viernes, 5 de agosto de 2022

¡Que viene la inercia!....

 Matrimonio con tres hijos: 9, 6 y 1 año y pico. Se viaja bastante en coche grande. Patrol familiar de techo alto y, en ese momento, no hay cinturones traseros ni obligación de sillitas.


Carreteras del sur de España, no autovías, curvas y cuestas continuadas. El chófer -yo- lo hacía rápido porque nohabía mareos ni quejas. 


Empezamos a advertir quejas en el asiento trasero. Mi hija se queja de que su "hermanillo" le pega. Regaño rápido porque no llega la sangre al río y, al cabo de unos instantes, repetición del proceso. 


La madre se vuelve hacia atrás y trata de averiguar el tema. En cada curva, donde el enano se ha visto removido en su lugar, ha respondido con un toque a su hermana, siempre a su hermana.


Aprovechando una comida familiar instamos a que se nos explique el tema. Sabemos que tiene que ver con las curvas y tratamos de averiguar el por qué del porrazo a la hermana. El chico, hecho un ruño en un rincón del asiento se ha visto impulsado hacia allá. ¿Quién ha sido?. Él lo tenía claro. Su hermana.


Pues se nos ocurre explicar al chico que si se cae en una curva la "culpa" la tiene la inercia y, a partir de ahí, el que vaya conduciendo avisa en cada curva: "Nano, ¡que viene la inercia!" cual ente incorpóreo que lo empujarán al fondo del asiento. 


El chico ha aprendido. Esa palabra mágica lo defiende del ente agresivo. Se agarra a lo que puede, no se cae y se cae menos y las quejas han desaparecido.


Al final de los tiempos, ya ingeniero, se acuerda de cómo aprendió la virulencia de la inercia. No hay que explicárselo.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario