De mi padre se ha contado mucho y muchísimo más es lo que se puede contar. Por ejemplo, poca gente creo que lo ha visto en un estado de tensión física de una forma tan clara como lo he visto yo.
¿Dónde?. Conduciendo. Bueno, conduciendo yo haciéndole pasar un apuro de los que marcan época.
Venimos de Jaén o de por ahí. Viaje profesional o de alguna razón por la que, por esa carretera veníamos los dos solos.
Coche: el "seillas" gris, Gr-35513, ventanas abiertas, por eso del aire-acondicionado y por la carretera antigua, pero la antigua de verdad.
Pasamos "La Cerradura", hacia Granada, hay unas curvas agradables antes de meternos en el desfiladero tan bonito que precede a "La Miel-Honey".
Voy detrás de un camión de cemento de esos cuyo remolque está formado por unas bolas blancas enormes. Me voy preparando para sacarle al seillas unas revoluciones de más y, al llegar a una curva a izquierdas, empiezo a adelantarlo.
De pronto, de frente, un Alfa Romeo negro -no se me podrá olvidar- que viene hacia mí, pero que viene, que viene.
Como estoy al lado justo del trailer estoy "pillado" ni me da tiempo de pasarlo y, la frenada está apurada.
Decido "meterme" debajo del camión. Papá empieza a tirarle pellizcos, casi, al salpicadero del seiscientos. Tenso, crispado porque, delante de nosotros, a un par de metros, giran las ruedas de la cabeza tractora. Detrás, por el retrovisor, justo detrás, veo las ruedas del remolque.
El "Alfa", pasa zumbando a mi izquierda.
Salgo de debajo del camión y acabo felizmente el adelantamiento.
He estado viendo cómo papá pasaba del estado de tensión máxima en el que, entre dientes, mascullaba "Rafalito, Rafalito"...a que, de alguna manera tenga que descargar la tensión.
¿Cómo?, pues de una manera muy personal, un pescozón en la cabeza.
"¡Cabeza de chorlito!, ¿cómo se te ha ocurrido hacer eso?"....
Pues, no sé haciéndolo.
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