podéis encontrar"...
Nada, nosotros, como en casa, metimos la carabana, la preparamos para dormir allí y, bajamos, creo que andando, hacia el pueblo.
Habíamos elaborado un complot, había que dar la campanada. El Juanico se presta a ello y con todo el coraje que hace falta.
Los de la panda nos metemos entre varios coches que hay aparcados delante del bar. Creo que miramos por la ventana y vimos a Pepe, con unos señores, jugando al dominó....
Entra Juanico en el bar y con voz fuerte pregunta: "Por favor, ¿Don José Corbella?"..... Lo miran los parroquianos y se levanta Pepe.
"Soy yo". Juan le saluda y le invita a salir a la calle, tiene que hablar con él:
"Mire usted, he alquilado su casa, aquí en Prádena. El viaje se me ha hecho largo y, cuando esperaba que la casa estuviera dispuesta, me he encontrado que no sólo están ustedes, sino que tiene usted a la abuela...".
Pepe lo mira extrañado.... "y, ¿dice usted que ha alquilado mi casa?"....
- "sí, así es".
Pepe lo sigue mirando extrañado.... "pero, vamos a ver, ¿desde dónde ha alquilado usted mi casa?".
Y, ahí, Juan se equivocó, porque contestó.. la "verdad"..... "pues mire usted, desde Granada".....
Pepe se dirige al "vacío" del aparcamiento y con su vozarron decibélico dice:
"Rafa, cabrón, sal de ahí, que me has dado un susto"....
... Si Juanico no llega a decir "Granada", sí que le hubiéramos dado un susto....
jueves, 30 de julio de 2015
La segunda: clandestina
Los prolegómenos no los sé. Si, acaso, apreciaciones..., pero no es muy difícil averiguar.
Ida a Madrid, Por la razón que fuere. Decisión de aparecer por Prádena y... con la inoportunidad que nos caracteriza... no avisar.
No recuerdo cuantos éramos: la familia primigenia (Aliki y yo) seguro, qué nano o nana hubiera, no recuerdo, pero tanto da, porque lo interesante es lo que sigue.
Se llega a Buitrago, Gandullas y... Prádena, Pero, ¿qué hora es esa de llegar?. La que fuese. Pero, seguro, no era adecuada. El aviso, ya lo he dicho, inexistente.
La confianza, inmensa. Yo creo que hasta el abuso, pero... ahí va.
Imaginénse: las ......las.... las de la siesta, aunque no sea en Andalucía. Que en todas partes donde Lorenzo trabaje, hay que dormirlas.
Por eso, llegamos a la casa... silenciosa, las ventanas cerradas, persianas o cortinas cerradas, puerta de la cancela sin candado y, aventuramos la entrada. ¡Milagro!,¡no hacemos ruido!.... coche a medio gas, nos dirigimos a la cochera, abierta, coche familiar al fondo, cabemos de sobra, entramos y... teníamos decidido echarnos a dormir en el propio coche, al fresquito.
Motor apagado, más silencio, si eso es posible y, contra él se oye una voz "Pepe, ha entrado un coche en la cochera"...
"¡anda ya!..... "Pepe, que sí, que ha entrado un coche en la cochera"....
"Pues será el Rafa Flores"....
Así, como lo escribo.
Ida a Madrid, Por la razón que fuere. Decisión de aparecer por Prádena y... con la inoportunidad que nos caracteriza... no avisar.
No recuerdo cuantos éramos: la familia primigenia (Aliki y yo) seguro, qué nano o nana hubiera, no recuerdo, pero tanto da, porque lo interesante es lo que sigue.
Se llega a Buitrago, Gandullas y... Prádena, Pero, ¿qué hora es esa de llegar?. La que fuese. Pero, seguro, no era adecuada. El aviso, ya lo he dicho, inexistente.
La confianza, inmensa. Yo creo que hasta el abuso, pero... ahí va.
Imaginénse: las ......las.... las de la siesta, aunque no sea en Andalucía. Que en todas partes donde Lorenzo trabaje, hay que dormirlas.
Por eso, llegamos a la casa... silenciosa, las ventanas cerradas, persianas o cortinas cerradas, puerta de la cancela sin candado y, aventuramos la entrada. ¡Milagro!,¡no hacemos ruido!.... coche a medio gas, nos dirigimos a la cochera, abierta, coche familiar al fondo, cabemos de sobra, entramos y... teníamos decidido echarnos a dormir en el propio coche, al fresquito.
Motor apagado, más silencio, si eso es posible y, contra él se oye una voz "Pepe, ha entrado un coche en la cochera"...
"¡anda ya!..... "Pepe, que sí, que ha entrado un coche en la cochera"....
"Pues será el Rafa Flores"....
