jueves, 9 de marzo de 2017

El centro del Universo.



No es exageración.

Volvíamos de Smara camino de Tiznit, habiamos salido algo tarde y queríamos pasar por TanTan con la suficiente tranquilidad como para intentar saludar a Ghalla, a quien no vimos en el viaje hacia el sur.

La salida no reviste ninguna dificultad porque el cruce está bien señalizado. Vamos por una carretera elevada sobre el terreno, al parecer fue una de las que se rehicieron a raíz de la confección del "muro", el asfalto es bueno, es ancha y, para el tráfico que hay, es la mar de cómoda.

Hemos pasado por un par de aldeas, más bien pequeñas, de casas anchas, planas y de ladrillo rojo, cuatro farolas en la calle principal y poco más.

Como fenómeno extraño, a la salida de una de estas aldeas, vemos cómo en la carretera hay, de vez en cuando, unos monolitos de hormigón bastante altos que marcan los laterales de la misma. En un principio, una cosa más, pero a unos kilómetros más adelante, encontramos una más que satisfactoria explicación. Hay un badén, de unos cientos de metros de largo, cubierto de agua. 


El Patrol va conducido con Pacho. Yo voy en el Dyane, con Lola, me parece advertir que hay más profundidad que la deseada y, en vez de seguir por la carretera, me salgo y comienzo a andar por la arena, para rodear el "charco".



Veo cómo me adelantan por medio del agua y saco las fotos correspondientes. Cuando voy a seguir yo, estoy atascado. ¡Atascado en el desierto por culpa del agua!.



Por suerte, el Dyane pesa poco, me bajo y trato de empujarle yo sólo, aunque Pacho ha bajado y viene hacia mí. En unos momentos estamos de nuevo en la carretera.

Seguimos viaje, rodeados de arena y agua, y llegamos a Tantan. Allí vamos a tener otra explicación interesante. Cuando veniamos hacia el sur, pasamos por una calle ancha que se metía en una rambla bastante grande. En medio de ella había unos 'tetrápodos'. Esos artilugios de hormigón que se usan en las escolleras de los puertos. Nos dijeron en su momento que servían para parar el agua que podría venir por la rambla. Pues bien, esta vez no los vimos, estaban cubiertos por un río increíblemente caudaloso. ¡Era verdad!.
Atravesamos el río por un puente "Bailey" sobre un cauce más angosto y seguimos viaje hacia el norte.

Cuando anocheció ocurrió lo, casi, esperado. En uno de los badenes, que era más largo de lo normal, el Dyane se paró. El agua era bastante alta y, según Lola, estaba empezando a entrar por los bajos de la puerta. Dije a Pacho que me empujara, a las bravas con el Nissan.
Dejó a la familia en el otro lado del vado y volvió a por mí. Yo sabía que iban a romperse los pilotos y lo que fuera, pero de alguna manera teníamos que salir. 
Así se hizo. Me sacó hasta el final del vado y me dispuse a secar cables y esperar que el propio calor del motor secara sus interioridades.
Es noche cerrada y aprovechamos para sacar unos yogures y alguna de las viandas que Asusa llevaba preparadas.
En esto, unas luces a lo lejos. Un coche. Viene por donde lo hacíamos nosotros y, se mete en el agua. Al cabo de unas decenas de metros, se para. Silencio casi absoluto, sólo el gorgoteo del agua llena nuestros oídos, pero, una voz en alto, en español dice "... me parece haber oído hablar español, ¿serían ustedes tan amables de sacarme de aquí?".
Subimos Pacho y yo al Nissan y retrocedemos por la carretera. En medio del vado un Peugeot blanco y, encima del capot un saharahui con su darrá y turbante sentado muy dignamente. Me pongo al lado y sugiere que tiremos de él con una cuerda. Así lo hacemos, la enganchamos a la bola de remolque y lo llevamos al otro lado. Arranca su coche y se va.


Este es el dibujo que hicimos a la vuelta a Tetuán. Lo empezaron a colorear Rafalillo y Alicilla.

Volvió a pasar otra vez, otro coche y, anduvimos ya más ligeros en secar cables y prepararnos para continuar. No era cuestión de estar toda la noche de 'rescatadores'

Seguimos viaje, rara vez vemos algún coche y la oscuridad es total. Hay grandes charcos a un lado y otro de la carretera y, de vez en cuando hay en plena calzada una especie de manchas blancas que parecen moverse. Son grandes, decenas de metros y, al pasar por encima de ellas oímos ruidos extraños. 

Así, una vez y otra hasta que, al cabo de unas cuantas veces, decido parar a ver qué es aquello.

Yo iba en el Dyane, delante del Patro, que conduce Pacho. Dejo mi coche y voy hacia el grande a pedir una linterna, pero no hace falta, con la luz difusa de los faros veo que el Nissan -blanco- tiene los bajos rojos, manchado ¡de sangre!. Se lo hago notar a Pacho quien baja inmediatamente. 

Vamos andando sobre mantas de ratones de campo quienes, ante la inundación generalizada se han subido a la carretera. Dirigimos la linterna al suelo y se confirma, por todos lados hay ratoncillos de campo blancos que huyen en todas direcciones.

Impresionado, me vuelto hacia el Dyane para continuar viaje pero, adelanto a éste y me meto en la oscuridad de la carretera. Percibo algo inusitado, tan llamativo que me vuelto a la familia, les grito que apaguen los faros y las luces de posición y que vengan conmigo.

Voy andando por un sendero en mitad del universo. Todo son estrellas. Todo son estrellas. No se ve la separación entre tierra y cielo. Una lámina de agua inconmensurable me rodea. Mire hacia donde mire, todo son estrellas.

Todo son estrellas. Estoy en el centro del Universo.














1 comentario:

  1. Pero, ¿Cuantos blogs tienes???!!! Cómo puedes llevar todos los blogs, el facebook y no se qué más para delante??

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