La bomba de nuestro pozo dejó de funcionar. A lo mejor se asustó con el calor y quiso hacernos el regalo de asustarnos.
Pues eso, como recordaba el trabajo que nos costó a Fernando y a mi el sacarla, Llamé a Mohamed y, poco a poco, sacamos los cincuenta metros de tubo.
Después, con un hierro y un hilo de los finos medí la distancia a la que estaba el agua, por si se hubiera quedado seco.
En absoluto. A los 13 metros, agua, a los cincuenta, la bomba.
O sea, avería.
La llevo a arreglar pero, quedo conmigo mismo en la obligación de medir la profundidad del agujero que hicimos en su momento, por si fuera prudente poner el tubo algo más largo.
Eso fue hace siete dias y hoy, que he traído la bomba arreglada, me dispongo a medir la profundidad profunda.
Cojo el hilo, que había lido previamente en un rollito perfecto para que se liara y desliara suavemente.
Me siento en el suelo, al lado mismito del agujero y empiezo a echar hilo.
El carrete, detrás de mí, en el suelo.
Como aquello baja bien, voy tomando confianza y lo suelto más deprisa.
Con el rabillo del ojo veo que el carrete pasa de un lado a otro por detrás de mi.
Y, pienso, ¿y si se me cae al agujero?.
¡Qué tontería!¿Cómo se va a caer?.
Suelto algo más de hilo, ya he pasado el agua y estoy atento a la tensión de mi hilo.
Y, en esto que veo por el rabillo y, por la visión frontal cómo el carrete, de manera totalmente limpia, salta al agujero, así, sin pedir permiso ni ná.
O sea, que ya tengo dos cuerdas. El Murphy dando por saco.
Y, tengo que discernir qué hago, tirar de una, tirar de otra. Pienso, a mi favor que no se enrrollarán, y que podré repetir la maniobra.
Al cabo de ¿10metros?, sale un amasijo de cuerdas liadas.
Sigo tirando, salen trozos liados y trozos sueltos entre sí....
Al final, la cuerda fuera, y liada, liada, liada. O sea, comprar una nueva y esperar darle a Murphy en los morros en cuanto aparezca.
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