Así, como lo escribo.
domingo, 26 de julio de 2015
amigos por y para siempre...-I-.
Cada cual puede presumir de lo que quiera. Yo presumo de tener amigos eternos, de siempre, para siempre, más grandes que el universo y con más detalles que la física cuántica.
Así, a vuela pluma, ahí van un par de anécdotas.
No quiero comenzar por el origen, será objeto de otro relato, pero sí con datos objetivos.
Imaginénse, imaginaros. Familia Flores Martín, Padre, madre y enano mayor. Venimos de Barcelona, perdón, del pueblo de mi cuñada Pily, que también podré tomar como origen de otros relatos. Coche, el 1200 ex de la cantera, del que he hablado en otros lugares. Caída de la tarde atravesando Guadalajara y, al ir acercándonos a Madrid, decimos Alicia y yo, "¿por qué no nos acercamos a ver a Pepe y a Rafa?"...
Sabemos que están en la "sierra norte" de Madrid, en un pueblito que no vendrá ni en la cartografía militar, y que habrá que buscar, por tanto.
Nada, decidido. Hace, al menos 6 o 7 años que no sabemos nada de ellos, sólo que se habían hecho una casa ... "por Somosierra", y, como preguntando se llega a Roma, indicador a la derecha, se busca una salida que conecte la N-II con la N-I y, ¡ala!.
Plano Michelin al salir a la N-I, primer destino "Buytrago de Lozoya", cae la noche, llegada al pueblo, se rodean las murallas y, siguiente destino, "Gandullas", carretera estrecha con muchas curvas y un paisaje vislumbrado que parece recordar Sierra Morena. Parece que hemos atravesado un 'pueblo' (dos casas y media), una recta, curva bajando hacia un barranco, sucesión de curvas encadenadas, bajada de velocidad en las intersecciones... es que el nombrecito del pueblo se las trae: "Prádena (¿qué sera eso?) del Rincón"....
Son algo más de las diez de la noche, oscura, buen tiempo y, ¡dios!, ¡no sabemos donde viven!. Andamos en primera, parece que hay un bar y hay luz... bajamos, preguntamos y nos dan la indicación precisa. Por ahí, por la cuesta, la última casa, a la izquierda.
La carreterita es un túnel de puro oscura que está... vamos despacio y, a unos cuatrocientos metros de la última casa del pueblo, a la derecha, parece que viene un grupito de gente.
Nos acercamos poco a poco. ¡Son ellos!,¡no puede ser tamaña casualidad! y, como uno tiene esa mala follá que tiene, me voy acercando poco a poco, con los focos largos y los antiniebla. En fin un ascua de luz. Me encaro con ellos y me detengo.
Se protegen los ojos y, de pronto, Pepe, con la voz estentórea que le caracteriza dice... "¡O eres un hipo puta, o eres Rafa Flores!".
Nos quedamos pasmaos. Si alguna gente te reconoce detrás de unas luces, de un coche que no conoce, después de seis o siete años sin saber de ti, no cabe duda.... es tu amigo.
Así, a vuela pluma, ahí van un par de anécdotas.
No quiero comenzar por el origen, será objeto de otro relato, pero sí con datos objetivos.
Imaginénse, imaginaros. Familia Flores Martín, Padre, madre y enano mayor. Venimos de Barcelona, perdón, del pueblo de mi cuñada Pily, que también podré tomar como origen de otros relatos. Coche, el 1200 ex de la cantera, del que he hablado en otros lugares. Caída de la tarde atravesando Guadalajara y, al ir acercándonos a Madrid, decimos Alicia y yo, "¿por qué no nos acercamos a ver a Pepe y a Rafa?"...
Sabemos que están en la "sierra norte" de Madrid, en un pueblito que no vendrá ni en la cartografía militar, y que habrá que buscar, por tanto.
Nada, decidido. Hace, al menos 6 o 7 años que no sabemos nada de ellos, sólo que se habían hecho una casa ... "por Somosierra", y, como preguntando se llega a Roma, indicador a la derecha, se busca una salida que conecte la N-II con la N-I y, ¡ala!.
Plano Michelin al salir a la N-I, primer destino "Buytrago de Lozoya", cae la noche, llegada al pueblo, se rodean las murallas y, siguiente destino, "Gandullas", carretera estrecha con muchas curvas y un paisaje vislumbrado que parece recordar Sierra Morena. Parece que hemos atravesado un 'pueblo' (dos casas y media), una recta, curva bajando hacia un barranco, sucesión de curvas encadenadas, bajada de velocidad en las intersecciones... es que el nombrecito del pueblo se las trae: "Prádena (¿qué sera eso?) del Rincón"....
