martes, 26 de mayo de 2020

las plumas en la mejilla

Nuestra primera casa en Tetuán fue un sexto piso en "la ciudad de los periodistas", en la Avenida Mohamed V, pero por debajo de la Avenida Mauritania. Teníamos en plena ventana una magnífica vista del Gorges y me tenía que controlar para no estar todo el día mirándolo o haciéndole fotos. Soberbio.

Mi hija tenía 8 ó 10 meses en esos momentos. La poníamos en el taca-taca, ese dispositivo para que los chiquillos den sus primeros pasos y, como no teníamos muchos muebles, todo el salón para ella sola, o casi. Por encima de su cabecita, el Gorges, debajo, mi pequeña maravilla. 

Pero estábamos preocupados, hacia cosas raras. Se quedaba parada, con un dedo en el aire y lo movía muy despacio. No teníamos ni idea de por qué ni para qué....hasta que, a fuerza de observación descubrimos un extraño fenómeno. 

Las moscas volaban despacio y ¡se hacía cosquillas en el dedo con las moscas!. Asombroso!. Bueno, pues ya teníamos tres espectáculos, el Gorges, mi niña y su dedo con las moscas.

Unos meses más tarde, cambio de casa, al edificio del control, en un sexto piso también, y ahí no había moscas y la vista era hacia el Dersa. Pues, en un piso más formal, pusimos cortinas y, por esas cosas que sólo pasan en Tetuán, un amigo de amigos de amigos, nos propuso que incluyéramos en el tul (o como se llame) de las cortinas unas plumas de cola de gallina, tintadas. Y las pusimos. 

Aquello era original. Teníamos unas cortinas emplumadas -como los mexicanos con sus serpientes, según dicen- pero, nuevas sorpresas. 

Las plumas empiezan a desaparecer. Poco a poco, hay menos plumas y estamos sorprendidos. Hasta que comprobamos que las desapariciones van en una franja de altura que coincide, justamente, con la que puede marcar mi hija, desde su taca-taca para arrancarlas.... y hacerse cosquillas.

Y, la última. La mejor. Sería despues de Navidad o por ahí. La "enana" tiene ya año y poco, muy poco, pero anda bien.

Una tarde, en la Medina, atravesamos la Guersa, camino de Mcabar. La llevo cogida de la mano, andando muy tranquilamente y la chiquilla va mirando a todos lados, señalando sin parar a todo cuanto se mueve o está quieto.

En cuanto enfoco hacia Kharrazin, sin poder evitarlo la chiquilla se ha agachado, ¡ha cogido por el cuello un gatito pequeño y, sin vacilar, se lo ha llevado a la cara para hacerse cosquillas con sus bigotes!. 

Se forma una pequeña revolución. Dos artesanos que están cada uno con su puestecillo, se han tirado materialmente a quitarle el gato. Yo, también me he agachado para evitar el posible desastre de un ojo fuera de su sitio. Nos encontramos los tres tirados en el suelo, con todas las manos encima del pobre gato que no tiene culpa de nada.

Reimos de buena gana. ¡Vaya aventura extraña!. 

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