Estábamos en México D.F., en verano del 1982. Alicia -Sra, ¡vive dios!-, Rafa-lillo, filio y yo. Vivíamos en casa de mis cuñados que estaban de periodistas en Televisa o en algún medio de esos que son importantes. Bueno, pues, resulta que en ese año se estaban afinando relaciones históricas entre el nuevo régimen hispano y las herencias históricas recientes: No sé qué rango de Estado le concede una medalla -tampoco sé de qué rango- a Dª Lola, Sra. de D. Manuel Azaña.
Como estamos en continuo contacto con la familia Rivas, nuera y nietos de D. Cipriano, estamos más que invitados a la recepción en la embajada y allá que vamos. Acto protocolario, mucha tele. Mundo chico porque me encuentro con subsecretarios de Estado con los que estuvimos en las reuniones de los PNN un par de años antes. En fin, y contra mis expectativas, aquello está molón.
Pero los expatriados hispanos son unos cabritillos. Saben que en la Embajada dan unos canapés magníficos, pero poca cerveza. Así que se pasan de piso a piso tratando de captar al líquido no elemento pero que da tantas satisfacciones.
Granujas. Se van todos y.… me dejan a Dª Lola, Los dos solos en un magnífico salón. La señora, que es una señora, de romper y rasga, eso sí, elegante y lenta al hablar me trata de sacar temas sobre mi posible conocimiento de la República y de su marido. Bueno, me voy adaptando porque si bien había leído algo de sus memorias, ella, no parece ir por ahí sino que me ha atribuido carácter universitario y me insta a que averigüe si podría reivindicarse a D. Manuel como filólogo.
Ahí, patino del todo. Ni puta idea. Pero, vamos, ni ná ni ná. Eso, sí, también por mi parte genio y figura, hablo de lo que conozco -poquísimo- del Ministerio de Educación y.… echo balones fuera.
Nos recupera el "staff" de alto nivel y me encuentro en un corrillo grande con la Becerril, y su séquito y Dª Lola. Curioso porque es un círculo amplio en el que alguien habla y el resto escuchamos. Está, también un hermano de Javier Ruipérez -diplomático- que es el que, en un momento, lleva la voz cantante.
Sale el tema "Andalucía" y este señor pide perdón porque le da vergüenza reconocer que no conoce nada, casi nada, casi nada, de Andalucía. y dice ·"sólo he ido a un pueblo que, al parecer, es de los pequeños y que nadie, nadie, conoce: Begijar". Y, claro, ahí me toca a mí.
Digo. tímidamente -estoy rodeado de promujeres y prohombres de estado y de historia- "mi madre es de allí". Todo el mundo toma interés en el tema de que un señor, relativamente importante, no conoce más que eso y eso es muy importante para mí.
Total, pequeña ponencia sobre Begijar... y no les hablé de la piscina de la Bullidera ni de Paco el Moro, pero poco me faltó para hacerlo.
O sea, que Begijar Begijar está en México, D.F., con un montón de gente importante alrededor.
¡Qué bien!
¡Ah!, se me olvidaba la contrapartida.
Un tiempo después, ya estando en Begijar, le conté esto al tío Bernardino y le pareció interesantísimo. Claro, chismorreo popular-político...Decía ¿y quién dices que es ese?. "Tengo que averiguar a qué y con quién ha venido"... y se fue a la calle.
Volvió, no sé si esa tarde, tarde o al día siguiente y, nada, curriculum al canto. "Vino a la cacería de ... y estuvo con... "... Total, el Gran hermano Begijense funcionaba. ¡vaya que sí funcionaba!
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