Son algo más de las diez de la noche, oscura, buen tiempo y, ¡dios!, ¡no sabemos donde viven!. Andamos en primera, parece que hay un bar y hay luz... bajamos, preguntamos y nos dan la indicación precisa. Por ahí, por la cuesta, la última casa, a la izquierda.
La carreterita es un túnel de puro oscura que está... vamos despacio y, a unos cuatrocientos metros de la última casa del pueblo, a la derecha, parece que viene un grupito de gente.
Nos acercamos poco a poco. ¡Son ellos!,¡no puede ser tamaña casualidad! y, como uno tiene esa mala follá que tiene, me voy acercando poco a poco, con los focos largos y los antiniebla. En fin un ascua de luz. Me encaro con ellos y me detengo.
Se protegen los ojos y, de pronto, Pepe, con la voz estentórea que le caracteriza dice... "¡O eres un hipo puta, o eres Rafa Flores!".
Nos quedamos pasmaos. Si alguna gente te reconoce detrás de unas luces, de un coche que no conoce, después de seis o siete años sin saber de ti, no cabe duda.... es tu amigo.
sábado, 25 de julio de 2015
el parto de los montes
Domingo o sábado de alguna semana de Abril, pero no estoy dispuesto a pelearme por las fechas. Mañana casi o, sin casi, primaveral con unas nubes en lontananza.
Plan, no sabemos cómo, pero si que, hagamos lo que hagamos, acabaremos en casa de Mauricio, en San Javier. Familia Flores: padre, madre y Rafalillo con menos de 3 años, o sea, año 82. Vehículo, el Simca 1200 ex de la cantera y renovado con motor "nuevo" puesto por nuestros amigos de Loja.
Salimos los tres de familia con comida incluida a dar un paseo en dirección a la Malaha. Pensamos comer por nuestra cuenta y, si acaso, a la caída de la tarde, dejarnos ver por San Javier, donde esperamos esté un buen resto de la panda: Mauri y family, Juanico and resto, etc., etc.
Vamos por la carretera de los Bermejales, subiendo hacia la Malaha, hemos pasado ya Las gabias y estamos en la recta larga donde hoy está la ITV. No recuerdo cómo, será por lo de las nubes que empiezan a descargar y no precisamente de forma suave, pero decidimos dar la vuelta e irnos a casa del Mauri.
Tonto de mí, escojo ir por un carril que conocía, que iba muy rápidamente hacia San Javier. Voy a marcha normal cuando arrecia el agua. Está cayendo sobre suelo seco y, en un momento veo que el carril que está en una especie de talud, empieza a inclinarse hacia la derecha. Me acerco al lado izquierdo y sigo conduciendo con mucha atención.
Tengo que reconocer que el coche, aún a pesar de ir andando normal, empieza a deslizarse de lado. La inclinación del carril me está llevando al borde del mismo. Como veo que el escalón que hay entre éste y la avena plantada a la derecha no es muy señalado, decido tirarme a la avena y... acelerar.
Alicia está callada. Ha visto el agua que nos está cayendo encima y ve que estamos huyendo de ella... en dirección San Javier. Avanzo entre la avena, el coche todavía se conduce y.... empieza a calentarse, la avena está tapando el radiador. Es decir, parece que estamos en un barco dentro de un mar verde.
Acelero porque la pendiente a mi favor se va a acabar de un momento a otro y mi intención es subir a un olivar que tengo delante. Sé que, detrás de él, hay un carril, que frecuento, que va desde Gabia hacia la finca de nuestro amigo "el vientos". El coche empieza a perder velocidad a la vez que noto que el arco que puedo marcar con l volante se ha reducido. Los guardafangos tienen que estar llenos de barro. Llego al olivar y, al cabo de unos metros el coche se detiene. No he quitado la marcha ni he dejado de apretar el acelerador... o sea, patinamos.
Paro el motor, que humea. Un silencio dentro del coche y el agua crepitando contra todo lo que hay alrededor.
Le digo a Alicia que voy a por ayuda. Supongo que, en casa de Mauri, estarán todos los amigos que pueden ayudarnos. Cojo mi anorak y Alicia me da el suyo... para lo que pueda servir. Salgo del coche bajo torrentes de agua y echo a andar.
No importa ni la lluvia, ni el barro ni los anoraks empapados. Voy agarrándome a los olivos para no caer o para levantarme cuando he caído. Avanzando como puedo hasta la "urba".
Recuerdo que no podía ni plantearme si había hecho lo correcto o no. Había que llegar a por ayuda y, allá iba.
Llego a casa del Mauri. Llamo a la puerta: Están: Mauricio, Juanico, Paco Ortega y Jose Enrique, más las mujeres respectivas que me miran con ojos desencajados. Yo era -más o menos- una estatua de barro. Les digo que me acompañen y obtengo la respuesta rápida y decidida. Creo que habían comido ya. Subimos al coche de Mauri, el Dyane Edelweiss que -según Marisol- se había comprado para imitarme...
