Alrededor del año 56, según mi jovencísimo recuerdo, comenzaron a electrificar la estación de Linares-Baeza.
Siempre que bajaba con la familia a recoger a mi padre de alguno de sus viajes profesionales, me admiraban los "maquinones" verdes que tiraban de esos trenes tan sugerentes.
Pero, durante mucho tiempo, me tenían asombrado. Yo sabia que eran "eléctricos" y, según un razonamiento hecho sobre mi tren de juguete Payá, cuando un tren eléctrico está detenido, no tiene que hacer ningún tipo de ruido.
Pues, ahí estaba mi asombro, te acercabas a una 'Panchorga' y aquella, parada, resoplaba y bufaba como un hipopótamo.
Un día, pasando cerca de una loco que tenía las rejillas de aireación abiertas, comprobé que de allí salía "una 'caló'" de impresión.
Quedé satisfecho. Los bufidos y resoplidos eran de ventiladores.
Luego, miraba a mi Santa Fé, de Payá, con cierta depreciación. Aquello ni era de vapor, ni estaba caliente, ni soltaba vapor por ninguna válvula, ni tenía ventiladores.
Pero era preciosa.
Es más, cuento la anécdota complementaria. Mi padre era director del Instituto de Linares, catedrático por partida doble de Física y aficionado a los trenes. Entró en contacto con los ingenieros que estaban montando la electrificación y, se los llevó a casa a jugar con el tren eléctrico que él me había ido regalando. A mí me mandaron a casa de los abuelos por aquello de que iban a hacer consideraciones sobre si se podrían electrificar los "cambios" (Rico o Payá) para montar estaciones como es debido en el salón de mi casa. Llegaron a la conclusión de que los cambios "de juguete" estaban más "duros" que lo de "verdad". Así que me quedé con el accionamiento mecánico y, sin marmitas que me valieran de algo. Pero, cuando los descubrí jugando, me enfadé. El tren era "mío"
Publicado en ferroviarios en Noviembre 18
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