En cierta ocasión, el pater familiae -yo-, estaba sentado en el trono.
Llaman al teléfono y lo coge Alicilla, pequeña, de 7 a 9 años, más o menos, según creo recordar.
Quien estaba al otro lado de la línea era mi compañera del Insti de Atarfe, Victoria,
- "¿Está tu padre?".
- "si, pero está cagando (sic)".
- "déjalo, luego lo llamo".
Me incorporo a la vida doméstica después de las actividades higiénicas y vuelve a sonar el teléfono:
Victoria, de nuevo, y espeta:
- "¿Defecas, vida?.
Me quedo atónito, no enfadado ni mucho menos, pero sí, eso, atónito...
- "¿Qué dices?¿cómo lo sabías?".
Me cuenta la conversación anterior con Alicilla...
A Ali madre le llegan los ruidos de mi risa y ve cómo le digo a la chica que "eso no se dice", que cuando un padre está en el servicio siempre está en la "ducha" y puestos a puntualizar, aprovechando la coyuntura didáctica, le decimos que la forma fina de decir "cagar" es "defecar".
Y sigue la vida.... hasta que, un día. Están los chicos en casa de Ana y Fernando. En esto que llama el teléfono y me pongo: Es Ana. Dice con voz un tanto regañona: "Oye, ¿qué es eso de enseñarle a tus hijos palabras finas?. Tu hija, me ha dicho hace un rato....tita Ana, tita Ana, ¿en tu casa se puede defecar?...¡vamos!, esto es demasiado...."
y, mientras que estamos hablando, se oye, como ruido de fondo, la voz de Alicilla diciendo "....que me meoooooooo".
Yo a Ana: "¿Decías algo?...."
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