Vamos cinco. O sea, coche lleno de mas y, tiro, aún bajo una lluvia intensa, por los carriles que conozco. En algunas curvas acabamos dándolas no por el carril sino por donde la adherencia -por llamarla de alguna forma- me permite pasar.
Al cabo de unos minutos, de los que recuerdo que Juanico iba comentando lo locos que estábamos, llegamos al olivar donde dejé el coche. Pero, desde donde aparco, no se ve el Simca. Se bajan los amigos del coche y preguntan que dónde está el coche.... "pues ahí arriba", digo y echo a a andar.
Ahora caigo en qué grado de confianza tenían que tener conmigo, porque, bajo el agua, chapoteando en el barro, sin que nadie hubiera dicho nada sobre protegerse o no del temporal, me siguen sin decir nada.
Subimos una pequeña pendiente y, allí está el coche, cristales cerrados, empañados y, dentro Alicia y Rafalillo, comiendo... "pollito, pollíto", había dicho el chico, a quien no le gustaba tal yantar y del que no pudo hacer remilgos dado el berenjenal que, entendía, nos habíamos metido.
Quitamos algo de barro de las ruedas y, empujando conseguimos con no poco esfuerzo subir al Simca un poco más arriba de donde está. El objeto es que, parece, hay una especie de vaguada que, pasando por encima de una acequia antigua, llega al carril donde habíamos dejado el Dyane.
El Simca está apuntando hacia abajo, pero no cae, está adherido al suelo y, cuando vemos por dónde habíamos pensado bajarlo nos damos cuenta que es, más bien, tirarlo. La acequia es más ancha y más profunda de lo que pareció en un principio. Con todo, seguimos en el plan. Juanico no está entre nosotros, ha desaparecido. Lo vemos venir con algo insólito: un neumático en cada mano.
Sorpresa generalizada: "¿De dónde has sacado eso?". Dice, "de ahí al lado y hay muchos más, así que, a por ellos; llenamos la acequia y el coche pasará por encima...."
Le hacemos caso, llenamos la acequia de neumáticos. Empujamos al coche que, al llegar a las ruedas choca con el paragolpes contra ellas. No cabe duda de que nos estamos acercando al final de la aventura. El coche está a unos 10 metros del carril... casi hemos acabado. Jé. No exagero. Puesto en el lado de la acequia que nos queda por pasar delante del coche, veo la bola de enganche. O sea, que está "clavado".
Le empujamos, tratamos de levantarlo, le volvemos a empujar. Al final, saco el gato y lo pongo en su sitio, espero que levantándolo mucho podamos empujarlo y caiga un poco más adelante. Paco Ortega dice que esa es la solución, que eso lo lleva haciendo la naturaleza muchísimo tiempo. El hielo levanta una roca y, cuando se deshiela, ésta se desplaza por la pendiente. Lo llamaba -o yo lo entendía así- el "pipckraker" . O sea, que, todo solucionado. Acciono el gato y, a medida que doy vueltas a su manivela veo cómo la plataforma triangular que toca el suelo, ... se va hundiendo en el barro. Hace falta una piedra... y no hay ninguna...
Juanico va a lo suyo. Unos metros a la derecha hay una piedrecita que parece un mojón. La empujamos, golpeamos, nada... tiene que estar sólidamente anclada porque aquello no se mueve. Pero está Juan, y su inmensa paciencia. Con un destornillador de esos que, por un lado es de estrella y, del otro, plano, empieza a trabajar sobre los alrededores de la piedra.....
Al cabo de un rato, el agujero que hay alrededor de la piedra es notorio y.... la piedra sigue hacia abajo. Los del coche seguimos tratando de que el gato.... suba al coche. Hemos puesto debajo de la plataforma todo lo que hemos podido. Creo que llegamos a sacar la rueda de repuesto, pero no era fácil trabajar con ella.
Se oye un grito. ¡Juan ha sacado la piedra! y, ¡es grande!, va a aguantar lo que le pidamos. Corriendo, la ponemos debajo del gato, el coche sube, muy alto, lo sujetamos entre varios y, cuando ya está arriba, le empujamos para que caiga. ¡Ha avanzado!. Paco Ortega chilla de satisfacción... las rocas se mueven porque el hielo las levanta y las hace caer en el sentido de la pendiente.... ¡re-eureka!....
A todo esto -y no quiero alargarme demasiado- tenemos un aspecto de lo más... natural. Si al hombre lo hizo Dios del barro, nosotros estamos recién hechos. Nos pasamos la litrona apretándola desde el cristal.. y sale despedida. Jose Enrique, atónito, pregunta... "¿y esto lo hacéis todos los sábados...?".
