martes, 25 de agosto de 2015

Los remolques de la casa

Yo quiero un remolque.
Desde pequeño siempre he querido tener un remolque.
Aparte de que me gustaran los coches, o camiones, de juguete, uno de los que más me gustaron fue una especie de "camión-tractor" que tenía varios "trailers" (el tío Jose MªDidelco, lo decía así).
Era como el de la imagen. Había, también,  un remolque-cuba y, sobre todo, uno con teleras para llevar troncos.
Este lo tuve en la sierra, donde le llegué a hacer carreteras con arena ¡y cal!, porque decían que así se hacían las casas..
En fin, que me quedé enganchado... con los
remolques.
Mi sorpresa genética fue cuando descubrí que a Rafalillo le gustaban los remolques. A su primer triciclo le hice un remolque de madera -creo que aún conservo sus ruedas- con el que íbamos por la calle Mesones a toda pastilla. Insistía en que dejaran la compra en el descansillo de la casa de la calle Mesones y él, a base de viajes -y paciencia nuestra- lo llevaba a la cocina. Después, en Marruecos, la colección de camiones con cabeza tipo americano, de la marca Majorette, fueron su -nuestro- principal juguete. Hasta discutimos aún sobre cual fue el camión -con remolque- que se dejó -nos dejamos- en casa de los Seida, en Smara.
Se me iba a olvidar que, cuando nación Rafalillo, Alicia -y Fefe-, me compraron un Kenworth -siempre presumí que era el modelo que tenía 12 cilindros- dirigido por radio.
Ahí aprendí a conducir marcha atrás. Tanto que, cuando compramos una caravana, los de la tienda me la dejaron en un sitio complicado para sacarla.... marcha atrás. Yo, con el 127 de la Uge, al que le pusimos una bola, conseguí sacarla para sorpresa de los Cardona, que así se llamaba el establecimiento de caravanas de la Calle del Ángel, en Granada.
Bueno, pues después del Kenworth, la Caravana Catusa, los juguetes de Rafalillo ( se me iba a olvidar la colección de TENTE) y demás... volvemos de Marruecos, empezamos a hacernos la casa.... y hay un asunto más que obvio. ¡Nos hace falta un remolque!. (El Nissan tenía su bola desde tiempos de la caravana).
Atiendo al mercado y, con mi pacatería económica tradicional, todos los remolques me parecen supersupersupercarísimos, así que ¡hay que hacer un remolque!.
Aparezco en Atarfe, en el desguace de mi amigo Eusebio. Allí había una furgoneta Mercedes de aquellas chatas, redondas, herederas históricas de la DKW del tío JoseMari.
Le dije a Eusebio que la cortara justo por detrás de la puerta trasera y que, en el chasis, soldara un tubo, creo que de 4 x 4 cm donde iba a poner un enganche de tipo caravana.
Así se hizo y aquí empiezan las aventuras.
Salí de la "chatarra" con aquello colgado atrás del Nissan, a través de carriles de la vega me voy acercando a la trocha donde se estaba haciendo la "circunvalación".
Voy en una mañana de, si no es verano, se le parece, marchando con cuidado tirando de aquel engendro.
Llego al Genil, donde habían hecho un "vado". Bajo bien y, en la subida, los puntos de soldadura se sueltan y veo desaparecer de los retrovisores el armatoste que llevo atrás. Freno, marcha atrás y, ¡oh! desgracia, el caparazón aquel ha caído justo en el borde de la trocha, lindando con una acequia.
Los conductores de las "bañeras" que ven mi apuro me gritan con toda la mala follá que pueden... "¡déjala en la acequia!¡es su sitio!"....
Volví a casa  bañado en sudor y decidido a ir a rescatarla. Comí a toda prisa y, después, rogando a todos los dioses que la policía no se hubiera hecho cargo de aquel desaguisado, llegué armado con un berbiquí de mano que, por cierto, no daba vueltas completas,y un puñado de tornillos.
A las cuatro de la tarde, en la mala sombra que daba el caparazón, acometí la tarea. Al cabo de cien años, según mis sensaciones, había abierto un sólo agujero. Puse el tornillo. Acometí el segundo y ahí me dió la desazón y el ánimo del desesperado.... "si conduzco con muchísimo cuidado, es posible que con un solo tornillo, aguante...."
Y eso hice, arranqué a un cuarto de embrague, anduve en primera corta hasta lo alto de la circunvalación. Fuí despacio despacio despacio hasta los herreros de Ogíjares que era el objetivo del caparazón.
Cuando llegué, respiré. Primer objetivo cubierto.
Quedo con ellos en llevarles al día siguiente la oxiacetlénica de la cantera. Fui a por ella, se la dejé y, a la noche, me llamaron. "Rafa, esto no corta. Hay doble chapa y, ya sabes, el dardo corta en tanto que haya una sola chapa....".
Cierto. Llego al dia siguiente y decido cortar la carcasa.... a hachazos. Me buscan una y, empecé.
Como la primera línea de hachazos iba sorprendentemente derecha, me obligué a seguirla así hasta el final.
Cuando acabé, estaba más cansado por el esfuerzo de no perder la imagen, que por los hachazos en sí.
El padre de la saga Illescas tomó aquella obra como si fuera un joyero. Le hizo una caja, volquete, con un cerrojo en el enganche... en fin, una verdadera maravilla.
¡Qué tiempos aquellos!. Le puse sistema eléctrico gracias a, creo recordar, Jorge, el electricista del automóvil de Las Gabias. Yo pensaba que, con aquellos dispositivos no se iba a notar, casi, la ausencia de sus papeles.... en fin, se trataba de, yendo por carriles y poco por asfalto, nunca me los pedirían, como así fue en definitiva.
Con aquel remolque hice las paratas, todas, transportes, a Atafe y desde Atarfe, de la hormigonera y de sacos inmensos de arenas o cemento, o escombro.....
Hasta que se pudrió, así, como suena. Un día, volviendo a casa, ví que se caía algo y sonó a chapa o parecido. Me pareció importante. Miré debajo del remolque y.... faltaba un trozo de plataforma. La verdad es que no lo había pintado más y se quedó tal y como salió de fábrica.
Lo bajé a la plaza de abajo, delante del taller. Lo puse de pie sobre la poterna trasera y, con la radial, le corté todo el podrido.
Me quedé con un remolque más estrecho, más o menos feo -nunca lo supe-, pero más pesado porque, cuando había dudas soldaba un trozo de chapa de "telar".
Así siguió funcionando hasta no hace mucho. Un día, con la enésima obra de casa, fui a Brico-Depot y encontré con un remolque magullado, sin pilotos y con algún arañazo, que vendían a mitad de precio.
Fui y lo compré.
Y, ahí está. Sirviendo para mudanzas, idas a Ceuta con las "exportaciones" tetuaníes, "quedadas" en la carretera -con el Megane-, paseos para ocupar y/o desocupar la casa de Atarfe, viajes a la cantera a por chino, piedras, losas, .....
Lo que es verdad que no lo vamos a disfrutar como el anterior. Se me había olvidado que, uno de los mayores encantos del mismo, con hijos, sobrinos y amigos, era cuando se subía un pandillón de enanos en él y nos íbamos al "hito geodésico" de los campos de detrás de casa.... lo llenábamos de bicicletas y dábamos paseos por los eriales del "secano" de gabia... y... tantas anécdotas así.....

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