jueves, 23 de agosto de 2018

lectura del testamento de D.Nicolás

Mi "coco" funciona, como creo que es frecuente, a través de evocaciones y, cuando son positivas es agradable gozar de ellas. Es más, es bonito compartirlas a través de estos rollos informáticos.
Pues bien, ayer concretamente, estábamos en casa liados haciendo unos papeles de una herencia. Lectura del testamento, cálculos de hacienda y demás.
Y empezó la neurona correspondiente a llamar la atención: "¿te acuerdas?¿te acuerdas?", "¿de qué?", le dije. Y, entonces, la puñetera neurona (una de las pocas que quedan en funcionamiento), me dice: "¿recuerdas el suceso que aconteció cuando leísteis el testamento de tu padre?".
Y ahí se desencadenó todo.
Estábamos recién llegados a casa después de haber dejado a papá en su tumba del cementerio. Os podéis imaginar la sensación anímica de todos. El "desconcierto" -como a mi padre le gustaba decir- era mayúsculo. Sentados alrededor de la mesa del salón, silenciosos, oímos como a mamá se le ocurre decir: "¿Por qué no leemos el testamento?, hay ahí una copia".
Creo que fue Pablo a buscarla y, llegado al grupo comenzó a leer. ".... lego a mis hijos, los bosques, minas y pesquerías así como las explotaciones agrarias, vaquerías, piscifactorias....".
Atónitos estamos mirando a Pablo porque no podía ser que las letras de los papeles dijeran eso. Él sigue leyendo, los demás tenemos el asombro disparado sobre cómo se desgranan todas las actividades del "sector primario"....y, cuando va acabando el párrafo, sale la justificación "....si los hubiere".
Siguiente párrafo: "....lejo a mis hijos, las industrias de transformación, fábricas, cadenas de montaje....si los hubiere".
Ya la sorpresa se ha tornado en sonrisa. Empezamos a ver a D. Nicolás ¡tomándonos el pelo!.
En el sector terciario no nos legó la monarquía y el Estado porque iban a ser demasiado, pero, vamos, casi teníamos chalet en los Nuevos Ministerios, ...si los hubiere...
En ese punto estamos muertos de risa.
¡qué golpazo!. El bueno de D. Nicolás fue capaz de contarnos "un cuentecillo" después de muerto. ¡Cómo se lo agradecimos!. Pasamos del pesar de su desaparición a la presencia de su humor y que, además, quedaría -seguro- fijo en nuestras memorias.
Y así fue. Uno de los episodios más divertidos que se pueden tener nacido de una tragedia.
Hizo verdad la conjetura de que la vida puede surgir de la muerte.
¡Qué risa!.


El follón que nos lió en hacienda los veintitantos folios del testamento son objeto de otro cuentecillo. Ya lo contaré.

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