El caso es que, a base de Pipcckraker, o como sea, las ruedas del coche han llegado al lado opuesto de la acequia. Me subo, arranco y arastro con el eje trasero un puñado de neumáticos. Caigo, porque es así, hasta el carril y... ¡hemos llegado!.
La vuelta a casa es apoteósica. Nos atascamos de nuevo, ahora hasta con el Dyane, Pongo a Juanico perdido de barro -hasta la cara- al patinar una rueda. Él me echa una pella de barro a la cara. .. y, así y asao....llegamos a casa de Mauri.
Es demasiado para Marisol. ¡no puedo vernos tan guarros!. Nos hace cambiar los pantalones al menos... por pijamas viejos que tiene por sus armarios.
Y, así, acabamos la tarde. Los pantalones, puestos a secar delante de la chimenea, sueltan "caracolillos" de barro. Alguno de nosotros, preciosos, con nuestros "sky-jamas" rosas, tomamos café y nos enorgullecemos de nuestra aventura.... Una más, pero no una menos.
El final de esto acaba al volver unos días más tarde, y con tiempo más seco, a por la piedra salvadora.
Montamos unas semanas más tarde una fiesta y, entronizamos la piedra con una placa de aluminio que reza así.
Ni que decir tiene que los aventuremos sentimos haber fundado y, pertenecer, a una especie de cofradía: "Los rescatadores". y, de resultas de todo aquello reconocimos la gran profesionalidad de Juanico que puso a parir.... a los montes.
Plan, no sabemos cómo, pero si que, hagamos lo que hagamos, acabaremos en casa de Mauricio, en San Javier. Familia Flores: padre, madre y Rafalillo con menos de 3 años, o sea, año 82. Vehículo, el Simca 1200 ex de la cantera y renovado con motor "nuevo" puesto por nuestros amigos de Loja.
Salimos los tres de familia con comida incluida a dar un paseo en dirección a la Malaha. Pensamos comer por nuestra cuenta y, si acaso, a la caída de la tarde, dejarnos ver por San Javier, donde esperamos esté un buen resto de la panda: Mauri y family, Juanico and resto, etc., etc.
Vamos por la carretera de los Bermejales, subiendo hacia la Malaha, hemos pasado ya Las gabias y estamos en la recta larga donde hoy está la ITV. No recuerdo cómo, será por lo de las nubes que empiezan a descargar y no precisamente de forma suave, pero decidimos dar la vuelta e irnos a casa del Mauri.
Tonto de mí, escojo ir por un carril que conocía, que iba muy rápidamente hacia San Javier. Voy a marcha normal cuando arrecia el agua. Está cayendo sobre suelo seco y, en un momento veo que el carril que está en una especie de talud, empieza a inclinarse hacia la derecha. Me acerco al lado izquierdo y sigo conduciendo con mucha atención.
Tengo que reconocer que el coche, aún a pesar de ir andando normal, empieza a deslizarse de lado. La inclinación del carril me está llevando al borde del mismo. Como veo que el escalón que hay entre éste y la avena plantada a la derecha no es muy señalado, decido tirarme a la avena y... acelerar.
Alicia está callada. Ha visto el agua que nos está cayendo encima y ve que estamos huyendo de ella... en dirección San Javier. Avanzo entre la avena, el coche todavía se conduce y.... empieza a calentarse, la avena está tapando el radiador. Es decir, parece que estamos en un barco dentro de un mar verde.
Acelero porque la pendiente a mi favor se va a acabar de un momento a otro y mi intención es subir a un olivar que tengo delante. Sé que, detrás de él, hay un carril, que frecuento, que va desde Gabia hacia la finca de nuestro amigo "el vientos". El coche empieza a perder velocidad a la vez que noto que el arco que puedo marcar con l volante se ha reducido. Los guardafangos tienen que estar llenos de barro. Llego al olivar y, al cabo de unos metros el coche se detiene. No he quitado la marcha ni he dejado de apretar el acelerador... o sea, patinamos.
Paro el motor, que humea. Un silencio dentro del coche y el agua crepitando contra todo lo que hay alrededor.
Le digo a Alicia que voy a por ayuda. Supongo que, en casa de Mauri, estarán todos los amigos que pueden ayudarnos. Cojo mi anorak y Alicia me da el suyo... para lo que pueda servir. Salgo del coche bajo torrentes de agua y echo a andar.
No importa ni la lluvia, ni el barro ni los anoraks empapados. Voy agarrándome a los olivos para no caer o para levantarme cuando he caído. Avanzando como puedo hasta la "urba".
Recuerdo que no podía ni plantearme si había hecho lo correcto o no. Había que llegar a por ayuda y, allá iba.
