jueves, 17 de septiembre de 2015

los peligrosos piratas del aire

Creo que fue en el año 2004, más tarde preguntaré a alguno de los protagonistas sobre la fecha. ¡Ah!, pero, ¡si no hace falta!. Había nieve a montones y,  en el bar del hotel la nieve formaba grandes setas sobre los veladores con inscripciones de "Coca-Cola"... O sea, invierno, probablemente final de febrero o principios de marzo.
Habíamos estado en Bulgaria, en Stara Zagora, en una reunión de los planes "Comenius" de la Comunidad Europea. Hablamos, inventamos y participamos en teorías o experiencias sobre "la educación en valores"...podría extenderme, pero, la anécdota que marca este relato es del final de la estancia, no del contenido.
En Stara Zagora había -a lo mejor lo hay- una especie de "grandes almacenes oficiales", Era un edificio, no demasiado grande en el que se juntaba una representación del comercio de la ciudad. Aquello pretendía ser un mini-galerias, mini-preciados. Pero era pintoresco y divertido.
Nuestros compañeros de viaje, Ángel y MªLuisa, querían comprar un reloj de pared para la colección de su hijo homónimo. Vimos varios modelos y, al final, se decidieron por uno -sería ruso-, de aspecto racionalista. Muy bonito.
Hasta aquí, sin problemas, pero,  el día antes de estar de vuelta se nos ocurrió a alguno de los cuatro que, ir en avión con un tic-tac en la maleta, era francamente peligroso.
Ángel y yo abrimos la portezuela del reloj, vimos que, aunque se quitara el péndulo, parecía delicado sujetar el mecanismo de escape. En cuanto poníamos un papelito o similar, este se caía y el tic-tac fatídico, volvía a sonar.
La tarde del último día fuimos con el reloj debajo del brazo a los pequeños-grandes almacenes. Allí, un amable operario hizo no sé qué, pero consiguió parar el ruido de la "bomba".
Al día siguiente, en Sofia, nos dio tiempo para pasar por un mercadillo del centro de la ciudad. A la llegada, Alicia había visto unas estatuillas de Lenin, hechas en bronce o latón  que parecían ideales para regalar.
No las encontramos, pero sí un precioso "kalashnikov" de chapa estampada, con una bocacha de plástico rojo donde una bombillita accionada por una pila despediría rayitos de luz, como si de disparos se tratara. Tamaño, casi el del fusil reproducido. ¡Un regalo para el cuñado!.
Volvemos al hotel, recogemos las maletas y, en la bolsa de mano, el fusil.
Vamos al aeropuerto  y, como vamos con tiempo, al restaurante a comer. Lo hacemos tranquilos y, al final, más tranquilos aún, vamos hacia el embarque. En los altavoces, "Pinto, López, Flores, Martín"... Tienen que repetirlo, al parecer, varias veces hasta que lo entendemos.
Corremos raudos hacia el embarque. Creímos que íbamos con tiempo de sobra pero, según los altavoces, estábamos en última llamada.
Mostrador. Una funcionaria ex-soviética (alrededor de 120 kg) está del otro lado. A su alrededor, algunos polícias de uniforme. Meto la bolsa en el "escaner" y contemplo cómo la cara de la operaria del mismo levanta las cejas con exceso.
Caigo en la cuenta de que el fusil ha aparecido en la pantalla. Sin pensarlo dos veces meto la mano en el aparato, tiro de la bolsa, abro la cremallera y saco el fusil agarrándolo por la bocacha mientras que, desesperado grito en mi mejor inglés de europa oriental: "¡It's a toy! (¿se escribe así?). ¡It's a toy".
Paso casi por encima de la cinta de rodillos y le doy el fusil a la funcionaria, quien seguía mirando con ojos aterrados. Los policías que la rodean también miran con atención, pero más desconcertados que asustados.
Alrededor de nosotros hay un silencio generalizado.
Uno de los policías coge el fusil, lo muestra a sus compañeros, sonríen -menos mal- con aire paternal y hablan, en un idioma que me sabe a chino-búlgaro, con la funcionaria.
Esta nos mira con cara furibunda....Poco a poco, coge el tono normal, pasamos el resto de bolsas por el escaner y, salimos a la pista, donde una multitud encerrada en un autobús que nos espera, nos mira con ojos no menos furibundos que la funcionaria
Los granaínos vamos callados, con el fusil metido en la bolsa y, ésta, debajo del brazo.. custodiando el objeto peligroso. Y, soñando con que el reloj no nos denuncie como posible bomba....
Llegamos al avion y, yo creo que, hasta que no estuvimos en la vertical de Málaga, no rompimos a reir.
¡Y luego dicen que la vida de los profes no es intensa!.

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