SONETO A UN REMOLQUE
Érase un hombre a un remolque pegado,,
érase un remolque medio vivo.
érase un peje espada mal barbado;
era un reloj de sol mal tostado
érase un elefante boca arriba,
érase un remolque sayón y acojonado.
Érase el espolón de una
galera,
érase una pirámide de
Egipto,
los doce tribus de narices
era;
érase un coñazo infinito
latazo, archi pesado y sin acabado,
érase un remolque medio vivo.
érase un peje espada mal barbado;
era un reloj de sol mal tostado
érase un elefante boca arriba,
érase un remolque sayón y acojonado.
Érase el espolón de una
galera,
érase una pirámide de
Egipto,
los doce tribus de narices
era;
érase un coñazo infinito
latazo, archi pesado y sin acabado,
sabañón garrafal, morado y frito.
Y, ahí está.
Y ahí sigue, y seguirá si alguien lo remedia.
Ayer, después de haberme pasado un buen rato arreglando el descuadre de la puerta trasera, en el que, con angulares reforcé los flancos, soldé una traversal a ambos, arreglé bisagras, comprobé cierre y seguridad del mismo...
Lo cargué, con piedras abujardadas que tendrán que formar suelo alguna vez.
No sé cuantas, ¿20, 30?. Pueden ser.
Les añadí las muelas de fresar piedra.... y anduve al almacén marmolero de Cullar.
Pero, como no estaban los dueños, quedé en llevarlas en otra ocasión.
Más, como estaban cargadas y eso era un latazo, se me ocurrió llevarlas a que le cortaran los trozos rotos y dejarlas en formas rectangulares. A Alhendín, como siempre.
Voy despacio. Pesa bastante y tengo una rueda algo floja.
Echo por la ruta que va desde Las Gabias a la carretera de Motril. Voy despacio y oigo un ruido en la rueda, lo atribuyo a un roce pequeño con el cojinete y disminuyo la velocidad, pero, no es suficiente. Lo demuestra la experiencia.
Por el retrovisor vigilo la rueda sospechosa. Súbitamente, la rueda desaparece de su sitio y el buje, al suelo. Me voy hacia el arcén dejando una huella en el asfalto.
Me bajo a buscar la rueda, al lado de un olivo de enfrente y, de los tornillos, ni hablar.
Llamo a Alicia, Aviso de conflicto y digo que pase por casa del vecino a recoger tornillos de rueda... digo yo que ya barruntaba que acabaría arreglando el percal.
Pero, ¿qué hago?. Pues... no parar, abro el coche y empiezo a meter losas en el maletero. Poco a poco. Pesan y algunas, son grandes, entran justas.
Un olivarero que está regando sus predios se acerca y de forma admirable ni lo piensa. Se pone a pasarme losas y, entre los dos, vamos llenando el coche.
Una voz, extraña a nosotros me pregunta "¿Qué ha pasado?". Me vuelvo. Está pintado de verde, entero, pero tiene una cara franca y no hace ningún aspaviento extraño. Él, dice, que se ha escapado la rueda. Hay otro señor, también vestido de verde que, desde el otro lado de la carretera pregunta por la rueda. Les digo que está en el coche. Son "la guardia civil".
Se incorporan a la función. Todo en ambiente muy normal, colaboradores y como, además, hemos continuado la función bajando al suelo, al olivar, vaya, las piedras que no cabían en el maletero, dicen de poner la rueda.
A esto, había llegado Alicia, con los tornillos. Yo había puesto la luz de emergencia que, nunca, me había parecido tan ridícula. Uno de los civiles insiste en que busque un chaleco amarillo y me lo ponga. Lo saco del Peugeot. Me lo pongo.
Llega otra dotación de los civiles, un agente y una agenta. Cordiales, que también dicen de levantar a peso el remolque -lleno todavía de las fresas y que pesan un montón-. Pues eso, lo levantan, yo pongo los tornillos -3-, el 4º está lleno de... tornillo segado. ¿Y la llave?.. No hay llave de ruedas en el coche. Pero, no hay problema porque ninguno de los dos coches de la G.Civil tienen.. ¡ah!, sí, una 21, pero hace falta una 19.
Mal usando el cazo de la llave se llega a un cierto nivel de apriete. A todo esto, el campesino ha desaparecido y aparece entre los olivos con una llave de cruz. Que para eso están las aceitunas. Esa sí tiene la 19 y apretamos -en lo que se puede- los tornillos, los tres tornillos.
Muy profesionales, los civiles vigilan la concordancia del coche, mi nombre y quedo como "auxiliado por la G. Civil". y yo, encantado.
Con el coche lleno y el remolque vacío tiro para el taller. Alicia se ha ido un pelín antes.
Dejamos allí las ruedas y nos vamos para casa. Despacio para que no se vuelva a repetir el número. Llegamos.
Y, claro, como esto es una aventura normal, cambiamos el coche y nos vamos a hacer tareas de recoger alfombras, encargar cemento, y etc. eetc....
O sea, la aventura es la aventura de mi remolque pegado a....

No hay comentarios:
Publicar un comentario