domingo, 4 de marzo de 2018

En francés

En compartir una alegría que he tenido esta tarde.
Voy a Armilla, aparco y tomo el "metro" (que es un decir). En la estación hay un señor que me pide ayuda para sacar el billete. Vamos a la máquina y acabamos -los dos- hurgando ¡en nuestros respectivos monederos!, buscando monedillas para pagar el 1,65 que cuesta su billete. A todo esto -y desde un principio- hablando en francés. 
Subimos al vagón, nos sentamos y continuamos. Me dice que es de un pueblo del centro de Senegal (el señor, no era rubio, ni mucho menos). Hablamos de que se dedicó al comercio y que aquí -en Málaga y Granada-, no encuentra sitio para ejercer su antigua actividad y que está haciendo de todo un poco.
Nos reímos con las acepciones que conocemos de palabras en árabe en su tierra, con las que yo sé del norte de Marruecos.
Nos reímos con los acentos y las limitaciones que -los dos, decimos-, tenemos con el inglés.
Le pregunto respecto a los años que lleva en España y me dice que cinco. Vamos ya cerca del destino al que me dijo que iba.
En un momento me pregunta sobre cuántos años llevo -yo- en España. Le digo que 68 y jugamos a ver cómo se dice en árabe según su versión y la mía.
Al cabo de un momento me dice, "pero ¿usted es español?"
Le digo que sí y me dice con una sonrisa de oreja a oreja..."y, ¿por qué no hemos hablado en español?".
Se me ocurre contestarle (en francés): "porque soy un poco especial, si puedo hacer las cosas complicadas, ¿por qué voy a hacerlas sencillas?".
Da una carcajada y se baja en el "nuevo estadio de los cármenes".
Me quedé encantado del momento, del rato y de lo que habíamos pasado.

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