En la Asamblea de 1967 de las antiguas "congregaciones marianas", en su ámbito universitario, normalmente llamadas "Los Luises", por estar centrado su patronazgo en San Luis Gonzaga, celebramos en Granada, en el Colegio Mayor que la Compañia de Jesus tenía en sus terrenos de "La Cartuja".
El tema 'caliente', que se añadió al temático de “La fe y sus implicaciones”, nos ratificamos en la necesidad de acometer el "compromiso cristiano".
Se suponía que no sólo habría que 'estar' presente en cuantas actuaciones se presentaran en nuestro ámbito que pudieran construir una sociedad más justa y equilibrada. También, convinimos en confeccionar un "Juicio Ético" político y social sobre la situación española. Éste se elaboró y se publicó en mayo del año siguiente. El respeto a las libertades fundamentales, el reparto de la riqueza y la calidad de la enseñanza constituyeron los ejes esenciales de aquel documento.
El acercamiento al mundo laboral, a la problemática obrera de nuestro entorno se plasmó con los contactos que en principio eran más fáciles para nosotros. Militantes de movimientos cercanos a la Iglesia, eran convocados para que nos instruyeran en su problemática.
La vivencia de que habíamos encontrado una actividad -lucha, le llamábamos- concreta bajo la que encaminar nuestro sueño de "construir el mundo", nos llenaba de satisfacción. Daba mucho sentido a nuestra vida y comenzábamos a pensar cómo, cuando acabáramos la carrera, enfocaríamos nuestra actividad en concordancia con lo que íbamos planteando y descubriendo día a día.
El ambiente en la "Asamblea Fecun", como la llamábamos, era de una gran calidad, humana y ambiental. Habían venido gentes de todo el país y comprobábamos con enorme satisfacción la concordancia de sensaciones, ilusiones y esperanzas. Todos estábamos en la misma "línea".
Pero hubo algunos momentos especiales. Empezábamos a necesitar líderes que, por pertenecer al mundo obrero, y de alguna manera tuvieran lazos comunes con los valores que vivíamos y elaborábamos, nos tendrían que decir el cómo, a ser posible el cuándo, teníamos que asomarnos a su mundo, necesidades y aspiraciones.
Llegó uno de estos. Un señor que traslucía aplomo -lo que a mí siempre me hizo falta-, seguridad en lo que decía, magnífica dicción y sistemática al explicarse.
Hablábamos antes de su charla en alguno de los pasillos que antecedían al salón de actos y, al final, subió al estrado.
Sucedió algo extraño: Se "fue" la luz. Todos sentados en nuestras butacas y el ponente en el atril del escenario. Pero no hubo problema. Alguien comentó que lo habría hecho la policía y, como ya empezábamos a intuir el mundo de represiones al que nos íbamos a empezar a enfrentar, se trataba de vivir el momento con la mayor tranquilidad posible.
Se le subió al estrado una o dos velas de esas anchas que suele haber en las capillas para indicar la presencia del "Santísimo" y continuó por donde iba.
Esa oscuridad resultaba familiar, en parte, a los que habíamos ido a Ejercicios Espirituales en "casas de retiro" con alguno de los jesuitas, nos recordó a esa forma de escenario en el que se nos hablaba de la vida eterna, del encuentro con Dios o algún detalle místico que ahora mismo no recuerdo.
Pero aquello le dio a la charla un aura especial. Estábamos hablando ya no de Espíritus ni Cielos, sino de realidades personales y ambientales que correspondían a nuestro entorno. Se habló de sindicatos y de salarios, de condiciones de trabajo y relaciones laborales....bajo la sospecha de que estábamos ahí, concretamente, vigilados no por el diablo, sino por la policía.
No era la oscuridad, que también pudo incidir psicológicamente. Era el mensaje y la convocatoria que nos hacía el ponente. Yo creo que, si bien tenía experiencias de haber sido conmovido ante charlas trascendentales bien expuestas en algunos de los Ejercicios citados, esta vez la conmoción era distinta. Daba sentido concreto a la vida. Daba explicaciones a qué tenía que orientar y más que cómo -que no podía saberlo- hacerlo, algunas pistas de por dónde buscar.
En fin, cambio a algo más concreto que lo que hubiera tenido hasta entonces. Si a eso le añado otras sensaciones personales, creo poder decir que de esa Asamblea salió un diseño de vida.
Ahora, 53 años más tarde, puedo estimar qué de lo que he sido correspondió a aquello y puedo decir que aunque con grandes, enormes, fallos, globalmente la evaluación puede ser satisfactoria.
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