martes, 27 de octubre de 2015

Cagar el tio

Han pasado varias navidades. Ana tiene 8 años y ha vuelto de pasar las vacaciones con sus abuelos, en Granada.
Como es normal, ha habido regalos, de un tipo o de otro y, en un determinado día, los que entregó la "cagada del tió". O sea, "cagar el tió".
Lógicamente estaba la tía Pili Martín delante y el espectáculo de darle de comer al tronco y, después pegarle para que soltara la cagada, ha salido perfecto. 
A Anita le ha resultado especialmente atractivo el tema. Ha disfrutado. Ha chillado de satisfacción con sus regalos y estuvo feliz.
A la vuelta a Haachen, ya en pleno período de clases, Anita habla con sus amigas.
Las hay de varias confesiones religiosas, sociales y económicas. Algunas hablan de lo que les han traido los Reyes Magos, otras Papa Nöel, otras el árbol de navidad... y, poco a poco, van intuyendo -no hay ninguna tonta- que tanta multiplicidad de "regaladores" no es normal, que tiene que haber algún elemento común: "Los padres", dice la católica.
Las demás callan, están a punto de enfrentarse a un dilema absolutamente vital: descubrir verdades aunque sean, en parte, decepcionantes.
Ana ha observado el diálogo, ha participado, pero, revisa su memoria de navidades anteriores, ve lógica la conclusión, pero.... dice:
"Pues en casa de mis abuelos sí que hay unos regalos mágicos de verdad, los trae un tronco, los caga.... y eso, no pueden hacerlo los padres".


Cambiar a Ana por Alicilla. 

Alicia estuvo dispuesta a partirse el pecho con Alba y algunas amigas del cole. Lo de "cagar el tio" ¡¡¡¡ERA VERDAD!!!!!.

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