En el fondo, lo que voy a contar no tiene que ver con Tetuán, es decir, podría haber pasado en cualquier sitio, pero pasó allí y ahí recibió un sentido especial.
Vivíamos en un bloque alto -7 pisos- que está en el "control", enfrente de la gasolinera. Teníamos enfrente del 'salón' el Dersa con todo su esplendor y, en el resto de las ventanas las gargantas del Gorges.
Una muy amiga nuestra dijo de venir a visitarnos con un chico, noruego, joven, que -dijo- nos iba a caer muy bien.
Se presentó con un -según me dijeron las mujeres- un auténtico David, de Bernini o Miguel Angel, que tanto daba. Es decir, un chico guapo a rabiar -también me lo dijeron la mujeres-. Y, tratamos de enseñarle todo lo que conocíamos de nuestros paseos por todos lados.
Resultó divertidísimo. Todas las tardes, después de clase, nos citábamos en la Plaza de España, o en algún lugar de Trankat o Kharrazin. Pues bien, yendo por las calles, por la Guersa o alrededores, íbamos levantando multitudes. En algún momento el chico dijo haberse sentido tocado al cruzarse con gente. O sea, un pequeño espectáculo lúdico.
Pues bien, en cualquier sobremesa, en casa, empezamos a hablar de nuestros concidos Noruegos. Resultó que habían venido a estudiar a Granada una pandilla de gente de Oslo o de Bergen con la que entablamos amistad. Y, al ir desgranando detalles vemos que nuestro huésped se queda con la cara asombrada. Dice "¡estáis hablando de is primos"!. Empezamos a cotejar datos y resultaba cierto. Conocimos a sus primos allá por el año 1969 o por ahí.
Se quedó emocionado y nosotros, mi mujer y yo, que participamos de la misma agradable sensación, encantados. Nos parece maravilloso que el mundo sea pequeño.
Pero no para ahí. Estamos tomando café y, entusiasmados con lo pequeño que es el mundo le señalo a mi noruego que, en la tele española están poniendo unas imágenes de Oslo. De pronto, salta en la silla y dice ¡mi madre!. Expresión que, inmediatamente creímos que era una admiración, pura y simple. Pero no. Es que estaba señalando la pantalla y diciendo, esa que anda por ahí, al lado del Ayuntamiento, ¡es mi madre!....
Y se echó a llorar emocionado. Nosotros, estábamos también con las lágrimas saltadas. El mundo es pequeño, gracias a Dios.
Y, en la ventana impertérrito, el magnífico Dersa.
No podía haber sido en otro sitio mejor.
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