viernes, 11 de enero de 2019

La oveja perdida

Acabo de terminar -es un decir, claro- un día normal de un jubilado como yo. He estado en Córdoba (ayer, en Linares) durante todo el día arreglando asuntos familiares. He llegado a Granada, perdón, a Las Gabias, ya caída la noche, con el coche cargado y un gran bulto en la "baca". He llamado a mi vecino, estudiante, al que de vez en cuando echo una mano en matemáticas, para que me ayudara a descargar el vehículo.


Me ha dicho que estaba en mitad del "secano", en la oscuridad, en un almendral, al lado de las placas fotovoltaicas, que había encontrado un corderillo recién nacido y que no estaba por dejarlo tirado en mitad del campo.
He dejado el coche cargado en casa, he cogido el todo terreno y, a oscuras, claro, y con una rueda medio inflar me he ido a buscarlo.

Los almendros, en medio de las placas solares.

Lo llamo por el móvil y me dice: "He visto tus faros, estás muy arriba, tira más abajo, por el carril de mitad de la zona de las placas solares". 

Y allá que voy. Como estamos a oscuras pienso que el resplandor de su móvil me resultará orientador pero, de pronto, me veo rodeado de montones de resplandores o resplandorcillos.

Lo llamo, se lo digo, y me contesta que no me fíe, que cada placa solar tiene unas luces en su base y parecen las luces de los móviles.

¡Socorro!, Estoy perdido. Lo llamo otra vez, digo que haga oscilar su luz y me dice que ya me ha visto, que si no lo veo a él es porque una loma -la de los almendros- me impide verlo. 

Meto el coche entre los almendros y, efectivamente, veo una luz que alumbra unas figuras medianas que corren delante de ella. Delante, una ovejilla y su madre. Mi vecino gritaba -estaba lejos- que la madre había encontrado a la ovejilla. 

Yo, dispuesto a meterlas a las dos en el coche y traerlas a su casa, detengo el coche, lo dejo arrancado y con las luces largas puestas, la luz interior también a ver si aclaro el panorama.

El grupo de animales y estudiante pasa corriendo delante de mi. Me sumo a la persecución y corremos a por ellas. 

En un momento determinado Dani llega a agarrar a la pequeñita. En eso, la madre oveja -muy profesional- ha intentado topar fuertemente al vecino. 

Ha soltado a la pequeña. Hemos corrido otra vez a por ellas.

De pronto, se me han conectado las neuronas y he dicho: "Dani", no te preocupes, has cumplido ampliamente tu deber de proteger a la pequeña, vámonos para casa". 


Hemos llegado a casa, descargado el coche. Él ha cogido su bici y se ha ido a la suya.


Yo me he sentado a tomar una cerveza, y escribir esto. 


Mañana, más.

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