Llego a casa del Mauri. Llamo a la puerta: Están: Mauricio, Juanico, Paco Ortega y Jose Enrique, más las mujeres respectivas que me miran con ojos desencajados. Yo era -más o menos- una estatua de barro. Les digo que me acompañen y obtengo la respuesta rápida y decidida. Creo que habían comido ya. Subimos al coche de Mauri, el Dyane Edelweiss que -según Marisol- se había comprado para imitarme...
Vamos cinco. O sea, coche lleno de mas y, tiro, aún bajo una lluvia intensa, por los carriles que conozco. En algunas curvas acabamos dándolas no por el carril sino por donde la adherencia -por llamarla de alguna forma- me permite pasar.
Al cabo de unos minutos, de los que recuerdo que Juanico iba comentando lo locos que estábamos, llegamos al olivar donde dejé el coche. Pero, desde donde aparco, no se ve el Simca. Se bajan los amigos del coche y preguntan que dónde está el coche.... "pues ahí arriba", digo y echo a a andar.
Ahora caigo en qué grado de confianza tenían que tener conmigo, porque, bajo el agua, chapoteando en el barro, sin que nadie hubiera dicho nada sobre protegerse o no del temporal, me siguen sin decir nada.
Subimos una pequeña pendiente y, allí está el coche, cristales cerrados, empañados y, dentro Alicia y Rafalillo, comiendo... "pollito, pollíto", había dicho el chico, a quien no le gustaba tal yantar y del que no pudo hacer remilgos dado el berenjenal que, entendía, nos habíamos metido.
Quitamos algo de barro de las ruedas y, empujando conseguimos con no poco esfuerzo subir al Simca un poco más arriba de donde está. El objeto es que, parece, hay una especie de vaguada que, pasando por encima de una acequia antigua, llega al carril donde habíamos dejado el Dyane.
El Simca está apuntando hacia abajo, pero no cae, está adherido al suelo y, cuando vemos por dónde habíamos pensado bajarlo nos damos cuenta que es, más bien, tirarlo. La acequia es más ancha y más profunda de lo que pareció en un principio. Con todo, seguimos en el plan. Juanico no está entre nosotros, ha desaparecido. Lo vemos venir con algo insólito: un neumático en cada mano.
Sorpresa generalizada: "¿De dónde has sacado eso?". Dice, "de ahí al lado y hay muchos más, así que, a por ellos; llenamos la acequia y el coche pasará por encima...."
Le hacemos caso, llenamos la acequia de neumáticos. Empujamos al coche que, al llegar a las ruedas choca con el paragolpes contra ellas. No cabe duda de que nos estamos acercando al final de la aventura. El coche está a unos 10 metros del carril... casi hemos acabado. Jé. No exagero. Puesto en el lado de la acequia que nos queda por pasar delante del coche, veo la bola de enganche. O sea, que está "clavado".
Le empujamos, tratamos de levantarlo, le volvemos a empujar. Al final, saco el gato y lo pongo en su sitio, espero que levantándolo mucho podamos empujarlo y caiga un poco más adelante. Paco Ortega dice que esa es la solución, que eso lo lleva haciendo la naturaleza muchísimo tiempo. El hielo levanta una roca y, cuando se deshiela, ésta se desplaza por la pendiente. Lo llamaba -o yo lo entendía así- el "pipckraker" . O sea, que, todo solucionado. Acciono el gato y, a medida que doy vueltas a su manivela veo cómo la plataforma triangular que toca el suelo, ... se va hundiendo en el barro. Hace falta una piedra... y no hay ninguna...
Juanico va a lo suyo. Unos metros a la derecha hay una piedrecita que parece un mojón. La empujamos, golpeamos, nada... tiene que estar sólidamente anclada porque aquello no se mueve. Pero está Juan, y su inmensa paciencia. Con un destornillador de esos que, por un lado es de estrella y, del otro, plano, empieza a trabajar sobre los alrededores de la piedra.....
Al cabo de un rato, el agujero que hay alrededor de la piedra es notorio y.... la piedra sigue hacia abajo. Los del coche seguimos tratando de que el gato.... suba al coche. Hemos puesto debajo de la plataforma todo lo que hemos podido. Creo que llegamos a sacar la rueda de repuesto, pero no era fácil trabajar con ella.
Se oye un grito. ¡Juan ha sacado la piedra! y, ¡es grande!, va a aguantar lo que le pidamos. Corriendo, la ponemos debajo del gato, el coche sube, muy alto, lo sujetamos entre varios y, cuando ya está arriba, le empujamos para que caiga. ¡Ha avanzado!. Paco Ortega chilla de satisfacción... las rocas se mueven porque el hielo las levanta y las hace caer en el sentido de la pendiente.... ¡re-eureka!....
