El 11 de Marzo, Lourdes Sierra Perez, pidió que contáramos alguna aventura, anécdota o historiera que tuviera que ver con nuestro pasado común. El "Insti" de Atarfe.
Resulta que me quedé enganchado porque yo tenía que haber dicho algo, pero con esto de estar todo el día con Fina, y no con mi mujer, me tiene distraído.
Con todo, he recuperado el ánimo y aprovecho para tomar la cuestión.
No he contado a nadie el cómo llegué a "incorporarme" (se decía así en el tema laboral) al Instituto, entonces "Sección Delegada del Instituto Politécnico de Formación Profesional, de Granada.... en Atarfe".
A ver, hace demasiado tiempo (porque me gustaría que hubiera sido ayer) y no se me puede olvidar.
Los profes teníamos que ir al Centro en fecha de 4 ó 5 de setiembre del año en que nos hubieran dicho que tenía uno que "apuntarse" (si no, ni trabajabas, ni cobrabas, claro) y yo estaba encantado.
Atarfe era un pueblo conocido de viejo por mis andanzas estudiantiles en la Uniersidad de Granada y, aparte, mi familia política tenía una cantera con lo que era de sobras conocido.
Me puse un pantalón nuevo -o casi- una camisa que sí era nueva y, como estaba cerca, me subí a mi Mobylette de 49 cc., que era un caballo indestructible y me dirigí al pueblo.
Vivía en la calle Mesones, así que, Santa Teresa o Tablas hacia abajo, camino de ronda, Villarejo y carretera de Málaga.
Carretera de Cordoba y, al pasar un poco más allá de la "Venta del Grillo" (que era desde donde salía la desviación de Maracena) me encontré con que un perro empieza a correr a mi lado.
Reduzco velocidad porque era algo grande, es decir, me podía hacer caer... sigo, curvo un poco a la derecha, al lado de la Fábrica de Tabacos, y el perro parece haberse quedado atrás, y ya con confianza hacia mi destino profesional, acelero.
En eso que el perro echa a correr y se cruza, totalmente, delante de mi rueda delantera.
Yo ví -perfectamente- cómo el manillar de mi "moto" pasaba por debajo de mi.... hasta que llegué al suelo.
Un derrapaje monumental, resbalé unos cuantos metros y me encontré tendido en el suelo.
Llegaron unos cuantos conductores y usuarios de vehículos que pasaron por allí.
Pero, en lugar de quejarme, hice la suprema inteligencia de decir que ¡no me tocaran!. Yo creía saber que dominaba el dolor lo suficiente como para recuperar el control de mis piernas, brazos y demás.
Efectivamente, 1,5 segundos después, no sólo recuperé el control de mi cuerpo, sino que .... no quedaba nadie a mi alrededor.
Me pareció sorprendente la reacción de la gente. Nadie. La moto, en el suelo, el perro, váyase a saber dónde estaba... Y, entonces, me dirigí al colegio que hay al lado y, entrando en la administración le pedí a uno de los empleados que me dijera dónde estaba el sericio y, por favor, si tenía algo de "mercromina", (que es como el Betadine, pero ás antiguo).
Me lavé lo que pude, me embadurné de rojo las heridas más escandalosas y, en ese momento descubri que tenia trozos de pantalón inexistentes y, también, algún trozo de camisa.
Pero, yo tenía que ir a Atarfe y pensé. Si dejo el camino, vuelvo a casa, llamo al Centro y les digo lo que ha pasado y vuelvo mañana, que era lo "normal", puedo cogerle miedo a la moto y, realmente, no ha sido ella la que ma ha tirado, sino el perro.
Así, que como siempre he tenido poco escrúpulo con mi aspecto, decidí irme al Insti, presentar los papeles, "tomar posesión" y, después, volver a casa.
Y así lo hice. Fui al Insti, firmé los papeles, conté el suceso y, al cabo de un par de cervezas de final de mañana, con trozos de cuerpo de color rojo al aire, volví a casa.
Al cabo de un tiempo, cuando ya teníamos confianza personal entre los compañeros que íbamos a formar el equipo de profesores, me contaban que les había caído mal, que ¿cómo se me había ocurrido ir a tomar posesión tan marrano y con la ropa rota?....

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