A todo esto -y no quiero alargarme demasiado- tenemos un aspecto de lo más... natural. Si al hombre lo hizo Dios del barro, nosotros estamos recién hechos. Nos pasamos la litrona apretándola desde el cristal.. y sale despedida. Jose Enrique, atónito, pregunta... "¿y esto lo hacéis todos los sábados...?".
El caso es que, a base de Pipcckraker, o como sea, las ruedas del coche han llegado al lado opuesto de la acequia. Me subo, arranco y arastro con el eje trasero un puñado de neumáticos. Caigo, porque es así, hasta el carril y... ¡hemos llegado!.
La vuelta a casa es apoteósica. Nos atascamos de nuevo, ahora hasta con el Dyane, Pongo a Juanico perdido de barro -hasta la cara- al patinar una rueda. Él me echa una pella de barro a la cara. .. y, así y asao....llegamos a casa de Mauri.
Es demasiado para Marisol. ¡no puedo vernos tan guarros!. Nos hace cambiar los pantalones al menos... por pijamas viejos que tiene por sus armarios.
Y, así, acabamos la tarde. Los pantalones, puestos a secar delante de la chimenea, sueltan "caracolillos" de barro. Alguno de nosotros, preciosos, con nuestros "sky-jamas" rosas, tomamos café y nos enorgullecemos de nuestra aventura.... Una más, pero no una menos.
El final de esto acaba al volver unos días más tarde, y con tiempo más seco, a por la piedra salvadora.
Montamos unas semanas más tarde una fiesta y, entronizamos la piedra con una placa de aluminio que reza así.
"OMNIA HOMINI DUM VIVIT
SPERANDA SUNT
IN MEMORIAM JOHANNES
GINECOLOGUM MONTIS
CUIUS PETRUS EST SIGNALEM
ILIBERIS XXV APRILIUS MCMLXXXII"
Ni que decir tiene que los aventuremos sentimos haber fundado y, pertenecer, a una especie de cofradía: "Los rescatadores". y, de resultas de todo aquello reconocimos la gran profesionalidad de Juanico que puso a parir.... a los montes.
sábado, 4 de julio de 2015
la hormigonera de los c.....
Cuando se tiene -es un decir, porque es del banco-, una parcela en una "urbanización", se está dispuesto a recibir, adoptar, acoger, asimilar, comprar (en menos casos).... cualquier cosa que la familia, amigos, o quienes quiera que sean, te puedan dar.
Recién llegado a "propietario", que sigue siendo -como indico dos líneas más arriba-, falso, porque era el banco el que tenía la propiedad, me ofrecieron -nos ofrecieron-, una hormigonera.
Recién llegado a "propietario", que sigue siendo -como indico dos líneas más arriba-, falso, porque era el banco el que tenía la propiedad, me ofrecieron -nos ofrecieron-, una hormigonera.
Era, como el escrito de Quevedo, una hormigonera superlativa, era el espolón de un galera, una pirámide de Egipto, era..., una hormigonera, de la que me había hablado mi amigo Sorroche, y sin verla, ya tenía adjudicadas todas las propiedades para acabar la casa, la piscina, el garaje, el techo del kiosco de verano, ... en fin. ¡la rehormigonera!.
Con el remolque que me habían hecho, anduve, por carriles y sierras, eludiendo civiles y carreteras normales donde alguien pudiera decir que "no tenía papeles"...llegando a Huétor Santillán, a casa de un señor, amigo, a su vez, de Antonio.
Con la "plumilla" que tenía el "Sorro", cargamos el mamotreto en el remolque. Vuelta a casa, por Víznar, Alfacar, Nivar, Güevejar, Calicasas, Atarfe,carriles de la vega, puente de los vados, Belicena, ... en fin, casi Siberia.
Al explorar las propiedades de la gran -y esperanzadora- máquina, veo que es trifásica, que tiene serios problemas con el cojinete de salida en el eje que acciona el bombo, que tiene un motorazo, que...
Al día siguiente, sin falta, pregunto a mi "compa" de tecnología sobre la posibilidad de enganchar algo trifásico en mi corriente monofásica. Se va a su departamento y hace los cálculos oportunos. Describe la compra de los condensadores que la harían posible como algo fuera de las economías normales... O sea, tengo un hormigonerón, que sólo produce óxido, por el momento.
Como hay sitio de sobras en casa, no hago problemas. Ya veré qué y cómo hacer.
Al cabo de un cierto -no poco- tiempo, en el que prosigo dándole vueltas al tema, veo que no voy a ser capaz de poner en marcha semejante armatoste. Se lo digo a mi cuñado Fernando y él me dice que va a necesitar una hormigonera, así de grande, para algún trabajo que tiene que hacer en Atarfe.
Decido llevársela. El problema es cargarla en el remolque. A base de trabajar con el gato conseguí subirla hasta la altura de la plataforma de remolque.
Estaba claro, pondría el remolque, tal y como se ve, a la derecha del dibujo, pegando su borde con el lado más cercano a la "pata" del remolque, y, a partir de ahí.... qué hacer....
¿jugar con la inercia?, es decir, ¿dar un empujón súbito para que la "pata" se subiera a la plataforma?.
Era jugar todo a una baza. Si salía bien, pues ya está... ¿y si no?, hormigonera panza arriba, borde de remolque deformado... ¡qué lío¡.
Nueva idea. Hacer un agujero en el suelo, y, aprovechando que tenía unos chopos bastante derechos, 'plantar' un chopo en diagonal entre el agujero y la caja de mecanismos de la hormigonera. Allí haría una sujeción con cuerdas, alambres, tornillos o lo que sea. Se trataría, entonces, de empujar, como pensaba antes, pero ya no se basaba el tema en la suerte. Habría -esperaba- una reacción a través del chopo y éste impediría que, al menos, se fuera hacia atrás. El problema de equilibrio era notorio, pero... ya está, diseñado.
Llega el momento y, no me fío. Menos mal que estaba aquí Rafa y, entre los dos veíamos el proceso con bastante aprensión.
Al final, la solución. Véase el dibujo:
Rafa-hijo, en el AX. Una cuerda atada al gancho delantero, pasa por debajo del Nissan, sube por encima del remolque y.... sujeta a la hormigonera.
A una voz -no recuerdo cómo lo hicimos- yo eché para atrás el Nissan empujando al remolque que, a su vez empujaba a los bloques sobre los que estaba la hormigonera y Rafa, desde el AX, marcha atrás, tiraba todo lo que podía.
Resultado: un estruendo, vibraciones y.... silencio.
Bueno, no, mamá (Pacita) y Tere Flores, que estaban presentes, rompieron a aplaudir. De ahí deduje que la hormigonera no estaba en el suelo....
Al final, nada, prosaico. La llevé, a través -como siempre- de carriles choperos, hasta los mármoles en Atarfe, llegó un "torillo" y la bajó, así, como si nada, como si no pesara, como si no me hubiera costado ningún trabajo..... yo creo que esperaba un diploma por haberlo subido, pero no, un torillo y, al suelo... ná más.
Decido llevársela. El problema es cargarla en el remolque. A base de trabajar con el gato conseguí subirla hasta la altura de la plataforma de remolque.
Estaba claro, pondría el remolque, tal y como se ve, a la derecha del dibujo, pegando su borde con el lado más cercano a la "pata" del remolque, y, a partir de ahí.... qué hacer....
¿jugar con la inercia?, es decir, ¿dar un empujón súbito para que la "pata" se subiera a la plataforma?.
Era jugar todo a una baza. Si salía bien, pues ya está... ¿y si no?, hormigonera panza arriba, borde de remolque deformado... ¡qué lío¡.
Nueva idea. Hacer un agujero en el suelo, y, aprovechando que tenía unos chopos bastante derechos, 'plantar' un chopo en diagonal entre el agujero y la caja de mecanismos de la hormigonera. Allí haría una sujeción con cuerdas, alambres, tornillos o lo que sea. Se trataría, entonces, de empujar, como pensaba antes, pero ya no se basaba el tema en la suerte. Habría -esperaba- una reacción a través del chopo y éste impediría que, al menos, se fuera hacia atrás. El problema de equilibrio era notorio, pero... ya está, diseñado.
Llega el momento y, no me fío. Menos mal que estaba aquí Rafa y, entre los dos veíamos el proceso con bastante aprensión.
Al final, la solución. Véase el dibujo:
Rafa-hijo, en el AX. Una cuerda atada al gancho delantero, pasa por debajo del Nissan, sube por encima del remolque y.... sujeta a la hormigonera.
A una voz -no recuerdo cómo lo hicimos- yo eché para atrás el Nissan empujando al remolque que, a su vez empujaba a los bloques sobre los que estaba la hormigonera y Rafa, desde el AX, marcha atrás, tiraba todo lo que podía.
Resultado: un estruendo, vibraciones y.... silencio.
Bueno, no, mamá (Pacita) y Tere Flores, que estaban presentes, rompieron a aplaudir. De ahí deduje que la hormigonera no estaba en el suelo....
Al final, nada, prosaico. La llevé, a través -como siempre- de carriles choperos, hasta los mármoles en Atarfe, llegó un "torillo" y la bajó, así, como si nada, como si no pesara, como si no me hubiera costado ningún trabajo..... yo creo que esperaba un diploma por haberlo subido, pero no, un torillo y, al suelo... ná más.
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